A la madrugada del día siguiente, las autoridades volvieron a abrir los servicios de transporte. Cogimos el tren y nos dirigimos a nuestro camarote. Ni Savage ni Albright me dirigían la palabra. Albright se colocó un sombrero en su cara y se dispuso a dormir un rato. Al cabo de dos horas, decidí romper el hielo.
- Doc. Vio ayer a la Sombra?
- Si, lo vi.- dijo Savage sin mirarme.
- Yo también lo vi y hable con él, sabe. Me contó que cuando fuimos el otro día al almacén, les ayudó a ustedes. Es cierto eso?
Savage se reclinó en su asiento y me miró fijamente.
- Así es. Apareció de la nada y nos ayudó.- hizo una pausa y prosiguió- Que más le ha contado?
- Me dijo, que desde ese día nos está siguiendo. Creo, que a su manera, él quiere ayudarnos en nuestra misión.
- No lo creo Lamont. Esa Sombra, solo actúa en su propio beneficio, nada más que eso.- espetó ladeando ligeramente su cabeza arqueando ambas cejas al mirarme.- Durmamos un poco, que aún queda un largo trayecto hasta que lleguemos a nuestro destino.
LA SOMBRA DEL MURCIÉLAGO DE BRONCE (EN DESARROLLO)
dijous, 5 de març del 2015
Capitulo VII (primera parte)
Debido al atentado se prohibieron las salidas náuticas, aéreas y ferroviarias. Así que nuestra salida de Casablanca se demoraría unas horas. Por la radio, dijeron la cuenta oficial de fallecidos. Llegó a la cifra de treinta y dos; incluyendo la joven vida de la pequeña.
Mi maleta estaba tirada en la calle. Con el caos que se originó, nadie se había percatado de su presencia. Estaba un poco quemada por el exterior, pero su interior estaba en perfectas condiciones. La cogí y me fui al café de delante del hotel y, me dirigí al lavabo de caballeros. Me cambié de ropa. Me puse el mismo traje que llevaba el día anterior y guardé todos los complementos de mi traje negro.
Cuando salí, ya como Lamont Cranston, vi un grupo de policías que aún seguían tomando declaraciones. Me acerqué a ellos y les relaté que cuando salí fuera del hotel en medio de las llamas, vi un par de marroquíes de aspecto sospechoso que se dirigieron a toda prisa por los callejones.
Savage y Albright, que este había vuelto a cambiarse de traje civil, estaban ocupados ayudando a los infermeros en el traslado de heridos. Cuando me acerqué a ellos, tardaron en darse cuenta de mi presencia.
- Doc! Albrigth!- exclamé.
- Lamont! Donde demonios estaba?- preguntó con fiereza en su mirada Savage.
- Fui uno de los primeros en llegar a la calle. Estaba recostado en mi cama cuando oí la primera deflagración. Salí al pasillo y estaba toda cubierta en llamas. Volví a dentro y lancé mi maleta por la ventana.- proseguí- y ahora la estaba buscando y, la he encontrado a unos metros de allí.- dije señalando en dirección del calcinado y derruido hotel.
- Así que solo se salvó usted! No auxilió a nadie?- espetó Albright.
- Si que ayudé, pero antes tenía que ponerme a salvo yo, no creen?
Ambos se miraron y me devolvieron unas miradas llenas de odio y rabia que perforaron mi alma. Debía aceptarlas, ya que a sus ojos, debía seguir siendo Lamont y no la Sombra.
Media hora más tarde, la policía encontró los cuerpos de los dos marroquíes acólitos de Khan y el cuerpo de Blaine. No investigaron en demasía y todo lo atribuyeron a un ajuste de cuentas.
Mi maleta estaba tirada en la calle. Con el caos que se originó, nadie se había percatado de su presencia. Estaba un poco quemada por el exterior, pero su interior estaba en perfectas condiciones. La cogí y me fui al café de delante del hotel y, me dirigí al lavabo de caballeros. Me cambié de ropa. Me puse el mismo traje que llevaba el día anterior y guardé todos los complementos de mi traje negro.
Cuando salí, ya como Lamont Cranston, vi un grupo de policías que aún seguían tomando declaraciones. Me acerqué a ellos y les relaté que cuando salí fuera del hotel en medio de las llamas, vi un par de marroquíes de aspecto sospechoso que se dirigieron a toda prisa por los callejones.
Savage y Albright, que este había vuelto a cambiarse de traje civil, estaban ocupados ayudando a los infermeros en el traslado de heridos. Cuando me acerqué a ellos, tardaron en darse cuenta de mi presencia.
- Doc! Albrigth!- exclamé.
- Lamont! Donde demonios estaba?- preguntó con fiereza en su mirada Savage.
- Fui uno de los primeros en llegar a la calle. Estaba recostado en mi cama cuando oí la primera deflagración. Salí al pasillo y estaba toda cubierta en llamas. Volví a dentro y lancé mi maleta por la ventana.- proseguí- y ahora la estaba buscando y, la he encontrado a unos metros de allí.- dije señalando en dirección del calcinado y derruido hotel.
- Así que solo se salvó usted! No auxilió a nadie?- espetó Albright.
- Si que ayudé, pero antes tenía que ponerme a salvo yo, no creen?
Ambos se miraron y me devolvieron unas miradas llenas de odio y rabia que perforaron mi alma. Debía aceptarlas, ya que a sus ojos, debía seguir siendo Lamont y no la Sombra.
Media hora más tarde, la policía encontró los cuerpos de los dos marroquíes acólitos de Khan y el cuerpo de Blaine. No investigaron en demasía y todo lo atribuyeron a un ajuste de cuentas.
dimecres, 4 de març del 2015
Interludio V
Al llegar a mi escondite secreto al sur de Brooklyn, active el mecanismo oculto de control remoto de mi coche. La valla publicitaria se abrió y entré. Cuando llegué al centro de la cueva deteni el coche. Salí de él. Las luces automáticas ya se habían encendido. Abrí la puerta trasera y cogí el cuerpo de la joven. Me dirigí hasta la entrada trasera de mi escondite a través de la montaña que da acceso al edificio donde tenia el ascensor. Presione el botón y nos subió a la primera planta. El armario que oculta el ascensor se abrió y llegamos a mi piso.
El edificio lo heredé de mi familia y lo había reconstruido poco a poco y, con la ayuda económica del tribunal. La montaña tocaba con el edificio, así que hacer la ruta hasta mi escondite se pudo hacer sin problemas. El tribunal tiene muchos amigos y no dieron problemas de licencias y demás.
Dejé el cuerpo de Madame Tarántula en el sillón frente la chimenea. Era preciosa. Salvaje mente preciosa. Encendí la chimenea y me dirigí a mi habitación. Me quité mi traje y me puse un delicado vestido de americana y corbata. Me puse mis gafas oscuras y salí a la sala. Aún dormía plácidamente. Me preparé un vaso de bourbon y me senté en mi butaca. No me cansaba de mirarla.
- Donde estoy?- preguntó
- En Nueva York, chica.
- Donde? Es imposible, hace siglos que fue destruida!- exclamó tambaleante al levantarse.
Dejé el vaso en la mesita y me acerqué a ella.
- Que estás diciendo? Descansa, estás desvariando.- le dije al ponerle la mano en el hombro para que volviera a estirarse en el sillón.
- En que año estamos? Dímelo!- preguntó sobresaltada.
Me senté a su lado y la miré ladeando mi cabeza hacia ella.
- Estamos en mil novecientos treinta y siete.
- En mil novecientos treinta y siete! No puede ser!
La miré a través de mis gafas y le puse mi mano en su rodilla.
- Oye chica. Te encontré tirada en el suelo en la calle y te he recogido y llevado a mi casa. Después, llamaré a la policía, por si alguien ha reclamado tu desaparición.- proseguí- Antes de todo esto, me llamo Quinn, Tony Quinn. Y tú, como te llamas?
- Mi nombre es Madame Tarántula.
- Ya lo sé, es lo único que balbuceabas cuando te encontré. Pero, ese no es tu nombre real, verdad?
- Me llamo Maria Velez. Nadie me llama ya así. Para ti, soy Madame Tarántula, entendido.- dijo secamente al levartar su ceja derecha arqueandola. Vengo del año cuatro mil setenta y siete.
Me levanté y me dirigí hacia la mesita. Me tomé el bourbon de un trago. Cogí el vaso y me fui a prepararme otro vaso y, me lo bebí.
- Entonces, supongo que tendrás hambre, no?
El edificio lo heredé de mi familia y lo había reconstruido poco a poco y, con la ayuda económica del tribunal. La montaña tocaba con el edificio, así que hacer la ruta hasta mi escondite se pudo hacer sin problemas. El tribunal tiene muchos amigos y no dieron problemas de licencias y demás.
Dejé el cuerpo de Madame Tarántula en el sillón frente la chimenea. Era preciosa. Salvaje mente preciosa. Encendí la chimenea y me dirigí a mi habitación. Me quité mi traje y me puse un delicado vestido de americana y corbata. Me puse mis gafas oscuras y salí a la sala. Aún dormía plácidamente. Me preparé un vaso de bourbon y me senté en mi butaca. No me cansaba de mirarla.
- Donde estoy?- preguntó
- En Nueva York, chica.
- Donde? Es imposible, hace siglos que fue destruida!- exclamó tambaleante al levantarse.
Dejé el vaso en la mesita y me acerqué a ella.
- Que estás diciendo? Descansa, estás desvariando.- le dije al ponerle la mano en el hombro para que volviera a estirarse en el sillón.
- En que año estamos? Dímelo!- preguntó sobresaltada.
Me senté a su lado y la miré ladeando mi cabeza hacia ella.
- Estamos en mil novecientos treinta y siete.
- En mil novecientos treinta y siete! No puede ser!
La miré a través de mis gafas y le puse mi mano en su rodilla.
- Oye chica. Te encontré tirada en el suelo en la calle y te he recogido y llevado a mi casa. Después, llamaré a la policía, por si alguien ha reclamado tu desaparición.- proseguí- Antes de todo esto, me llamo Quinn, Tony Quinn. Y tú, como te llamas?
- Mi nombre es Madame Tarántula.
- Ya lo sé, es lo único que balbuceabas cuando te encontré. Pero, ese no es tu nombre real, verdad?
- Me llamo Maria Velez. Nadie me llama ya así. Para ti, soy Madame Tarántula, entendido.- dijo secamente al levartar su ceja derecha arqueandola. Vengo del año cuatro mil setenta y siete.
Me levanté y me dirigí hacia la mesita. Me tomé el bourbon de un trago. Cogí el vaso y me fui a prepararme otro vaso y, me lo bebí.
- Entonces, supongo que tendrás hambre, no?
dimarts, 3 de març del 2015
Capítulo VI ( séptima parte)
Algo llamó mi atención. En una esquina del hotel, vi a dos individuos marroquíes que al ver que los miraba huyeron de allí.
- Savage. Midnight. Ayudad a los supervivientes.
Me escurri entre las sombras y los seguí oculto entre ellas. Fueron zigzageando entre las callejuelas de Casablanca. Al rato, se detuvieron frente un portal y llamaron a su puerta. De allí salió un hombre que se ocultaba en la oscuridad del callejón. No podía verlo con claridad. Me acerqué.
En el dedo índice de la mano derecha de uno de los marroquíes, vi el sello resplandeciente de Khan. A esa distancia, me dispuse a oír su conversación.
- Señor, todo ha ido según lo previsto.- dijo uno de ellos.
- Han muerto?- preguntó el hombre.
- Bueno...Señor.- carraspeo- No señor...están vivos.- dijo el otro marroquí.- No pudimos colocar el tercer explosivo.
Dos fogonazos iluminaron el callejón. Lo vi. Era él.
Me deslice hasta su posición y me puse frente si.
- Blaine!- exclamé.- Blaine- repetí con voz más grave.
- Lamont!- gritó Rick.
Le apunté con mis pistolas en la cara y empezó a temblar como un tientetieso de feria.
- No tenia ninguna otra opción, Lamont.- dijo con voz entrecortada.
- Han muerto inocentes! Han muerto inocentes, Rick!.
- Lo siento, Lamont...yo no quería.
- Calla!- espete duramente- Quien ha sido?- pregunté mientras se encendía un cigarrillo.
- Khan. Ha sido Shiwan Khan...el gobierno francés trabaja para él... como crees que he conseguido todo esto, eh?- prosiguió- Al poco de irte de aquí la última vez...dos meses más tarde, me visitó un agente consular...-trago saliva- No lo pude evitar, Lamont, me interrogaron...y hable. Hable demasiado...
- Rick demonios!-dije- Porque no me avisaste?
- Desde entonces estoy muy vigilado. Y les debía un favor.- hizo una calada- Cuando les informé que venías... no sé como pudieron ponerse tan rápido en contacto con Khan, pero lo hicieron...lo sabe, Lamont. Khan, lo sabe.
- Que sabe Khan?
- Todo...lo sabe todo. A donde vais y que queréis hacer...además... además, sabe que eres Lamont Cranston. Se lo dije- hizo otra calada a su cigarrillo - Lo siento, Lamont...
- Eso ahora no me importa Rick. Ha muerto una niña pequeña, por dios!- exclamé lúgubremente.
- Que? Eso no debía de ocurrir...Dios perdóname...dijo mientras apagaba su cigarillo con la suela de su zapato. Sonrió débilmente y se apunto en su sien y apretó el gatillo entre lágrimas.
- Savage. Midnight. Ayudad a los supervivientes.
Me escurri entre las sombras y los seguí oculto entre ellas. Fueron zigzageando entre las callejuelas de Casablanca. Al rato, se detuvieron frente un portal y llamaron a su puerta. De allí salió un hombre que se ocultaba en la oscuridad del callejón. No podía verlo con claridad. Me acerqué.
En el dedo índice de la mano derecha de uno de los marroquíes, vi el sello resplandeciente de Khan. A esa distancia, me dispuse a oír su conversación.
- Señor, todo ha ido según lo previsto.- dijo uno de ellos.
- Han muerto?- preguntó el hombre.
- Bueno...Señor.- carraspeo- No señor...están vivos.- dijo el otro marroquí.- No pudimos colocar el tercer explosivo.
Dos fogonazos iluminaron el callejón. Lo vi. Era él.
Me deslice hasta su posición y me puse frente si.
- Blaine!- exclamé.- Blaine- repetí con voz más grave.
- Lamont!- gritó Rick.
Le apunté con mis pistolas en la cara y empezó a temblar como un tientetieso de feria.
- No tenia ninguna otra opción, Lamont.- dijo con voz entrecortada.
- Han muerto inocentes! Han muerto inocentes, Rick!.
- Lo siento, Lamont...yo no quería.
- Calla!- espete duramente- Quien ha sido?- pregunté mientras se encendía un cigarrillo.
- Khan. Ha sido Shiwan Khan...el gobierno francés trabaja para él... como crees que he conseguido todo esto, eh?- prosiguió- Al poco de irte de aquí la última vez...dos meses más tarde, me visitó un agente consular...-trago saliva- No lo pude evitar, Lamont, me interrogaron...y hable. Hable demasiado...
- Rick demonios!-dije- Porque no me avisaste?
- Desde entonces estoy muy vigilado. Y les debía un favor.- hizo una calada- Cuando les informé que venías... no sé como pudieron ponerse tan rápido en contacto con Khan, pero lo hicieron...lo sabe, Lamont. Khan, lo sabe.
- Que sabe Khan?
- Todo...lo sabe todo. A donde vais y que queréis hacer...además... además, sabe que eres Lamont Cranston. Se lo dije- hizo otra calada a su cigarrillo - Lo siento, Lamont...
- Eso ahora no me importa Rick. Ha muerto una niña pequeña, por dios!- exclamé lúgubremente.
- Que? Eso no debía de ocurrir...Dios perdóname...dijo mientras apagaba su cigarillo con la suela de su zapato. Sonrió débilmente y se apunto en su sien y apretó el gatillo entre lágrimas.
Capítulo VI (sexta parte)
A pesar de descansar en el mullido colchón y disfrutar del suave tacto de las sabanas de seda, no me podía dormir. Abrí el cajón de la mesita de noche y cogí la biblia de su interior.- nunca he entendido esta costumbre, pensé.
Fui dando cabezazos con la lectura. Alcé mi mirada y miré el reloj de pared. Eran las tres menos cuarto de la madrugada. Deposité la biblia de nuevo dentro del cajón y apague la luz de la habitación.
Un gran estruendo acompañado de sendas explosiones me despertó de mi letargo. Miré de forma instintiva el reloj de la pared. Eran las cuatro menos doce minutos. Me levanté apresuradamente de mi cama. Como no quise deshacer la maleta, me habia estirado vestido. Me puse los zapatos y salí al corredor. Una bocanada de aire ígneo me golpeó en la cara, haciéndome caer de espaldas al suelo.
Era un infierno de llamas y azufre. Abrí mi maleta y me cambié rápidamente de ropa. Me vestí con mi traje negro. Me coloqué mis pistolas en sus respectivas fundas. Cerré la maleta y la lancé al exterior a través de la ventana.
En la planta donde me encontraba se hallaban las habitaciones de Albright y de Savage. Me dirigí a lo largo del corredor velozmente entre las llamas. Primero encontré la de Savage. La puerta estaba arrancada y esparcida en distintos pedazos por el suelo. Había sido una explosión de su interior, lo que arrancó la puerta de cuajo. Me introduje en su interior y no di con él. Volví de nuevo al corredor y me dirigí a la habitación de Albright. Cuando llegué, estaba completamente igual que la de Savage. Habían colocado varios explosivos en su interior. Debía de salud de allí. Deberían de haber supervivientes y debía salvarlos de ese infierno de llamas.
Estábamos en la cuarta planta. Fui habitación por habitación y no encontré a nadie. Bajé por las escaleras y fui hacia la tercera planta. Allí encontré a una pareja de ancianos que les pedí que me siguieran. En la segunda planta había un joven mediodesnudo y su acompañante. Unas habitaciones más allá, encontré a dos caballeros de mediana edad. Al llegar a la primera planta, fue cuando di con Savage.
Savage estaba golpeando con fuerza una puerta. En su interior se oía la voz ahogada de una niña pequeña sollozando.
- Savage!- exclamé.
- Tú! Que haces aquí?- me preguntó.
- Apartate Savage!
Saqué mis cuarenta y cinco y disparé a las bisagras de la puerta. Cayó hacia dentro rápidamente. Savage y yo nos Introdujimos en el interior. El fuego y humo hacia el aire irrespirable, parecía la niebla de Londres. Los sollozos cesaron de repente.
- No puedo verla!- exclamó Savage.
- Diablos! En el armario! Mira dentro del armario.- dije
Savage abrió el armario y vimos a la pequeña en el suelo. Le tomó el pulso. Era débil.
- Coge esa manta y cubrela, Savage!- exclamé- Corre. No podemos perderla.
Salimos de nuevo al corredor de la primera planta. Los hombres de mediana edad y el joven estaban dirigiendo a todos los demás. En el exterior, los bomberos ya lanzaban agua para apagar el fuego que se estaba extendiendo con rapidez y virulencia.
Bajamos a la recepción. Me adelanté al grupo y a Savage. Disparé mis pistolas hacia las ventanas, que se rompieron en mil pedazos.
-Savage, por aquí!
Salimos a la calle y a lo alto vimos la figura voladora de Albright como el Capitán Midnight. Estaba volando hacia una terraza del hotel donde una anciana mujer en paños menores estaba con los brazos en alto. Albright la cogió al vuelo y la colocó entre sus brazos, aterrizando en el pavimento sin problemas. En ese instante la estructura interna del Ritz cedió.
Miré a Savage y lo comprendí. Las lágrimas de sus ojos hablaban por si solas.
- Savage! No. No, puede ser!- exclamé.
La pequeña había muerto en sus brazos. Savage cayó de rodillas al duro suelo con su camisa completamente desgarrada.
Fui dando cabezazos con la lectura. Alcé mi mirada y miré el reloj de pared. Eran las tres menos cuarto de la madrugada. Deposité la biblia de nuevo dentro del cajón y apague la luz de la habitación.
Un gran estruendo acompañado de sendas explosiones me despertó de mi letargo. Miré de forma instintiva el reloj de la pared. Eran las cuatro menos doce minutos. Me levanté apresuradamente de mi cama. Como no quise deshacer la maleta, me habia estirado vestido. Me puse los zapatos y salí al corredor. Una bocanada de aire ígneo me golpeó en la cara, haciéndome caer de espaldas al suelo.
Era un infierno de llamas y azufre. Abrí mi maleta y me cambié rápidamente de ropa. Me vestí con mi traje negro. Me coloqué mis pistolas en sus respectivas fundas. Cerré la maleta y la lancé al exterior a través de la ventana.
En la planta donde me encontraba se hallaban las habitaciones de Albright y de Savage. Me dirigí a lo largo del corredor velozmente entre las llamas. Primero encontré la de Savage. La puerta estaba arrancada y esparcida en distintos pedazos por el suelo. Había sido una explosión de su interior, lo que arrancó la puerta de cuajo. Me introduje en su interior y no di con él. Volví de nuevo al corredor y me dirigí a la habitación de Albright. Cuando llegué, estaba completamente igual que la de Savage. Habían colocado varios explosivos en su interior. Debía de salud de allí. Deberían de haber supervivientes y debía salvarlos de ese infierno de llamas.
Estábamos en la cuarta planta. Fui habitación por habitación y no encontré a nadie. Bajé por las escaleras y fui hacia la tercera planta. Allí encontré a una pareja de ancianos que les pedí que me siguieran. En la segunda planta había un joven mediodesnudo y su acompañante. Unas habitaciones más allá, encontré a dos caballeros de mediana edad. Al llegar a la primera planta, fue cuando di con Savage.
Savage estaba golpeando con fuerza una puerta. En su interior se oía la voz ahogada de una niña pequeña sollozando.
- Savage!- exclamé.
- Tú! Que haces aquí?- me preguntó.
- Apartate Savage!
Saqué mis cuarenta y cinco y disparé a las bisagras de la puerta. Cayó hacia dentro rápidamente. Savage y yo nos Introdujimos en el interior. El fuego y humo hacia el aire irrespirable, parecía la niebla de Londres. Los sollozos cesaron de repente.
- No puedo verla!- exclamó Savage.
- Diablos! En el armario! Mira dentro del armario.- dije
Savage abrió el armario y vimos a la pequeña en el suelo. Le tomó el pulso. Era débil.
- Coge esa manta y cubrela, Savage!- exclamé- Corre. No podemos perderla.
Salimos de nuevo al corredor de la primera planta. Los hombres de mediana edad y el joven estaban dirigiendo a todos los demás. En el exterior, los bomberos ya lanzaban agua para apagar el fuego que se estaba extendiendo con rapidez y virulencia.
Bajamos a la recepción. Me adelanté al grupo y a Savage. Disparé mis pistolas hacia las ventanas, que se rompieron en mil pedazos.
-Savage, por aquí!
Salimos a la calle y a lo alto vimos la figura voladora de Albright como el Capitán Midnight. Estaba volando hacia una terraza del hotel donde una anciana mujer en paños menores estaba con los brazos en alto. Albright la cogió al vuelo y la colocó entre sus brazos, aterrizando en el pavimento sin problemas. En ese instante la estructura interna del Ritz cedió.
Miré a Savage y lo comprendí. Las lágrimas de sus ojos hablaban por si solas.
- Savage! No. No, puede ser!- exclamé.
La pequeña había muerto en sus brazos. Savage cayó de rodillas al duro suelo con su camisa completamente desgarrada.
dilluns, 2 de març del 2015
Capítulo VI (quinta parte)
Me quedé allí de pie unos cinco minutos antes de reaccionar. La actitud hacia mi de Rick, me dejó estupefacto. Entiendo su malestar, pero siempre fue un amigo y más aun un caballero, rudo y terco, pero caballero ante todo. Fue uno de mis mejores agentes en el pasado en tierras francesas y ahora ya no era esa persona con la que confíe.
Volví a entrar en el Ritz y me dirigí directamente al bar del hotel.
- Un whisky con un cubito de hielo, por favor.- dije al camarero de color que había tras la barra. Puso un posavasos y me lo preparó, colocándolo encima de él.
- Un mal día, caballero?- me preguntó- Es por culpa de alguna mujer?
Lo miré despectivamente y comprobé como tragó saliva antes de desaparecer en el fondo de la barra.
Pasaron los minutos fugazmente a base de vagos sorbos, completamente teniendo mi mente ocupada con Rick, Shiwan Khan y la misión en si.
Una voz tenue acompañada de un leve toque en mi hombro izquierdo me devolvió a la realidad.
- Lamont, le estaba llamando.- dijo Albright- Que no me oía?
Deposité el vaso en el posavasos y giré mi cintura hacia Albright.
- No, Albright. No le he oído. Estaba pensando en mis cosas y me he dejado llevar.
Savage, estaba de pie en la puerta de acceso del hotel. Me giré de nuevo hacia la barra y realice un último y largo sorbo de mi copa. Deposité un dolar americano sobre la barra y me levanté. Fui con Albright hasta donde se encontraba Savage.
- Bien Lamont, usted conoce mejor Casablanca que nosotros, así que a donde podemos dirigirnos para comer?- preguntó Savage.
- Les recomendaría Le Petit Pouce. Una auténtica delicia de los tumultuosos años veinte de estilo francés.
- Porque no vamos al café de su amigo Rick?- preguntó jovial Albright.
- No creo que sea muy buena idea, Albright. El Sr.Blaine me la tiene jurada, además, tampoco es que su menú valga mucho la pena, caballeros.- dije jocosamente.
Después de ir a Le Petit Pouce, caminamos por el boulevar y el centro de la ciudad. Estaba agotado y muy cansado. Me despedí de ambos y me dirigí hacia el Ritz. La mañana siguiente debíamos partir después de desayunar y debía ahogar en sueños el mal trago del día junto a Rick.
Volví a entrar en el Ritz y me dirigí directamente al bar del hotel.
- Un whisky con un cubito de hielo, por favor.- dije al camarero de color que había tras la barra. Puso un posavasos y me lo preparó, colocándolo encima de él.
- Un mal día, caballero?- me preguntó- Es por culpa de alguna mujer?
Lo miré despectivamente y comprobé como tragó saliva antes de desaparecer en el fondo de la barra.
Pasaron los minutos fugazmente a base de vagos sorbos, completamente teniendo mi mente ocupada con Rick, Shiwan Khan y la misión en si.
Una voz tenue acompañada de un leve toque en mi hombro izquierdo me devolvió a la realidad.
- Lamont, le estaba llamando.- dijo Albright- Que no me oía?
Deposité el vaso en el posavasos y giré mi cintura hacia Albright.
- No, Albright. No le he oído. Estaba pensando en mis cosas y me he dejado llevar.
Savage, estaba de pie en la puerta de acceso del hotel. Me giré de nuevo hacia la barra y realice un último y largo sorbo de mi copa. Deposité un dolar americano sobre la barra y me levanté. Fui con Albright hasta donde se encontraba Savage.
- Bien Lamont, usted conoce mejor Casablanca que nosotros, así que a donde podemos dirigirnos para comer?- preguntó Savage.
- Les recomendaría Le Petit Pouce. Una auténtica delicia de los tumultuosos años veinte de estilo francés.
- Porque no vamos al café de su amigo Rick?- preguntó jovial Albright.
- No creo que sea muy buena idea, Albright. El Sr.Blaine me la tiene jurada, además, tampoco es que su menú valga mucho la pena, caballeros.- dije jocosamente.
Después de ir a Le Petit Pouce, caminamos por el boulevar y el centro de la ciudad. Estaba agotado y muy cansado. Me despedí de ambos y me dirigí hacia el Ritz. La mañana siguiente debíamos partir después de desayunar y debía ahogar en sueños el mal trago del día junto a Rick.
Capítulo VI (cuarta parte)
Blaine no me dirigió ni una mirada y mucho menos una palabra, fue toda amabilidad con Savage y Albright, al contrario de mi. Tampoco me extraña su actitud, lo dejé muy tirado la última vez que vine a Casablanca. Pero no entendía tanto rencor.
Nos acompañó hacia la recepción para inscribirnos y como ocurrió en el Albright Memorial, todos los empleados sabían que veníamos. Nos atendieron con suma cautela y profesionalidad. Pedí habitaciones separadas para cada uno de nosotros. Quedamos en vernos pasada una hora en la recepción del hotel, para hacer un poco de turismo y comer alguna cosa decente en el centro de la ciudad.
Subimos a nuestras habitaciones. Cuando llegué a mi habitación comprobe que era de calidad premium. Grandes espacios con un mobiliario marroquí de excelente acabado y diseño. Un gran baño repleto de cerámicas y incrustaciones de oro mazizo. Cortinas y sabanas de seda. Todo era único y muy exclusivo.
No me molesté ni en deshacer mi maleta y la dejé apoyada al lado de la cama. Me dirigí hacía la puerta y salí al pasillo. Cerré la puerta tras de mi y me fui hacia al ascensor. Presione el botón y esperé a que subiese.
Al llegar al recibidor, vi afuera en la calle a Rick. Se había quitado su sombrero y se atusaba su cabello con su mano derecha, mientras con la izquierda se secaba su frente con un pañuelo blanco.
- Buenos días Rick?
Blaine se giró hacia mi y levantó su ceja arqueandola con desagrado.
- Lamont.- dijo secamente, mientras me acercaba a él.
Le di mi mano para que la estrechara. La rechazó.
- La vida te da sorpresas, Lamont.- dijo - Hace unos días vine a mi hotel para comprobar el listado de reservas y resulta que veo que el gran Lamont vendrá a Casablanca.- prosiguió- No sabia nada de ti desde hace años y ni me llamaste para nada. Y apareces como siempre, como una sombra maldita en mi vida.
- Oye Rick, mi primera intención era visitarte, no lo dudes!- exclamé.
Puse mi mano dentro de mi chaqueta y saqué mi billetera. Introduje mi mano y le entregué un cheque nominal.
- Que narices es esto, Lamont?- preguntó al cogerlo- Vaya!- exclamó.
- Creo que esta cantidad cubre los gastos y desperfectos que ocasionamos el Dr. Banner y yo en tu bar.
Blaine sacó un Zippo del bolsillo de su pantalón y le prendio fuego.
- Que diablos haces Rick?
- Lamont...En los últimos años he crecido como empresario de éxito. Ayudé al gobierno francés y ellos a cambio me han financiado gran parte de mis nuevos negocios, como este hotel.
- Lo he visto Rick. El cartel dorado lo pone muy claro. Eso si, puedo seguir llamandote Rick o debo llamarte Sr.Blaine?
- Vete a la mierda Lamont!- espetó escupiendo al suelo- Me importa más bien poco que es lo que te ha traído de nuevo a Casablanca. Disfruta de la estancia.- dijo malhumorado- Se colocó de nuevo su sombrero, se encendió un pitillo y pidió un taxi.
Nos acompañó hacia la recepción para inscribirnos y como ocurrió en el Albright Memorial, todos los empleados sabían que veníamos. Nos atendieron con suma cautela y profesionalidad. Pedí habitaciones separadas para cada uno de nosotros. Quedamos en vernos pasada una hora en la recepción del hotel, para hacer un poco de turismo y comer alguna cosa decente en el centro de la ciudad.
Subimos a nuestras habitaciones. Cuando llegué a mi habitación comprobe que era de calidad premium. Grandes espacios con un mobiliario marroquí de excelente acabado y diseño. Un gran baño repleto de cerámicas y incrustaciones de oro mazizo. Cortinas y sabanas de seda. Todo era único y muy exclusivo.
No me molesté ni en deshacer mi maleta y la dejé apoyada al lado de la cama. Me dirigí hacía la puerta y salí al pasillo. Cerré la puerta tras de mi y me fui hacia al ascensor. Presione el botón y esperé a que subiese.
Al llegar al recibidor, vi afuera en la calle a Rick. Se había quitado su sombrero y se atusaba su cabello con su mano derecha, mientras con la izquierda se secaba su frente con un pañuelo blanco.
- Buenos días Rick?
Blaine se giró hacia mi y levantó su ceja arqueandola con desagrado.
- Lamont.- dijo secamente, mientras me acercaba a él.
Le di mi mano para que la estrechara. La rechazó.
- La vida te da sorpresas, Lamont.- dijo - Hace unos días vine a mi hotel para comprobar el listado de reservas y resulta que veo que el gran Lamont vendrá a Casablanca.- prosiguió- No sabia nada de ti desde hace años y ni me llamaste para nada. Y apareces como siempre, como una sombra maldita en mi vida.
- Oye Rick, mi primera intención era visitarte, no lo dudes!- exclamé.
Puse mi mano dentro de mi chaqueta y saqué mi billetera. Introduje mi mano y le entregué un cheque nominal.
- Que narices es esto, Lamont?- preguntó al cogerlo- Vaya!- exclamó.
- Creo que esta cantidad cubre los gastos y desperfectos que ocasionamos el Dr. Banner y yo en tu bar.
Blaine sacó un Zippo del bolsillo de su pantalón y le prendio fuego.
- Que diablos haces Rick?
- Lamont...En los últimos años he crecido como empresario de éxito. Ayudé al gobierno francés y ellos a cambio me han financiado gran parte de mis nuevos negocios, como este hotel.
- Lo he visto Rick. El cartel dorado lo pone muy claro. Eso si, puedo seguir llamandote Rick o debo llamarte Sr.Blaine?
- Vete a la mierda Lamont!- espetó escupiendo al suelo- Me importa más bien poco que es lo que te ha traído de nuevo a Casablanca. Disfruta de la estancia.- dijo malhumorado- Se colocó de nuevo su sombrero, se encendió un pitillo y pidió un taxi.
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