Aún llovía con fuerza y virulencia. El viento aullaba por las esquinas del bulevar. Shreevy nos estaba esperando en el interior del coche, mientras fumaba un habano y ojeaba en diagonal el Daily Bugle. El anciano portero nos acompaño no más vernos salir del ascensor. Cogió dos sendos paraguas de detrás del mostrador de la entrada para cubrirnos de la lluvia y nos resguardó como humanamente pudo hacia las puertas del coche. -en mi caso, volví a abrir mi paraguas. Shreevy al verme que salía del rascacielos, abrió su ventanilla y lanzó el habano lo más lejos que pudo. Abrí la puerta del acompañante del conductor y me senté al lado de él. Mis acompañantes, fueron sentándose en orden de llegada en las plazas traseras.
Según me informo Burbank, el Buick de Maxwell, solía aparecer todas las noches de los miércoles en los muelles del puerto. Además, también y gracias a otro misterioso y desconocido informante, descubrimos que solía entrar en el almacén numero trece, después de hacer sonar cuatro veces el claxon. Un toque corto acompañado de tres largos. Esa era la clave de entrada. El almacén numero trece es uno de los más grandes que hay en los muelles, junto al cincuenta y uno; pero este es propiedad del gobierno. Los muelles no son aún a día de hoy territorio de los Antonelli, pero lo que más me sorprendió, fue descubrir que el propietario y arrendatario del almacén, tal y como pudo comprobar Harry en los registros de propiedad, era la Khan International. Si Shiwan Khan, está detrás de todo esto, aún es un misterio. Pero, si está colaborando con los Antonelli, seguramente sea por la condición de introducir a gran escala en Nueva York, enormes cantidades de opio en las calles. Desde nuestro último encuentro en Casablanca, no había vuelto a escuchar el apellido Khan. -pobre Rick Blaine, le debo un buen montante de dólares por la factura de su bar.
A lo largo que duró el trayecto, vacíe mi mente parloteando amigablemente con mis acompañantes. A través del espejo retrovisor central, vi que Savage no perdía en ningún instante el contacto visual conmigo.
- Ocurre algo, Doc?-pregunté.- No deja usted de mirarme en todo el rato.
- Porque lo dice, Lamont?
- No sé, parece que quiera descubrir algo en mi escuñidrando mi alma.
- Le molesta?
- No. Nada en absoluto, si le soy sincero. Puede hacer lo que más quiera o crea conveniente. Estamos en un país libre, mi afable Doc.
Shreevy introdujo su mano libre en el interior de su chaqueta, a lo que negué de inmediato con un gesto su clara intención.
- Los muelles están allí, Sr.Cranston.-dijo Johnny.
Le pedí a Shreevy que apagara todas las luces y accionase del panel de control oculto en el salpicadero, nuestro ultimo juguete; el sistema nocturno de ocultación y vigilancia.
- Que diablos!- exclamó de forma sorpresiva Savage.
- No se asusten, caballeros. Ni mucho menos usted, Doc. Deben saber que un hombre de mi categoría y a su vez fiel amante de los más maravillosos y brillantes avances de la ciencia y tecnología de nuestro tiempo, me hice instalar este novedoso y increíble sistema de ocultación e infiltración nocturna.
Los cristales y ventanas se tornaron de color verde fluorescente, y la pintura del coche reaccionó por impulsos electromagnéticos, para poder repeler la luz del exterior para convertir el coche en una sombra en un mar de claridad. El motor de ocho cilindros, paso de rugir como un león embravecido a comportarse literalmente como una hoja cayendo de una rama de un árbol.
- Lamont-dijo con voz neutra, Savage- Usted acaba de ganarse mi admiración y respeto. Como en un partido de béisbol, usted ha hecho que suban las apuestas en la última entrada. Esta tecnología me resulta muy interesante y a su vez completamente desconocida.- sonrei.
- La llamo, umbrakinesis o lo que es lo mismo, la capacidad de ocultarse en las sombras y utilizarlas en tu propio beneficio. Exactamente, no actúa igual, en verdad, pero su resultado es el mismo, en definitiva.
- Interesante. Muy interesante, Lamont.
Burbank, contactó con nosotros mediante el intercomunicador alojado en la radio. Nos confirmo que el Buick estaba ya de camino hacia el almacén. En breves minutos llegaría a nuestra posición; solo nos tocaría esperar el momento oportuno para poder actuar.
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