Hace dos años.
Los años treinta no tenían ninguna comparación con los tiempos agónicos de la gran depresión. La escalada sin parangón de la corrupción política no era nada comparada con la policial y de la fiscalía de Nueva York. Las calles se habían llenado de gangsters, traficantes, putas y asesinos sin escrúpulos. Todo ello era permitido por el innombrable y poco honroso fiscal del distrito, Frank St.Claire.
St.Claire, era un joven chupatintas de tres al cuarto del bajo Brooklyn recien licenciado, que para salvar su grasiento trasero, aceptó asesinar a su antecesor y mentor, el muy honorable John Maxwell, siguiendo las ordenes de Giamatti.
Sam Giamatti, es el consigliere del clan mafioso de los Antonelli, una "famiglia" de italoamericanos que en los últimos tres años ha tomado el control del East End.
St.Claire quería ganarse el respeto de su superior y no se le ocurrió nada mas inteligente que dirigirse sin escolta al restaurante Gyno's, la máxima expresión del hervidero del corazón del territorio de los Antonelli, después de tomarse varias rondas de whisky barato.
El muy imbécil creía que solo su placa de ayudante del distrito le serviría. Le dieron la paliza de su vida, que le llevo a estar hospitalizado más de un mes.
Pasadas unas semanas, cuando ya estaba en casa al dejar el hospital, Giamatti le envió a su casa a Jimmy Bonasera para hacerle una visita. Jimmy solo tuvo que amenazarle en partirle sus piernas con un bate de beisbol de roble, para que accediera a asesinar a Maxwell.
El plan era sencillo. St.Claire llamaría por teléfono al fiscal, con la excusa de contarle lo que había descubierto en su incursión fallida en Gyno's. Maxwell deberia ir a su casa solo y sin que nadie supiera que iba allí, por seguridad y evitar posibles soplos de algún policía corrupto. Seguidamente, Bonasera y alguno mas de sus matones simularían un asalto y St.Claire debía ocuparse de finiquitar definitivamente a Maxwell.
El fiscal estuvo reticente a sus exigencias al principio, pero accedió.
Se citaron a media tarde. St.Claire preparó café y unas galletitas de canela. Puntual como era su costumbre, Maxwell llegó al Riverside a la hora convenida. Los matones ya hacia unas horas que esperaban tranquilamente en el jardín de la parte trasera de la casa de St.Claire, fumando, bebiendo de sus petacas, mientras jugueteaban con sus rifles y revólveres como meros chiquillos haciendo de indios y vaqueros.
Maxwell aparcó su viejo Buick enfrente la valla. Llamó al timbre de la puerta y St.Claire entre abrió su puerta asustadizo y lo hizo pasar al interior.
En la radio sonaba el ultimo éxito de Duke Ellington.
St.Claire le ofreció el café y las galletitas de canela. Maxwell dejó su sombrero encima de la mesilla y sacó su bolígrafo y bloc de notas. Entonces St.Claire empezó a explicarle toda clase de patrañas sinsentido. Cada una era mas exagerada y enrevesada que la anterior. Maxwell, dejó de anotar en su libreta. Miró a los ojos de St.Claire y lo supo en ese instante. -El fiscal era un perro viejo.
- Jodido bastardo! Me has vendido a la mafia, hijo de puta!
St.Claire se sorprendió y sobrexaltado derramó su taza de café sobre la mesilla. Se levantó violentamente de su sillón y corrió hacia la puerta trasera.
- Bonasera! Bonasera!-grito con voz ahogada St.Claire.
La puerta trasera se abrió con un ruido ensordecedor. Se partieron en dos los pernos de la puerta. Entraron en tromba como un vendaval desvocado. Los disparos y ruido de cristales rotos despertaron a todos los perros del vecindario. Fue un espectaculo de fuego y plomo de violencia gratuita. St.Claire se quedó agazapazado en un rincón del comedor.
- Parad! Joder, parad! -exclamo- Este no era el plan, coño!
Maxwell que se había podido perapetar detrás del sillón, pudo alcanzar y dar muerte a tres de esos matones con disparos certeros. Bonasera, se escondió en un margen de una puerta y seguía disparando a ciegas al aire, mientras el matón que aun quedaba en pie seguía vaciando su Winchester.
St.Claire, vio en el suelo la Tommy que se le había caído a uno de ellos. Se apresuró a recogerla y empezó a vaciar el cargador contra el sillón con frenesí psicópata. Los ruidos de sirenas de la policía se oían cada vez mas cerca.
Maldito!-gruño Bonasera- Quieres ya darle el puto pasaporte de una vez!
St.Claire, se acercó lentamente y ligeramente curvando su espalda hacia el sillón. Maxwell apareció por un lateral y le apuntó con su Remington y pudo alcanzarle en la mejilla izquierda antes de exhalar su ultimo aliento.
- Traidor. Eres un maldito traidor...St.Claire.
Bonasera chasqueo los dedos y el matón que había sobrevivido y él huyeron por la puerta delantera. Se acercaron al Buick de Maxwell y lo puntearon rápidamente. Salieron quemando rueda de allí, y para cuando finalmente llegaron las primeras patrullas ya deberían haber cruzado el río.
St. Claire cogió un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y cogió el Remington de Maxwell y aprovecho para rematarlo con un tiro seco a su cabeza.
- Lo siento, John. No tenía otra opción-dijo entre sollozos
El maldito salió como un héroe del incidente. Se hizo un entierro por todo lo alto a John Maxwell. Y como no, Frank St.Claire se convirtió de facto en el nuevo fiscal del distrito.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada