Aterrizamos en el aereopuerto de Casablanca pasadas las doce de la mañana. Estaba tal y como lo recordaba de mi última visita. Shiwan Khan quiso tomar el control de la ciudad por su elevado valor estratégico en el mapa. Quería un puesto de avance entre África y Europa, que le diese espacio de actuación para sus planes. Esa vez, se lo impedí y el pobre de Rick se quedó con su bar completamente destrozado, pero al menos, a su pesar, pude detener los planes de Khan. También, esa vez fue la ultima que trabaje con el científico, a día de hoy en busca y captura por otros actos en todo el mundo, el Dr. Banner.
A la salida del aereopuerto pedimos un taxi para que nos llevara al Ritz Casablanca, que es donde había contratado nuestras habitaciones antes de partir de Nueva York. Además, hasta el día siguiente por la mañana no salía nuestro ferrocarril hasta nuestra siguiente parada en el viaje hasta Bengalla.
Cuando llegamos al Ritz, no pude evitar centrarme en una figura en la entrada del hotel. Un hombre no muy corpulento, pero de complexión atlética, vestido con un traje negro y una gabardina larga de color crema, que hacia conjunto con su sombrero. Un hombre de tez curtida, ojos pétreos y amarga sonrisa que se estaba encendiendo un cigarrillo. Era Rick Blaine.
Cuando bajamos del taxi, Rick nos saludó con el sombrero. Mientras se acercaba hacia nosotros, me fije en el cartel de la puerta del Ritz. Tenia una pequeña inscripción donde se podía leer, Blaine Properties.
divendres, 27 de febrer del 2015
Capítulo VI (segunda parte)
El trayecto hacia Casablanca en avioneta estaba siendo muy placentero y tranquilo, sobretodo muy tranquilo. Antes de despegar le pedí a mi piloto que pilotara al ser posible, lo más bajo que pudiera para evitar ser detectados. Las vistas desde cabina o desde mi ventana eran magnificas. Siempre me he sentido atraído por las imágenes que nos ofrece la naturaleza.
Mientras Albright echaba una cabezada, Savage se levantó de su asiento y se dirigió hacia el mio portando una carpeta en su mano derecha.
- Lamont, léase estos documentos, por favor. Tratan sobre el misterioso amigo del Lord Greystoke.- prosiguió, mientras se sentaba a mi lado.- Ayer por la noche no pude dormir y me puse a buscar y recabar toda la información que pude sobre él.
Me los entrego. Era una serie de hojas y documentos acompañados de supuestas fotografías del fantasma.
- Doc, como ve, yo tampoco he perdido el tiempo y esto es lo que he encontrado sobre el fantasma que camina.- le dije, mientras sacaba un grueso dossier de mi cartera de mano y se lo entregué.
- Vaya! - exclamó- Otra vez consigue sorprenderme... y es la segunda vez en menos de setenta y dos horas. Le felicito, Sr.Cranston.
Nos pasamos varias horas ojeando, analizando y estudiando ambos trabajos. Estábamos tan absortos que no nos dimos ni cuenta que Albright se había despertado. Nos observaba fijamente desde el asiento delantero, apoyándose sobre sus rodillas y sus manos cruzadas en la parte superior de la silla con su cabeza encima de ellas.
- Que están leyendo con tanta avidez, señores?- nos preguntó.
Tuvo que volvernoslo a repetir golpeando con fuerza la ventana de su lado, para que le prestasemos atención.
- Señores! Por fin capto su atención!- exclamó levantando su ceja izquierda.
- Perdone Albright. Esta información que estamos analizando es sobre el misterioso fantasma. El hombre que tenemos que encontrar en Bengalla. El Sr.Walker, es muy interesante.
- Cuál es ese motivo que lo hace tan especial, Lamont?- preguntó.
Antes que pudiera contestar a Albright, Savage se me adelantó.
- Mire Albright, según el misticismo africano y los mitos y leyendas de Bengalla, él existe desde hace más de doscientos años.
- Qué? Doscientos años? Esto es imposible!- dijo sorprendido Albright. Que es una especie de ser inmortal?
- No, Albright, no. No es inmortal. Ni lo más mínimo.- prosiguió- Todo apunta más bien a un seguimiento de una especie de legado familiar. Una tradición que pasa de padres a hijos. - dijo Savage.
Entretanto, miré por la ventana de mi asiento y pude avistar la costa de Marruecos. En muy pocos minutos tomaríamos tierra en el aereopuerto de Casablanca.
Mientras Albright echaba una cabezada, Savage se levantó de su asiento y se dirigió hacia el mio portando una carpeta en su mano derecha.
- Lamont, léase estos documentos, por favor. Tratan sobre el misterioso amigo del Lord Greystoke.- prosiguió, mientras se sentaba a mi lado.- Ayer por la noche no pude dormir y me puse a buscar y recabar toda la información que pude sobre él.
Me los entrego. Era una serie de hojas y documentos acompañados de supuestas fotografías del fantasma.
- Doc, como ve, yo tampoco he perdido el tiempo y esto es lo que he encontrado sobre el fantasma que camina.- le dije, mientras sacaba un grueso dossier de mi cartera de mano y se lo entregué.
- Vaya! - exclamó- Otra vez consigue sorprenderme... y es la segunda vez en menos de setenta y dos horas. Le felicito, Sr.Cranston.
Nos pasamos varias horas ojeando, analizando y estudiando ambos trabajos. Estábamos tan absortos que no nos dimos ni cuenta que Albright se había despertado. Nos observaba fijamente desde el asiento delantero, apoyándose sobre sus rodillas y sus manos cruzadas en la parte superior de la silla con su cabeza encima de ellas.
- Que están leyendo con tanta avidez, señores?- nos preguntó.
Tuvo que volvernoslo a repetir golpeando con fuerza la ventana de su lado, para que le prestasemos atención.
- Señores! Por fin capto su atención!- exclamó levantando su ceja izquierda.
- Perdone Albright. Esta información que estamos analizando es sobre el misterioso fantasma. El hombre que tenemos que encontrar en Bengalla. El Sr.Walker, es muy interesante.
- Cuál es ese motivo que lo hace tan especial, Lamont?- preguntó.
Antes que pudiera contestar a Albright, Savage se me adelantó.
- Mire Albright, según el misticismo africano y los mitos y leyendas de Bengalla, él existe desde hace más de doscientos años.
- Qué? Doscientos años? Esto es imposible!- dijo sorprendido Albright. Que es una especie de ser inmortal?
- No, Albright, no. No es inmortal. Ni lo más mínimo.- prosiguió- Todo apunta más bien a un seguimiento de una especie de legado familiar. Una tradición que pasa de padres a hijos. - dijo Savage.
Entretanto, miré por la ventana de mi asiento y pude avistar la costa de Marruecos. En muy pocos minutos tomaríamos tierra en el aereopuerto de Casablanca.
dijous, 26 de febrer del 2015
Capítulo VI (primera parte)
Me ofrecí en organizar el viaje desde Nueva York hasta la costa oriental africana. Bengalla era el lugar donde deberíamos encontrar al fantasma que camina. Allí le deberíamos entregar el anillo de forma de calavera que nos dio Lord Greystoke y luego él debería llevarnos a la isla prisión del gorila parlante en Sumatra y, así poder desbaratar los planes de Khan y la hermandad.
Shiwan Khan y sus hombres nos llevan días de ventaja, pero desconocen su localización exacta, tal como nos dijo James; pero tratándose de Khan, seguramente ya tiene un plan alternativo.
En este viaje seriamos Savage, Albright y yo. Tanto Savage como Jim, quisieron llegar al fondo del asunto. Savage pidió a sus hombres que se quedaran en Nueva York y Albright ordenó a Price que se quedase protegiendo a James, por si sufría algún ataque, debido que la prensa ya se había hecho eco de su ingreso en el Albright Memorial.
A la mañana siguiente, quedamos en reunirnos en el aereopuerto donde nos esperaría mi avioneta privada que nos llevaría hacia nuestra primera parada, Casablanca. Una vez llegásemos allí, aprovecharía para visitar a Rick Blaine. El destino de las ultimas horas, me llevarían de nuevo al lugar donde me enfrente por ultima vez a Khan y reconocer mi destrozo y poder compensar a Rick, mucho antes de lo previsto. Un día después, nos dirigiriamos hacia el este con ferrocarril, para terminar nuestro viaje en embarcación al sureste de África y llegar finalmente a Bengalla.
Shiwan Khan y sus hombres nos llevan días de ventaja, pero desconocen su localización exacta, tal como nos dijo James; pero tratándose de Khan, seguramente ya tiene un plan alternativo.
En este viaje seriamos Savage, Albright y yo. Tanto Savage como Jim, quisieron llegar al fondo del asunto. Savage pidió a sus hombres que se quedaran en Nueva York y Albright ordenó a Price que se quedase protegiendo a James, por si sufría algún ataque, debido que la prensa ya se había hecho eco de su ingreso en el Albright Memorial.
A la mañana siguiente, quedamos en reunirnos en el aereopuerto donde nos esperaría mi avioneta privada que nos llevaría hacia nuestra primera parada, Casablanca. Una vez llegásemos allí, aprovecharía para visitar a Rick Blaine. El destino de las ultimas horas, me llevarían de nuevo al lugar donde me enfrente por ultima vez a Khan y reconocer mi destrozo y poder compensar a Rick, mucho antes de lo previsto. Un día después, nos dirigiriamos hacia el este con ferrocarril, para terminar nuestro viaje en embarcación al sureste de África y llegar finalmente a Bengalla.
dimecres, 25 de febrer del 2015
Interludio IV
La hermandad no tardó en llamarme a mi apartamento. Me citaban en el Sunset, uno de los clubes que regían los Antonelli en el East End. Me dirigí a mi habitación y abrí mi armario y cogí de dentro de él, una replica de mi traje. Tenia dieciséis pares completos por igual.
Bajé a la calle y me dirigí hacia donde había aparcado mi bonito Buick. Tomé el camino más rápido para llegar al Sunset; la quinta avenida.
Cuando me llamó la hermandad, quien se puso en contacto conmigo fue el hermano treinta o Jacob Garth; un triste y taciturno contable de Lemans&Brothers. Este me contó que en la reunión se trataría el tema del ataque a nuestro almacén en el puerto y tomar las medidas necesarias para dar con los culpables y castigarlos como es debido. Además, me debía preparar para comandar una expedición o viaje hacia Grecia, a la ciudad perdida de Apokolips.
Mi misión sería proteger a los altos hermanos cuando llegásemos allí. Jacob, me dijo que deberían realizar una especie de ritual, para abrir un portal a otro mundo y, que mi otra función, seria entregar un cofre de plomo que contenía una especie de piedra de un planeta extinguido de grandes poderes mágicos. Sam Giamatti me habló del mineral prodigioso hacía mucho tiempo, pero me dijo que solo los auténticos dioses pueden manejar y controlar todo su poder.
Cuando apareciese ese ser, le deberia entregárselo en mano. Un ser conocido según los pergaminos antiguos, como el dios Darkseid, el aniquilador de mundos.
Shiwan Khan y algunos de los hermanos habían partido hacia Sumatra unos días antes. El plan oscuro de Khan era reunir a los mayores y más poderosos seres de este y otros mundos, para poder gobernar la tierra o el mismo universo; tal como me contó el día que empecé a trabajar para él. Y en esa isla de Sumatra existía el simio más poderoso y inteligente de la tierra. Entonces me convirtió en su hombre en la sombra, su agente infiltrado en la hermandad.
Al fin llegaba mi hora de poder jugar todas mis cartas y así poder asestar mi último y más certero golpe.
Bajé a la calle y me dirigí hacia donde había aparcado mi bonito Buick. Tomé el camino más rápido para llegar al Sunset; la quinta avenida.
Cuando me llamó la hermandad, quien se puso en contacto conmigo fue el hermano treinta o Jacob Garth; un triste y taciturno contable de Lemans&Brothers. Este me contó que en la reunión se trataría el tema del ataque a nuestro almacén en el puerto y tomar las medidas necesarias para dar con los culpables y castigarlos como es debido. Además, me debía preparar para comandar una expedición o viaje hacia Grecia, a la ciudad perdida de Apokolips.
Mi misión sería proteger a los altos hermanos cuando llegásemos allí. Jacob, me dijo que deberían realizar una especie de ritual, para abrir un portal a otro mundo y, que mi otra función, seria entregar un cofre de plomo que contenía una especie de piedra de un planeta extinguido de grandes poderes mágicos. Sam Giamatti me habló del mineral prodigioso hacía mucho tiempo, pero me dijo que solo los auténticos dioses pueden manejar y controlar todo su poder.
Cuando apareciese ese ser, le deberia entregárselo en mano. Un ser conocido según los pergaminos antiguos, como el dios Darkseid, el aniquilador de mundos.
Shiwan Khan y algunos de los hermanos habían partido hacia Sumatra unos días antes. El plan oscuro de Khan era reunir a los mayores y más poderosos seres de este y otros mundos, para poder gobernar la tierra o el mismo universo; tal como me contó el día que empecé a trabajar para él. Y en esa isla de Sumatra existía el simio más poderoso y inteligente de la tierra. Entonces me convirtió en su hombre en la sombra, su agente infiltrado en la hermandad.
Al fin llegaba mi hora de poder jugar todas mis cartas y así poder asestar mi último y más certero golpe.
dimarts, 24 de febrer del 2015
Capítulo V (quinta parte)
James nos contó que mientras estuvo retenido por la hermandad, tuvo que bloquear su mente y recuerdos debido que los acólitos de Shiwan Khan querían encontrar el mapa que escondía el paradero a una misteriosa isla al este de Sumatra. Como ninguno de sus acólitos lo logró, enviaron a Arlequín para que le sonsacase la información. Si no podían vencer a su mente, quizás con su cuerpo maltrecho bajaría su guardia y confesaría.
Esa isla era conocida como la isla de la calavera. Una isla oculta tras la espesa niebla con un muro de más de treinta metros y según cuenta la leyenda, esa isla es la prisión del gorila parlante que en nuestra lengua seria llamado, King Grood.
Igualmente, James nos relató que ya hacía varios días, un grupo de capuchas rojas y Shiwan Khan al frente, salieron de camino hacia Sumatra, tal y como le explicó Arlequín, mientras le apalizaba.
Lord Greystoke, nos contó que Shiwan Han quiere a Grood para utilizarlo en sus malvados fines respecto a las mutaciones que otorgan unos extraños minerales de color jade. Nos contó que el mapa lo tenía escondido en una falsa pared en su apartamento de Nueva York. Tras esa pared nos encontraríamos con una sala pequeña y en ella detrás de un cuadro de su familia, encontraríamos la caja fuerte donde lo ocultó entre un montón de papeles. Nos dio la combinación para poder abrirla.
- Caballeros. Cuando den con el mapa tendrán que descifrarlo, ya que está en una lengua antigua y olvidada. Ese mapa me lo entregó en persona mi buen amigo, Kid Walker. Y debo decirles, que solo él podrá descifrarlo. Encontraran al Sr.Walker en África en la isla de Bengalla.- prosiguió- Kid lo plasmó después que junto a un monje budista de origen norteamericano llamado, Jethro Dumont, encerrasen en dicha isla al gorila parlante.
Tomamos nota de la dirección del apartamento de James y memorizamos la combinación de la caja fuerte que ocultaba dicho mapa.
- Señores. Si van a Bengalla, deberán entregar esto al Sr.Walker. Sin esto, no creo que les crea que vienen de mi parte.
Lord Greystoke se sacó del dedo anular de su mano derecha, un extraño anillo con forma de calavera y nos lo entregó.
- Cuando den con él y le entreguen mi anillo, deberán decirle en la lengua bengalli, el fantasma que camina.
Esa isla era conocida como la isla de la calavera. Una isla oculta tras la espesa niebla con un muro de más de treinta metros y según cuenta la leyenda, esa isla es la prisión del gorila parlante que en nuestra lengua seria llamado, King Grood.
Igualmente, James nos relató que ya hacía varios días, un grupo de capuchas rojas y Shiwan Khan al frente, salieron de camino hacia Sumatra, tal y como le explicó Arlequín, mientras le apalizaba.
Lord Greystoke, nos contó que Shiwan Han quiere a Grood para utilizarlo en sus malvados fines respecto a las mutaciones que otorgan unos extraños minerales de color jade. Nos contó que el mapa lo tenía escondido en una falsa pared en su apartamento de Nueva York. Tras esa pared nos encontraríamos con una sala pequeña y en ella detrás de un cuadro de su familia, encontraríamos la caja fuerte donde lo ocultó entre un montón de papeles. Nos dio la combinación para poder abrirla.
- Caballeros. Cuando den con el mapa tendrán que descifrarlo, ya que está en una lengua antigua y olvidada. Ese mapa me lo entregó en persona mi buen amigo, Kid Walker. Y debo decirles, que solo él podrá descifrarlo. Encontraran al Sr.Walker en África en la isla de Bengalla.- prosiguió- Kid lo plasmó después que junto a un monje budista de origen norteamericano llamado, Jethro Dumont, encerrasen en dicha isla al gorila parlante.
Tomamos nota de la dirección del apartamento de James y memorizamos la combinación de la caja fuerte que ocultaba dicho mapa.
- Señores. Si van a Bengalla, deberán entregar esto al Sr.Walker. Sin esto, no creo que les crea que vienen de mi parte.
Lord Greystoke se sacó del dedo anular de su mano derecha, un extraño anillo con forma de calavera y nos lo entregó.
- Cuando den con él y le entreguen mi anillo, deberán decirle en la lengua bengalli, el fantasma que camina.
Capítulo V (cuarta parte)
Savage se sentó en una de las sillas plegables que estaban en la habitación de James. En mi caso, me quede en pie al lado de Albright. Price seguía con los ojos cerrados y apoyando su palma en la sien de Lord Greystoke. De pronto, Price cayó de espaldas al suelo como si hubiera sido atacado por una entidad invisible a nuestros ojos.
- Increíble!- exclamó - Es absolutamente increíble, Sr. Albright.
Se levantó de inmediato del suelo con una sonrisa que le iba de oreja a oreja. Se atuso el cabello y se frotó su barbilla, mientras nos miraba.
- Es asombroso. Nunca había encontrado una mente tan fuerte, Sr. Albright.- prosiguió - De alguna forma, Lord Greystoke ha creado cuatro bloqueadores mentales para impedir que se pueda leer su mente. En el instante que iba a desbloquear el cuarto, una gran fuerza me ha expulsado y ha evitado mantenerme conectado.- siguió relatando - Hasta ahora, como les decía he desbloqueado tres de ellos, pero para el último, visto lo visto, necesitaré algo más de tiempo.
- Me estás diciendo que Lord Greystoke puede bloquear su mente y que tu Matt, el telepata más poderoso del mundo eres incapaz de desbloquear dichos sellos?- preguntó socarradamente Albright
- No estoy diciendo eso y mucho menos llegar a afirmarlo, Sr. Albright. Lo único que digo es que necesitaré más tiempo, nada más que eso.- dijo- Es un reto. Y hacía mucho tiempo que no me encontraba ante alguien con una mente tan fuerte y poderosa.
Savage se estaba distrayendo leyendo uno de los periodicos matinales que había en una mesilla al lado de donde se había sentado. Estaba completamente absorto de lo que acaecía.
- Sr. Albright, voy a volver a empezar. Tendré que desbloquear de nuevo los sellos anteriores.
Mientras Price inició de nuevo todo el proceso, Albright se sentó en un lateral de la camilla de James y yo me senté al lado de Savage en otra silla plegable. Los minutos pasaban sin cesar y no había ningún resultado. Antes de la una de la tarde, tres segundos antes que replicaran las campanas, James volvió en si. Se despertó de pronto y emitió un grave y estruendoso grito animal.
- Por dios! - exclamó - Detente. Detente de una vez, maldito.- NOOO!.
Los ojos de James se iluminaron como dos soles que emitieron ráfagas de luz que rebotaron por toda la habitación.
- Lo hice. El cuarto sello está completamente abierto al fin.- dijo con voz solemne Price.- Al fin, lo logré Sr.Albright.
- Increíble!- exclamó - Es absolutamente increíble, Sr. Albright.
Se levantó de inmediato del suelo con una sonrisa que le iba de oreja a oreja. Se atuso el cabello y se frotó su barbilla, mientras nos miraba.
- Es asombroso. Nunca había encontrado una mente tan fuerte, Sr. Albright.- prosiguió - De alguna forma, Lord Greystoke ha creado cuatro bloqueadores mentales para impedir que se pueda leer su mente. En el instante que iba a desbloquear el cuarto, una gran fuerza me ha expulsado y ha evitado mantenerme conectado.- siguió relatando - Hasta ahora, como les decía he desbloqueado tres de ellos, pero para el último, visto lo visto, necesitaré algo más de tiempo.
- Me estás diciendo que Lord Greystoke puede bloquear su mente y que tu Matt, el telepata más poderoso del mundo eres incapaz de desbloquear dichos sellos?- preguntó socarradamente Albright
- No estoy diciendo eso y mucho menos llegar a afirmarlo, Sr. Albright. Lo único que digo es que necesitaré más tiempo, nada más que eso.- dijo- Es un reto. Y hacía mucho tiempo que no me encontraba ante alguien con una mente tan fuerte y poderosa.
Savage se estaba distrayendo leyendo uno de los periodicos matinales que había en una mesilla al lado de donde se había sentado. Estaba completamente absorto de lo que acaecía.
- Sr. Albright, voy a volver a empezar. Tendré que desbloquear de nuevo los sellos anteriores.
Mientras Price inició de nuevo todo el proceso, Albright se sentó en un lateral de la camilla de James y yo me senté al lado de Savage en otra silla plegable. Los minutos pasaban sin cesar y no había ningún resultado. Antes de la una de la tarde, tres segundos antes que replicaran las campanas, James volvió en si. Se despertó de pronto y emitió un grave y estruendoso grito animal.
- Por dios! - exclamó - Detente. Detente de una vez, maldito.- NOOO!.
Los ojos de James se iluminaron como dos soles que emitieron ráfagas de luz que rebotaron por toda la habitación.
- Lo hice. El cuarto sello está completamente abierto al fin.- dijo con voz solemne Price.- Al fin, lo logré Sr.Albright.
dilluns, 23 de febrer del 2015
Capítulo V (tercera parte)
Llegamos a la puerta de acceso para vehículos del Albright Memorial y rápidamente nos abrieron la valla. El edificio era impresionante. Albright hacia 4 años que había comprado tres manzanas de una zona industrial para poder construir el hospital. Tal y como contaron las noticias en el día de su inauguración, disponía de siete plantas para tratar distintas enfermedades o dolencias y cuatro subplantas donde se guardaban los mejores aparatos tecnológicos y quirúrgicos del mundo.
Shreevy condujo el coche por el serpenteante camino que daba fin en la misma entrada del hospital. Paró en la puerta y nos bajamos. Le pedí que aparcara el coche en el parking mismo del hospital y se fuera a esperar que bajasemos en la cafeteria.
Savage y yo nos dirigimos directamente al mostrador de recepción. Había que inscribirse en el libro de visitas, antes que te autorizasen a ir a la habitación de cualquier paciente que estuviese ingresado en él. Al otro lado del mostrador había una rubia joven y espigada con gafas de pasta.
- Sr. Almont y el Sr. Savage, verdad caballeros.
- Si, así es. Somos nosotros.- espetó Savage- Como sabe que somos nosotros, señorita?
- El Sr. Albright, nos ha dado instrucciones precisas de su llegada y una clara descripción de ustedes. También nos ha pedido que le avisaramos de su llegada, caballeros.
Albright había llegado veinte minutos antes que nosotros. Cuando llegamos a la planta donde estaban atendiendo a Lord Greystoke, vimos a Jim apoyado en la pared con sus manos en los bolsillos de su pantalón.
- Señores! Bienvenidos!
Jim abrió la puerta de la habitación. Lord Greystoke estaba conectado a múltiples aparatos de diagnostico y de control. Lo habían enyesado casi por completo, cubriéndole las partes más dañadas después de la tremenda paliza que Arlequín le propinó. El Sr.Price estaba de pie a su lado observándole, mientras apoyaba la palma de su mano en la sien de James.
Shreevy condujo el coche por el serpenteante camino que daba fin en la misma entrada del hospital. Paró en la puerta y nos bajamos. Le pedí que aparcara el coche en el parking mismo del hospital y se fuera a esperar que bajasemos en la cafeteria.
Savage y yo nos dirigimos directamente al mostrador de recepción. Había que inscribirse en el libro de visitas, antes que te autorizasen a ir a la habitación de cualquier paciente que estuviese ingresado en él. Al otro lado del mostrador había una rubia joven y espigada con gafas de pasta.
- Sr. Almont y el Sr. Savage, verdad caballeros.
- Si, así es. Somos nosotros.- espetó Savage- Como sabe que somos nosotros, señorita?
- El Sr. Albright, nos ha dado instrucciones precisas de su llegada y una clara descripción de ustedes. También nos ha pedido que le avisaramos de su llegada, caballeros.
Albright había llegado veinte minutos antes que nosotros. Cuando llegamos a la planta donde estaban atendiendo a Lord Greystoke, vimos a Jim apoyado en la pared con sus manos en los bolsillos de su pantalón.
- Señores! Bienvenidos!
Jim abrió la puerta de la habitación. Lord Greystoke estaba conectado a múltiples aparatos de diagnostico y de control. Lo habían enyesado casi por completo, cubriéndole las partes más dañadas después de la tremenda paliza que Arlequín le propinó. El Sr.Price estaba de pie a su lado observándole, mientras apoyaba la palma de su mano en la sien de James.
Capítulo V (segunda parte)
Antes que nos pudiésemos dar cuenta, Wilcox nos llamó por el interfono avisandonos que Shreevy ya había llegado a recogernos. Savage y yo, nos dirigimos hacía el ascensor. Albright tocó de nuevo su reloj y se convirtió en el Capitán Midnight ante nuestros ojos.
- Señores, si no les importa, yo utilizaré esta vez mi propio medio de transporte- dijo mientras se dirigió hacia una de las grandes ventanas del ático de Savage y la abrió.- Planta ochenta y seis, perfecto.
Se giró hacia nosotros y nos saludó haciendo un impropio saludo militar mientras esbozó una picara sonrisa y saltó al vacío. Johnny, Remmy y los demás se acercaron apresuradamente hacia la ventana. Nos miraron con ojos de plato de su asombro, era como si hubiesen visto a Superman. Nosotros en cambio, nos quedamos en nuestra posición y discernimos su figura elegante y grácil flotando en el aire en el horizonte de Manhattan.
Bajamos hacia el exterior, mientras los hombres de Savage seguían mirando la cada vez mas lejana figura de Albright. Shreevy nos estaba esperando con la puerta trasera bien abierta. Primero entré yo y luego Savage. Shreevy volteó el coche por la delantera y entró.
- Que opinion le ofrece a usted, Lamont, el Sr. Albright?
- No sé que decirle, Doc. Nos ha amenazado con ese tal Orice. Y no me gusta que me amenacen, sabe.
- Bueno Lamont, seguramente que no sea así. No creo que lo hiciese. Es más bien un tipo arrogante y altivo.
- Es cierto. No se lo permitiríamos, Doc.
- Como lo piensa hacer?
- Hay muchas maneras de enubular la mente, Doc.
Durante el trayecto, no nos dirigimos más la palabra. Miré por mi ventana y solo veía corrupción y cangrena en las calles. La ciudad olía a alcantarilla estancada en un lecho putrefacto de moribundos. Necesitaba de mejores agentes para mi causa. Es por ello que me acerqué a Savage, para ponerlo a prueba y saber si es digno del puesto que tendrá que aceptar. Lo quiero. Quiero que se una a mi causa sombría de lucha contra el mal encarnado de los hombres. Burbank no entiende porque estoy haciendo este juego infantil con Savage y sus hombres. Siempre involucro a mi futuro agente sin miramientos. Pero con Savage, debido a que es muy especial por sus cualidades innatas, debo actuar de manera diferente y con distintos métodos de análisis. Necesito superhombres únicos a mi lado. Un gran mal se acerca y cada día está mas cerca. Tengo que formar mi grupo de superhombres. Mi equipo de enmascarados. Una liga de la justicia.
- Señores, si no les importa, yo utilizaré esta vez mi propio medio de transporte- dijo mientras se dirigió hacia una de las grandes ventanas del ático de Savage y la abrió.- Planta ochenta y seis, perfecto.
Se giró hacia nosotros y nos saludó haciendo un impropio saludo militar mientras esbozó una picara sonrisa y saltó al vacío. Johnny, Remmy y los demás se acercaron apresuradamente hacia la ventana. Nos miraron con ojos de plato de su asombro, era como si hubiesen visto a Superman. Nosotros en cambio, nos quedamos en nuestra posición y discernimos su figura elegante y grácil flotando en el aire en el horizonte de Manhattan.
Bajamos hacia el exterior, mientras los hombres de Savage seguían mirando la cada vez mas lejana figura de Albright. Shreevy nos estaba esperando con la puerta trasera bien abierta. Primero entré yo y luego Savage. Shreevy volteó el coche por la delantera y entró.
- Que opinion le ofrece a usted, Lamont, el Sr. Albright?
- No sé que decirle, Doc. Nos ha amenazado con ese tal Orice. Y no me gusta que me amenacen, sabe.
- Bueno Lamont, seguramente que no sea así. No creo que lo hiciese. Es más bien un tipo arrogante y altivo.
- Es cierto. No se lo permitiríamos, Doc.
- Como lo piensa hacer?
- Hay muchas maneras de enubular la mente, Doc.
Durante el trayecto, no nos dirigimos más la palabra. Miré por mi ventana y solo veía corrupción y cangrena en las calles. La ciudad olía a alcantarilla estancada en un lecho putrefacto de moribundos. Necesitaba de mejores agentes para mi causa. Es por ello que me acerqué a Savage, para ponerlo a prueba y saber si es digno del puesto que tendrá que aceptar. Lo quiero. Quiero que se una a mi causa sombría de lucha contra el mal encarnado de los hombres. Burbank no entiende porque estoy haciendo este juego infantil con Savage y sus hombres. Siempre involucro a mi futuro agente sin miramientos. Pero con Savage, debido a que es muy especial por sus cualidades innatas, debo actuar de manera diferente y con distintos métodos de análisis. Necesito superhombres únicos a mi lado. Un gran mal se acerca y cada día está mas cerca. Tengo que formar mi grupo de superhombres. Mi equipo de enmascarados. Una liga de la justicia.
dissabte, 21 de febrer del 2015
Capítulo V (primera parte)
Jim Albright llamó desde su reloj de pulsera al hospital, donde le confirmaron el ingreso en la planta doce del Lord Greystoke. Toda la planta estaba reservada completamente para él. Dispuso a sus mejores médicos del Albright Memorial y otros de sus otros hospitales para atender a James.
Me acerqué a Shreevy y hablé con él. Le pedí que fuera a recoger nuestro coche y que nos llevara después hacia el hospital. Se colocó su chaqueta y su boina de pana y bajó por el ascensor. Cuando llegase nos avisaría Wilcox de su llegada. En cambio, Savage pidió expresamente a sus hombres que se quedaran en el ático y si los necesitaba ya les llamaría. Teníamos la esperanza que el telepata de Albright, nos pudiera dar un poco mas de luz sobre el caso y poder tener alguna pista nueva que seguir.
Mientras esperábamos a Shreevy a que llegase, Savage retomó con Ham y Long Tom la conversación sobre Black Bat.
- Entonces, como fue y como ocurrió para que perdieseis de vista a Black Bat?
Ham fue el primero en hablar.
- Mira Doc.- carraspeo- Le encontramos merodeando entre los tejados sobre las siete de la tarde en las inmedianias de Central Park. Como ya sabemos, casi siempre actúa por esa zona o en Hell's Kitchen, New Jersey o el East End.- prosiguió- Empezamos la búsqueda en Jersey y dimos con él. A pesar de la lluvia, pudimos seguirle a través del puente de Brooklyn. Era como una serpiente moviéndose entre la maleza, pero la diferencia es que él lo hace a través de los cables.
- Parece un funanbulista, os lo digo.- dijo Long Tom.
- Tuvimos suerte. - dijo Ham, mientras procedía a seguir su relato- Pasado el puente se fue moviendo por los tejados en zig-zag. Creemos que sabia que lo estábamos siguiendo. Además, a pesar de zigzaguear y sus movimientos erráticos, todo apuntaba que iba hacia el puerto.
- Y entonces, desapareció sin más.- intervino Long Tom.-Fue en ese instante cuando le pedí a Ham que se detuviese con el coche, y me esperase mientras subía a encontrarlo en los tejados.
Savage miró a Long Tom.
- Y que pasó?
- Poca cosa, Doc. El tipo es Houdini, te lo juro. Subí por las escaleras de incendio de detrás del edificio y no encontré nada, ni una pista en absoluto.- siguió- Salté hacia varios tejados cercanos en diferentes direcciones, pero obtuve el mismo resultado. Nada.
- Entonces, Long Tom volvió a mi posición y decidimos poner fin al juego del gato y el ratón y volvimos hacia aquí. No encontramos ni huellas, ni rastros de tejido, nada.
- Es muy bueno, Doc.- afirmó Long Tom- Casi tan bueno como La Sombra, sin duda.
Me acerqué a Shreevy y hablé con él. Le pedí que fuera a recoger nuestro coche y que nos llevara después hacia el hospital. Se colocó su chaqueta y su boina de pana y bajó por el ascensor. Cuando llegase nos avisaría Wilcox de su llegada. En cambio, Savage pidió expresamente a sus hombres que se quedaran en el ático y si los necesitaba ya les llamaría. Teníamos la esperanza que el telepata de Albright, nos pudiera dar un poco mas de luz sobre el caso y poder tener alguna pista nueva que seguir.
Mientras esperábamos a Shreevy a que llegase, Savage retomó con Ham y Long Tom la conversación sobre Black Bat.
- Entonces, como fue y como ocurrió para que perdieseis de vista a Black Bat?
Ham fue el primero en hablar.
- Mira Doc.- carraspeo- Le encontramos merodeando entre los tejados sobre las siete de la tarde en las inmedianias de Central Park. Como ya sabemos, casi siempre actúa por esa zona o en Hell's Kitchen, New Jersey o el East End.- prosiguió- Empezamos la búsqueda en Jersey y dimos con él. A pesar de la lluvia, pudimos seguirle a través del puente de Brooklyn. Era como una serpiente moviéndose entre la maleza, pero la diferencia es que él lo hace a través de los cables.
- Parece un funanbulista, os lo digo.- dijo Long Tom.
- Tuvimos suerte. - dijo Ham, mientras procedía a seguir su relato- Pasado el puente se fue moviendo por los tejados en zig-zag. Creemos que sabia que lo estábamos siguiendo. Además, a pesar de zigzaguear y sus movimientos erráticos, todo apuntaba que iba hacia el puerto.
- Y entonces, desapareció sin más.- intervino Long Tom.-Fue en ese instante cuando le pedí a Ham que se detuviese con el coche, y me esperase mientras subía a encontrarlo en los tejados.
Savage miró a Long Tom.
- Y que pasó?
- Poca cosa, Doc. El tipo es Houdini, te lo juro. Subí por las escaleras de incendio de detrás del edificio y no encontré nada, ni una pista en absoluto.- siguió- Salté hacia varios tejados cercanos en diferentes direcciones, pero obtuve el mismo resultado. Nada.
- Entonces, Long Tom volvió a mi posición y decidimos poner fin al juego del gato y el ratón y volvimos hacia aquí. No encontramos ni huellas, ni rastros de tejido, nada.
- Es muy bueno, Doc.- afirmó Long Tom- Casi tan bueno como La Sombra, sin duda.
Interludio III
La hermandad de las Capuchas Rojas salieron en masa de sus madrigueras fuertemente armados en busca de los culpables de la explosión. Sabían que tenían poco tiempo antes de que llegasen las primeras unidades policiales. Seguí parapetado detrás del contenedor junto la bella y joven mujer. Saqué mis cuarenta y cinco de sus pistoleras. Ese escondide fortuito no iba a darme toda la protección o ventaja que desearía durante mucho tiempo mas.
De una de las esquinas del almacén aparecieron dos capuchas portando unas escopetas. Iban caminando despacio y se dirigían peligrosamente a mi posición. Asome mi cabeza el tiempo justo para analizar la situación. Estaban flanqueando ambos costados, para así evitar cualquier intento de fuga. Eran como serpientes de cascabel a punto de atacar. Oía el latir bombeante de sus corazones con una claridad absoluta. Estaban inquietos y con miedo. Olía su miedo.
La oscuridad del callejón donde me encontraba me daba cierta ventaja sobre ellos. No podía ser descubierto y que pudieran alertar a sus otros compañeros. Aún llovía con bastante fuerza y los relámpagos lejanos traían truenos como sonatas de trompetas del fin del mundo. Cerré los ojos y me concentre. Sus pasos eran palmadas en la noche. Se acercaban cada vez mas. Tenía que actuar. Debía de tomar una decisión. En ese instante cayó un relámpago. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Trueno.
La luz se hizo de nuevo. Uno. Dos.Tres.Cuatro. Me levanté rápidamente, tenia los segundos contados. Les apunté. No tuvieron tiempo para reaccionar. Al llevar esos cascos cilíndricos en su cabeza, solo tenía un lugar preciso para disparar y no fallar. Realicé dos únicos disparos que impactaron mudos en el trueno. Sus jugulares fueron perforadas de extremo a extremo. Cayeron fulminados sin emitir ningún ruido al suelo mojado del callejón.
Enfunde mis pistolas y agarré con fuerza el cuerpo de la joven, sin antes cubrirla con mi capa para que no se mojase. La cargué a pulso sobre mi espalda y empecé a caminar. Los ruidos de las sirenas ya se oían a lo lejos. Fui serpenteando los almacenes contiguos con sumo cuidado hasta dar con el callejón del almacén cuatro donde había escondido mi coche para poder huir. Dejé el cuerpo de la joven en la parte trasera, acomodándola de la mejor manera posible y la volví a tapar con mi capa a modo de manta. Encendí el motor y active la calefacción del coche. Cogí un atajo de una de las calles colindantes al puerto y me dirigí velozmente a mi escondite secreto.
De una de las esquinas del almacén aparecieron dos capuchas portando unas escopetas. Iban caminando despacio y se dirigían peligrosamente a mi posición. Asome mi cabeza el tiempo justo para analizar la situación. Estaban flanqueando ambos costados, para así evitar cualquier intento de fuga. Eran como serpientes de cascabel a punto de atacar. Oía el latir bombeante de sus corazones con una claridad absoluta. Estaban inquietos y con miedo. Olía su miedo.
La oscuridad del callejón donde me encontraba me daba cierta ventaja sobre ellos. No podía ser descubierto y que pudieran alertar a sus otros compañeros. Aún llovía con bastante fuerza y los relámpagos lejanos traían truenos como sonatas de trompetas del fin del mundo. Cerré los ojos y me concentre. Sus pasos eran palmadas en la noche. Se acercaban cada vez mas. Tenía que actuar. Debía de tomar una decisión. En ese instante cayó un relámpago. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Trueno.
La luz se hizo de nuevo. Uno. Dos.Tres.Cuatro. Me levanté rápidamente, tenia los segundos contados. Les apunté. No tuvieron tiempo para reaccionar. Al llevar esos cascos cilíndricos en su cabeza, solo tenía un lugar preciso para disparar y no fallar. Realicé dos únicos disparos que impactaron mudos en el trueno. Sus jugulares fueron perforadas de extremo a extremo. Cayeron fulminados sin emitir ningún ruido al suelo mojado del callejón.
Enfunde mis pistolas y agarré con fuerza el cuerpo de la joven, sin antes cubrirla con mi capa para que no se mojase. La cargué a pulso sobre mi espalda y empecé a caminar. Los ruidos de las sirenas ya se oían a lo lejos. Fui serpenteando los almacenes contiguos con sumo cuidado hasta dar con el callejón del almacén cuatro donde había escondido mi coche para poder huir. Dejé el cuerpo de la joven en la parte trasera, acomodándola de la mejor manera posible y la volví a tapar con mi capa a modo de manta. Encendí el motor y active la calefacción del coche. Cogí un atajo de una de las calles colindantes al puerto y me dirigí velozmente a mi escondite secreto.
divendres, 20 de febrer del 2015
Capítulo IV (tercera parte)
Albright se tomó un respiro y nos contó lo que en parte habíamos leído en los periódicos. Como colaborador del Gobierno de los Estados Unidos, cuando se propuso alistarse en el ejercito, el mismísimo Presidente dio orden expresa de rechazarlo. Él en cambio, en vez de aceptarlo se rebeló. Se recluyó en sus instalaciones y diseño y fabrico el traje de Midnight. Hizo creer que Midnight era otra persona, dejándole el rol a un buen amigo suyo, un sargento de marina. También, nos relató que su amigo a día de hoy tiene un traje similar, aunque imperfecto, ya que el ejercito no supo descifrar sus diseños. Albright tomó una bocanada de aire antes de continuar.
- Caballeros, si alguna vez cuentan mi secreto, el Sr.Price les hará una visita y se pasarán el resto de su vida pensando que son unas niñas de siete años con coletas, como siempre dice mi amigo Charles Xavier.
Savage y yo, nos alegramos de poder contar con él en nuestra investigación. Debíamos hablar con James, seguramente por el trauma y shock habría algo que no nos hubiera contado aún. Teníamos dos opciones; hablar con James o perseguir a ciegas al Arlequín y cuando lo capturasemos, sacarle toda la información posible interrogándolo.
Albright, nos ofreció la inestimable ayuda de Price, ya que podría entrar en la mente de James con facilidad. Jim volvió a accionar el botón de su reloj. El traje de Midnight desapareció y volvió a aparecer el traje de calle con el que había venido. Savage se incorporó y se dirigió hacia Ham y Long Tom.
- Ham. Long Tom.-dijo- Chicos, con todo esto, no os he podido preguntar por la investigación del paradero de Black Bat.
- Lo perdimos, Doc. Nos dio esquinazo. Es muy hábil, sin duda, desapareció como un fantasma.- dijo Long Tom.
- Caballeros, si alguna vez cuentan mi secreto, el Sr.Price les hará una visita y se pasarán el resto de su vida pensando que son unas niñas de siete años con coletas, como siempre dice mi amigo Charles Xavier.
Savage y yo, nos alegramos de poder contar con él en nuestra investigación. Debíamos hablar con James, seguramente por el trauma y shock habría algo que no nos hubiera contado aún. Teníamos dos opciones; hablar con James o perseguir a ciegas al Arlequín y cuando lo capturasemos, sacarle toda la información posible interrogándolo.
Albright, nos ofreció la inestimable ayuda de Price, ya que podría entrar en la mente de James con facilidad. Jim volvió a accionar el botón de su reloj. El traje de Midnight desapareció y volvió a aparecer el traje de calle con el que había venido. Savage se incorporó y se dirigió hacia Ham y Long Tom.
- Ham. Long Tom.-dijo- Chicos, con todo esto, no os he podido preguntar por la investigación del paradero de Black Bat.
- Lo perdimos, Doc. Nos dio esquinazo. Es muy hábil, sin duda, desapareció como un fantasma.- dijo Long Tom.
Capítulo IV (segunda parte)
Jim Albright cumplió lo prometido. En cincuenta minutos exactos llegó al edificio. Wilcox, el conserje, nos llamó desde el interfono interior de la planta baja informándonos de su llegada. Una legión de médicos y infermeras salieron del interior del ascensor. Rápidamente se hicieron con el Lord Greystoke y lo prepararon para el traslado al Albright Memorial Hospital. Nos despedimos de él y nos quedamos con Albright, después que este tuviera unas cortas palabras con James. Cuando se fueron, nos quedamos a solas con el Sr. Albright.
- Señores. Diganme que es lo que ocurrió. Toda la verdad, se los ruego- dijo, mientras se sentaba en uno de los sillones.
Albright nos convidó a sentarnos frente si. De mientras, los hombres de Savage siguieron volviendo a retomar los muebles, para dejarlos de igual forma anteriormente a la llegada del Lord Greystoke. Savage y yo, nos acomodamos.
- Mire Albright. Agradecemos su ayuda, pero permitame, no se lo tome mal Lamont, pero usted no es más que otro ricachon como el Sr. Cranston.-dijo Savage con dureza y serenidad en su bronzinio rostro.
Albright hizo una señal con su mano a alguien que se encontraba detrás de nosotros.
- Antes de todo, caballeros. Dejenme presentarles a mi socio y amigo, el Sr. Price, Matt Price.
Entre todos los acompañantes que vinieron junto a Albright, hubo uno que llamó mi atención. Era un joven bien vestido con complexión atlética de ojos azules y pelo rubio. Price se acercó a Albright y se quedo de pie a su lado.
- No se preocupen, caballeros. El Sr. Price, no es ningún peligro, a no ser que lo provoquen, claro esta.
Antes de que pudiera darme cuenta, presentí una presencia en mi mente. Fue fugaz como un destello de una estrella fugaz. Pude bloquear esa señal rápidamente.
- Sr. Cranston, es usted una persona muy interesante, lo sabe.- dijo Price- Pero no se inquiete, guardaré silencio, no se preocupe.
Albright nos relató que Price era el mayor y mas poderoso telepata y telequinetico de la tierra y, que siempre va con él dondequiera que vaya. Le servía de interrogador y para prevenirle de posibles ataques hacía él. En ese instante, empezamos a relatarle todo lo acaecido hasta ese instante. Albright miró a Price. Este asistió con la cabeza.
- De acuerdo, caballeros. Quiero participar en esto con ustedes.
Savage me miró de reojo sorprendido. No entendíamos a que se podría referir, a no ser que nos ofreciese la ayuda del Capitán Midnight, claro.
- Caballeros. Conocen al Capitán Midnight?- preguntó Albright.
- Si, Sr. Albright, leemos los periódicos y escuchamos los boletines informativos de la radio.- proseguí- Nos va a ofrecer la ayuda del Capitán?
Albright le pidió a Price que se fuera, le dijo que se encargara del Lord Greystoke. Cuando Price bajó por el ascensor, Albright se levantó de su sillón.
- Pues bien, caballeros...
Accionó un botón de su elegante reloj de oro de su muñeca y de pronto su elegante traje pareció desvanecerse ante nuestros ojos y en su lugar comenzó a discernirse el vestido del Capitán Midnight.
- Sorprendidos, caballeros?
- Señores. Diganme que es lo que ocurrió. Toda la verdad, se los ruego- dijo, mientras se sentaba en uno de los sillones.
Albright nos convidó a sentarnos frente si. De mientras, los hombres de Savage siguieron volviendo a retomar los muebles, para dejarlos de igual forma anteriormente a la llegada del Lord Greystoke. Savage y yo, nos acomodamos.
- Mire Albright. Agradecemos su ayuda, pero permitame, no se lo tome mal Lamont, pero usted no es más que otro ricachon como el Sr. Cranston.-dijo Savage con dureza y serenidad en su bronzinio rostro.
Albright hizo una señal con su mano a alguien que se encontraba detrás de nosotros.
- Antes de todo, caballeros. Dejenme presentarles a mi socio y amigo, el Sr. Price, Matt Price.
Entre todos los acompañantes que vinieron junto a Albright, hubo uno que llamó mi atención. Era un joven bien vestido con complexión atlética de ojos azules y pelo rubio. Price se acercó a Albright y se quedo de pie a su lado.
- No se preocupen, caballeros. El Sr. Price, no es ningún peligro, a no ser que lo provoquen, claro esta.
Antes de que pudiera darme cuenta, presentí una presencia en mi mente. Fue fugaz como un destello de una estrella fugaz. Pude bloquear esa señal rápidamente.
- Sr. Cranston, es usted una persona muy interesante, lo sabe.- dijo Price- Pero no se inquiete, guardaré silencio, no se preocupe.
Albright nos relató que Price era el mayor y mas poderoso telepata y telequinetico de la tierra y, que siempre va con él dondequiera que vaya. Le servía de interrogador y para prevenirle de posibles ataques hacía él. En ese instante, empezamos a relatarle todo lo acaecido hasta ese instante. Albright miró a Price. Este asistió con la cabeza.
- De acuerdo, caballeros. Quiero participar en esto con ustedes.
Savage me miró de reojo sorprendido. No entendíamos a que se podría referir, a no ser que nos ofreciese la ayuda del Capitán Midnight, claro.
- Caballeros. Conocen al Capitán Midnight?- preguntó Albright.
- Si, Sr. Albright, leemos los periódicos y escuchamos los boletines informativos de la radio.- proseguí- Nos va a ofrecer la ayuda del Capitán?
Albright le pidió a Price que se fuera, le dijo que se encargara del Lord Greystoke. Cuando Price bajó por el ascensor, Albright se levantó de su sillón.
- Pues bien, caballeros...
Accionó un botón de su elegante reloj de oro de su muñeca y de pronto su elegante traje pareció desvanecerse ante nuestros ojos y en su lugar comenzó a discernirse el vestido del Capitán Midnight.
- Sorprendidos, caballeros?
Capitulo IV (primera parte)
Hacía un año y medio que me empezaron a llegar noticias de Arlequín de los bajos fondos de Nueva York. Su nombre o su paradero es aún un completo misterio. Sabe bien como esconderse, incluso de La Sombra. Lo que si sé, es que era un ladrón de poca monta que se unió a los Antonelli, cuando Sam Giamatti lo fichó. No queda el porqué consiguió subir peldaños dentro de la organización criminal. Eso si, su apodo según me han confirmado, es por su manía de recitar chistes macabros y bromas suicidas, mientras apaliza a alguien o va a asesinarlo. También, porque le gusta ir vestido de blanco y negro.
Pasaron cuarenta y ocho horas desde que estuvimos cuidando a James, Lord Greystoke. Tuvo una fuerte mejora respecto a horas anteriores, pero los cuidados paliativos; entablillados y vendas no eran suficientemente buenas. No surgieron el efecto deseado. Entonces, Savage y yo hablamos de trasladarlo finalmente a un hospital cercano, pero como habíamos previsto, eso nos complicaría mucho las cosas. Además, no sabíamos si la hermandad tendría o no agentes encubiertos. Y si nos descubrían, solo era sumar uno más uno. Nos acercamos a James y le preguntamos si tenia a alguien de confianza para preparar su traslado, sin levantar ninguna sospecha. Nos dijo que podíamos llamar a las oficinas de las Industrias Albright.
Teníamos que preguntar por Jim Albright. Albright era un multimillonario que es conocido por tener una de las mentes más privilegiadas de nuestro tiempo rivalizando con Savage. Incluso, el gobierno desestimó su intención de alistarse a filas por su valía. Y en cambio, puso todo su empeño y creo un traje militar especial. El gobierno lo desestimó y ahora hay alguien por allí, un amigo suyo que lo utiliza. Se hace llamar Capitán Midnight. A su lado, en poder económico y propiedades, los Wayne aún les queda mucho camino por recorrer.
Le comentamos a James que si llamábamos nosotros, lo más seguro es que nos tomase por unos bromistas, así que le pedimos que fuera él quien le llamara. Tuvieron una charla acalorada, ya que Albright no creía a James. Al rato, comprobó que estaba diciendo la verdad. James lo citó en el ático de Savage. Llegaría aproximadamente en cincuenta minutos. Vendría con todo lo necesario para trasladarlo de urgencia al Albright Memorial Hospital.
Pasaron cuarenta y ocho horas desde que estuvimos cuidando a James, Lord Greystoke. Tuvo una fuerte mejora respecto a horas anteriores, pero los cuidados paliativos; entablillados y vendas no eran suficientemente buenas. No surgieron el efecto deseado. Entonces, Savage y yo hablamos de trasladarlo finalmente a un hospital cercano, pero como habíamos previsto, eso nos complicaría mucho las cosas. Además, no sabíamos si la hermandad tendría o no agentes encubiertos. Y si nos descubrían, solo era sumar uno más uno. Nos acercamos a James y le preguntamos si tenia a alguien de confianza para preparar su traslado, sin levantar ninguna sospecha. Nos dijo que podíamos llamar a las oficinas de las Industrias Albright.
Teníamos que preguntar por Jim Albright. Albright era un multimillonario que es conocido por tener una de las mentes más privilegiadas de nuestro tiempo rivalizando con Savage. Incluso, el gobierno desestimó su intención de alistarse a filas por su valía. Y en cambio, puso todo su empeño y creo un traje militar especial. El gobierno lo desestimó y ahora hay alguien por allí, un amigo suyo que lo utiliza. Se hace llamar Capitán Midnight. A su lado, en poder económico y propiedades, los Wayne aún les queda mucho camino por recorrer.
Le comentamos a James que si llamábamos nosotros, lo más seguro es que nos tomase por unos bromistas, así que le pedimos que fuera él quien le llamara. Tuvieron una charla acalorada, ya que Albright no creía a James. Al rato, comprobó que estaba diciendo la verdad. James lo citó en el ático de Savage. Llegaría aproximadamente en cincuenta minutos. Vendría con todo lo necesario para trasladarlo de urgencia al Albright Memorial Hospital.
dijous, 19 de febrer del 2015
Interludio II
Aparque el Buick a unas tres manzanas de mi apartamento. No era un modelo de durase mucho en Hell's Kitchen, si lo dejaba a plena vista. El barrio es para supervivientes, esos que nos conformamos con el regalo de vivir otro día más. Aún me dolían los nudillos por culpa del puño americano con el que atice a ese tipo en los sótanos del almacén de la hermandad. El tipo no entendía mis chistes, por lo que se ve, ya que no sonrió en ningún instante. Puse todo mi empeño y no obtuve resultado. Eso si, disfruté rajandolo a base de pequeños y precisos cortes con mi navaja. La hermandad me dijo que por una noche dejase mi .32, en su sitio. En fin, tuve que usar una barra de hierro que había por allí para partirle la pierna y el brazo.
La hermandad siempre me encarga todo el trabajo sucio que se niegan en poner en práctica. En este caso, el tipo no quería colaborar con la hermandad y con nuestro mentor, el extraño y ridículo indio o chino, Shiwan Khan. En realidad, no me importa hacer estos trabajitos si me pagan, ya que no me importan las tonterías de los mandamáses de la hermandad. Me llaman y voy. Aunque hace dos años en la misión pasado el rio, casi acaban con mi vida. Al menos, me quedé con el Buick.
Me fijé que se habían manchado de sangre mi chaqueta y pantalones blancos, al igual que mis zapatos de piel de color negro. Eso me cabreó de mala manera.
Llegué a casa y comprobé que mi compañero de piso estaba estirado en el sillón oyendo una retransmisión de un partido de baloncesto de la costa oeste. Comía patatas fritas y bebía una lata de cerveza. Llevaba una camiseta interior y unos calzoncillos. Le saludé amigablemente, mientras abrí una ventana para remover el aire enrarecido de la habitación. Me dirigí entonces a la cocina y me saqué mi chaqueta. Rebusque mi jabón del bulevar y empecé a rastregarla para sacar las manchas de sangre. No se iban y eso que el jabón es de primera y otras veces a funcionado a la perfección. Me cansé de rastregar y la tiré directamente a la basura.
Salí al comedor y me subí las mangas de mi camisa de seda negra hasta los codos y me acerque a Willy.
- Como va el partido, Willy?
- Una mierda!- exclamó- He apostado cincuenta pavos y estos inútiles no encestán ni una.
- Esto te pasa por apostar por los Angeles, idiota. Deberías haber apostado por Cleveland, tarugo. Ya sabes, Cleveland siempre gana.
Reí por dentro hasta descojonarme por completo del paleto. Dejé lloriqueando y blasfemando a Willy cuando me dirigía a mi habitación. Me senté en el margen de mi cama y me descalcé, lanzándolos al fondo de mi habitación. Me saqué los pantalones manchados de sangre y me estire encima de la cama, con más brazos en cruz detrás de mi cabeza a modo de cojín. Me dormí.
- Joe. Joe, ven aquí! Rápido!
Me levanté de sopeton y sali como una exhalación. Estaba completamente adormilado. Saqué mi .32.
- Cuantas veces te tengo que decir que mi nombre es Arlequín. Arlequín y no Joe, joder! Que cojones pasa?
- Escucha lo que dicen en la radio. Creo que es donde a veces vas a trabajar.
En las noticias estaban diciendo mientras el partido estaba en un descanso, que había habido una deflagración en el puerto, en unos de sus almacenes. En concreto, en el almacén numero trece.
La hermandad siempre me encarga todo el trabajo sucio que se niegan en poner en práctica. En este caso, el tipo no quería colaborar con la hermandad y con nuestro mentor, el extraño y ridículo indio o chino, Shiwan Khan. En realidad, no me importa hacer estos trabajitos si me pagan, ya que no me importan las tonterías de los mandamáses de la hermandad. Me llaman y voy. Aunque hace dos años en la misión pasado el rio, casi acaban con mi vida. Al menos, me quedé con el Buick.
Me fijé que se habían manchado de sangre mi chaqueta y pantalones blancos, al igual que mis zapatos de piel de color negro. Eso me cabreó de mala manera.
Llegué a casa y comprobé que mi compañero de piso estaba estirado en el sillón oyendo una retransmisión de un partido de baloncesto de la costa oeste. Comía patatas fritas y bebía una lata de cerveza. Llevaba una camiseta interior y unos calzoncillos. Le saludé amigablemente, mientras abrí una ventana para remover el aire enrarecido de la habitación. Me dirigí entonces a la cocina y me saqué mi chaqueta. Rebusque mi jabón del bulevar y empecé a rastregarla para sacar las manchas de sangre. No se iban y eso que el jabón es de primera y otras veces a funcionado a la perfección. Me cansé de rastregar y la tiré directamente a la basura.
Salí al comedor y me subí las mangas de mi camisa de seda negra hasta los codos y me acerque a Willy.
- Como va el partido, Willy?
- Una mierda!- exclamó- He apostado cincuenta pavos y estos inútiles no encestán ni una.
- Esto te pasa por apostar por los Angeles, idiota. Deberías haber apostado por Cleveland, tarugo. Ya sabes, Cleveland siempre gana.
Reí por dentro hasta descojonarme por completo del paleto. Dejé lloriqueando y blasfemando a Willy cuando me dirigía a mi habitación. Me senté en el margen de mi cama y me descalcé, lanzándolos al fondo de mi habitación. Me saqué los pantalones manchados de sangre y me estire encima de la cama, con más brazos en cruz detrás de mi cabeza a modo de cojín. Me dormí.
- Joe. Joe, ven aquí! Rápido!
Me levanté de sopeton y sali como una exhalación. Estaba completamente adormilado. Saqué mi .32.
- Cuantas veces te tengo que decir que mi nombre es Arlequín. Arlequín y no Joe, joder! Que cojones pasa?
- Escucha lo que dicen en la radio. Creo que es donde a veces vas a trabajar.
En las noticias estaban diciendo mientras el partido estaba en un descanso, que había habido una deflagración en el puerto, en unos de sus almacenes. En concreto, en el almacén numero trece.
Capítulo III (tercera parte)
Me hicieron reclinar en una improvisada camilla hecha a base de una silla de madera reclinable. Estuve más de dos horas estirado al lado de Lord Greystoke, hasta que los niveles, según los controles periódicos que realizaba Savage, confirmaron que ya mi sangre no era necesaria. Me convidó a estar estirado unos minutos para evitar que me marease al incorporarme. Horas antes, mientras preparaban los instrumentos para realizar la transfusión, le entablillaron la pierna y su brazo y, a su vez le colocaron ventas compresivas en su homoplato y pecho. Lo que más nos interesaba era que recuperase su consciencia y si los entablillados y vendas no surgían efecto positivo, nos planteariamos llamar a urgencias medicas para trasladarlo al hospital. Pero antes de todo eso, debíamos poder averiguar lo máximo posible de los porqués de su cautiverio a manos de la familia Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas, que es como se denominaban ellos, tal y como habíamos descubierto recientemente y, descubrir la identidad del sujeto que lo había dejado en ese estado tan lamentable o las intenciones que Shiwan Han planeaba.
Once minutos antes de la medianoche, Lord Greystoke abrió los ojos. Parecía completamente desconcertado. No sabía donde se encontraba. Savage y Johnny tuvieron que agarrarle fuertemente para que no se arrancase las vías.
- Donde demonios estoy? Quienes son ustedes? No pienso decirles nada...na...
Cayó fulminado en estado de inconsciencia por completo.
Acordamos realizar turnos de vigilancia para controlar su estado, ritmo cardiaco y catéter. Debíamos descansar después de tan agitada y frenética noche llena de incidentes y misterios que resolver.
A la mañana siguiente sobre las nueve, Lord Greystoke volvió en si y se despertó. Ham le trajo un café recién hecho. No estaba muy caliente, pero cuando realizó unos sorbos, parecía que le ardiese la garganta como el mismísimo infierno.
- No sé quienes son, pero todo apunta a que les de las gracias. Si quisieran hacerme daño, no se hubieran tomado tantas molestias en auxiliarme.
- No hay de que, Lord Greystoke- dije mientras me acerque hacia él.
James deposito el vaso de café en una mesita repleta de instrumental médico que se encontraba a su izquierda. Dicho gesto incomodó a sus costillas. Se llevó su mano libre al pecho, emitiendo un gruñido casi animal.
- Como me ha reconocido, Sr...?
- Cranston. Lamont Cranston. Le vi en las portadas de los diarios. Se podía leer en grandes titulares: El rey de los monos invade la Gran Manzana.
Lord Greystoke rió con bravura. Rió con tanta fuerza que empezó a ahogarse y tosió.
- Me resulta chocante. Fuera de Inglaterra o de África, no creía que fuese tan conocido.
Le contamos que lo habíamos encontrando cautivo en un almacén del puerto de Nueva York. Que los que lo mantenían encerrado era una familia de la mafia neoyorquina, las Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas, como habíamos descubierto que así mismo se llamaban. También, le contamos que Shiwan Khan estaba detrás de su rapto, aunque no sabíamos sus intenciones con él. James trató de incorporarse. Le recline la camilla y acomode su almohada.
- Antes de todo, Lord Greystoke. Quien le hizo esto?
James bajo su mirada y luego ladeó su cabeza mirando hacia las grandes ventanas del ático de Savage.
- Antes de perder la consciencia y desmayarme a causa de los golpes y cortes de navaja, me dijo que se llamaba Arlequín.
Once minutos antes de la medianoche, Lord Greystoke abrió los ojos. Parecía completamente desconcertado. No sabía donde se encontraba. Savage y Johnny tuvieron que agarrarle fuertemente para que no se arrancase las vías.
- Donde demonios estoy? Quienes son ustedes? No pienso decirles nada...na...
Cayó fulminado en estado de inconsciencia por completo.
Acordamos realizar turnos de vigilancia para controlar su estado, ritmo cardiaco y catéter. Debíamos descansar después de tan agitada y frenética noche llena de incidentes y misterios que resolver.
A la mañana siguiente sobre las nueve, Lord Greystoke volvió en si y se despertó. Ham le trajo un café recién hecho. No estaba muy caliente, pero cuando realizó unos sorbos, parecía que le ardiese la garganta como el mismísimo infierno.
- No sé quienes son, pero todo apunta a que les de las gracias. Si quisieran hacerme daño, no se hubieran tomado tantas molestias en auxiliarme.
- No hay de que, Lord Greystoke- dije mientras me acerque hacia él.
James deposito el vaso de café en una mesita repleta de instrumental médico que se encontraba a su izquierda. Dicho gesto incomodó a sus costillas. Se llevó su mano libre al pecho, emitiendo un gruñido casi animal.
- Como me ha reconocido, Sr...?
- Cranston. Lamont Cranston. Le vi en las portadas de los diarios. Se podía leer en grandes titulares: El rey de los monos invade la Gran Manzana.
Lord Greystoke rió con bravura. Rió con tanta fuerza que empezó a ahogarse y tosió.
- Me resulta chocante. Fuera de Inglaterra o de África, no creía que fuese tan conocido.
Le contamos que lo habíamos encontrando cautivo en un almacén del puerto de Nueva York. Que los que lo mantenían encerrado era una familia de la mafia neoyorquina, las Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas, como habíamos descubierto que así mismo se llamaban. También, le contamos que Shiwan Khan estaba detrás de su rapto, aunque no sabíamos sus intenciones con él. James trató de incorporarse. Le recline la camilla y acomode su almohada.
- Antes de todo, Lord Greystoke. Quien le hizo esto?
James bajo su mirada y luego ladeó su cabeza mirando hacia las grandes ventanas del ático de Savage.
- Antes de perder la consciencia y desmayarme a causa de los golpes y cortes de navaja, me dijo que se llamaba Arlequín.
dimecres, 18 de febrer del 2015
Capítulo III (segunda parte)
Cuando llegamos a la planta ochenta y seis, el hombre que Savage me presentó como Long Tom estaba colocando una camilla en el lugar donde anteriormente se encontraba la mesita donde dejé mi vaso de whisky. Shreevy y Johnny dejaron con suavidad encima de ella el cuerpo del Lord Greystoke. Long Tom les convido a retirarse con la mano. Savage se ofreció a ayudar a Long Tom. Sabía que ambos eran grandes expertos en sus campos correspondientes en anatomía humana y medicina, más concretamente en traumatología, por ejemplo. Tenía dudas si entre los dos podrían hacer algo con James con tan pocas condiciones sanitarias y equipamiento; me equivoqué.
Savage utilizó con destreza y maestría unas tijeras quirúrgicas y cortó de manera profesional las perneras y chaleco del Lord Greystoke. Long Tom, indicó a Ham, que era el otro compañero de Savage que aún no nos habían presentado como es debido, que trajera un extraño aparato de una habitación del fondo. Parecía un televisor, sin duda, pero no lo era en absoluto. Ese utensilio hizo diversas instantáneas en diversas zonas del cuerpo de James. De una bandeja lateral, surgieron fotografías de gran calidad. Savage y Ham las observaron detenidamente. Las dejaron encima de uno de los sillones y nos miraron.
- Harry, trae uno de los cateters y algunas bolsas de insulina, por favor.-dijo Savage con urgencia en su voz. En un siantamen, llegó con todo el material que le había requerido Savage. Colocó las bolsas colgadas en el perchero, utilizado a modo de cuentagotas de urgencia y le encontró una vía para insuflarme la insulina. En las bolsas se podía leer: INS(HUGO:6081).
El utensilio que anteriormente lo utilizaron a modo de cámara, lo voltearon y presionaron unos botones del costado. Salieron dos cables con toma. Se los colocaron por el cuerpo del Lord y subieron el volumen. Se había convertido en un medidor cardíaco.
- Señores. Lord Greystoke ha perdido mucha sangre. Tiene la mandíbula rota. La rodilla izquierda maltrecha. El fémur izquierdo roto. Clavicula derecha partida y tres costillas fracturadas.- prosiguió- Por suerte, una de las costillas fracturadas no ha perforado su pulmón por escasos centímetros, sino, no habríamos podido hacer nada para salvar su vida.
- Ham, has evaluado ya el grupo sanguíneo del Lord?- pregunto Long Tom.
- Si. Es B positivo.
- Tenemos plasma de ese grupo?
- No, no tenemos ni una sola gota.
- Ni, universal?
- No.
-Maldicion!- exclamó golpeando la camilla Savage.
Me quité la gabardina y el chaleco. Deposité mi sombrero de copa en el sillón que tenia mas cerca. Me arremangue mi manga de mi brazo derecho y me acerqué a ellos.
- Señores, Lord Greystoke está de suerte. Donde quieren que me coloque para la transfusión?.
Savage utilizó con destreza y maestría unas tijeras quirúrgicas y cortó de manera profesional las perneras y chaleco del Lord Greystoke. Long Tom, indicó a Ham, que era el otro compañero de Savage que aún no nos habían presentado como es debido, que trajera un extraño aparato de una habitación del fondo. Parecía un televisor, sin duda, pero no lo era en absoluto. Ese utensilio hizo diversas instantáneas en diversas zonas del cuerpo de James. De una bandeja lateral, surgieron fotografías de gran calidad. Savage y Ham las observaron detenidamente. Las dejaron encima de uno de los sillones y nos miraron.
- Harry, trae uno de los cateters y algunas bolsas de insulina, por favor.-dijo Savage con urgencia en su voz. En un siantamen, llegó con todo el material que le había requerido Savage. Colocó las bolsas colgadas en el perchero, utilizado a modo de cuentagotas de urgencia y le encontró una vía para insuflarme la insulina. En las bolsas se podía leer: INS(HUGO:6081).
El utensilio que anteriormente lo utilizaron a modo de cámara, lo voltearon y presionaron unos botones del costado. Salieron dos cables con toma. Se los colocaron por el cuerpo del Lord y subieron el volumen. Se había convertido en un medidor cardíaco.
- Señores. Lord Greystoke ha perdido mucha sangre. Tiene la mandíbula rota. La rodilla izquierda maltrecha. El fémur izquierdo roto. Clavicula derecha partida y tres costillas fracturadas.- prosiguió- Por suerte, una de las costillas fracturadas no ha perforado su pulmón por escasos centímetros, sino, no habríamos podido hacer nada para salvar su vida.
- Ham, has evaluado ya el grupo sanguíneo del Lord?- pregunto Long Tom.
- Si. Es B positivo.
- Tenemos plasma de ese grupo?
- No, no tenemos ni una sola gota.
- Ni, universal?
- No.
-Maldicion!- exclamó golpeando la camilla Savage.
Me quité la gabardina y el chaleco. Deposité mi sombrero de copa en el sillón que tenia mas cerca. Me arremangue mi manga de mi brazo derecho y me acerqué a ellos.
- Señores, Lord Greystoke está de suerte. Donde quieren que me coloque para la transfusión?.
Capítulo III (primera parte)
Le pedí a Shreevy que condujese rápido pero sin alertar a las autoridades. Además, le aconsejé que desactivara nuestro camuflaje al abandonar el puerto. No podíamos arriesgarnos a provocar un accidente de trafico. Huimos de las inmediaciones de ese maldito almacén como una exhalación. Miré hacia atrás para comprobar si Lord Greystoke reaccionaba con el traqueteo del coche, pero ni Savage, que realizaba extraños masajes en su cuerpo le devolvían la consciencia. Savage fruncio el seno y me miró con cara preocupada. Tenía pulso y eso era buena noticia, pero era un pulso muy débil e iba decayendo por segundos. Teníamos que llegar lo mas rápidamente posible a casa de Savage y atenderlo como se debería. Tampoco podíamos llevarlo a un hospital, ya que nos harían demasiadas preguntas que no podríamos responder. Llevarlo de urgencias, era en ese momento la ultima opción que barajabamos y solo lo haríamos sino hubiese ninguna otra alternativa factible y practica.
La lluvia cesó por fin. Solo caían unas pocas gotas de los arboles y de las cornisas de los edificios. Al llegar a la entrada del rascacielos, Savage se apresuró y salio como el que le persigue un demonio del interior del coche.
-Wilcox! Wilcox, está aquí!
- Sr. Savage, que le ocurre?
- Sabe si en nuestra ausencia han llegado mis compañeros?
- Si señor, están arriba. Deben de haber llegado hace unos quince minutos aproximadamente.
- Perfecto! Me permite que llame al ático.
- Por supuesto, Sr.Savage.
Savage volvió rápidamente hacia nosotros. Nos dijo que Long Tom estaba preparándolo todo para atender al Lord Greystoke. Salí del coche y Shreevy me siguió. Entre Shreevy y Johnny aguantaban en pie el cuerpo de James. Entramos por la puerta giratoria y nos dirigimos hacia el ascensor con avidez y premura.
-Sr.Savage. Quién es ese hombre? Que le ha ocurrido?- preguntó el viejo conserje.
- No se preocupe, Wilcox. Solo es un buen amigo que ha tenido una mala noche...
Wilcox se encogió de hombros y se dirigió a su puesto y se sentó cómodamente. Encendió el transistor y empezó a escuchar el boletín informativo. Decían que había habido una fuerte explosión en la zona de los almacenes del puerto. No habían habido bajas, pero si abundante daño material. Le atribuyeron el incidente a las mafias. En parte, dieron de lleno.
La lluvia cesó por fin. Solo caían unas pocas gotas de los arboles y de las cornisas de los edificios. Al llegar a la entrada del rascacielos, Savage se apresuró y salio como el que le persigue un demonio del interior del coche.
-Wilcox! Wilcox, está aquí!
- Sr. Savage, que le ocurre?
- Sabe si en nuestra ausencia han llegado mis compañeros?
- Si señor, están arriba. Deben de haber llegado hace unos quince minutos aproximadamente.
- Perfecto! Me permite que llame al ático.
- Por supuesto, Sr.Savage.
Savage volvió rápidamente hacia nosotros. Nos dijo que Long Tom estaba preparándolo todo para atender al Lord Greystoke. Salí del coche y Shreevy me siguió. Entre Shreevy y Johnny aguantaban en pie el cuerpo de James. Entramos por la puerta giratoria y nos dirigimos hacia el ascensor con avidez y premura.
-Sr.Savage. Quién es ese hombre? Que le ha ocurrido?- preguntó el viejo conserje.
- No se preocupe, Wilcox. Solo es un buen amigo que ha tenido una mala noche...
Wilcox se encogió de hombros y se dirigió a su puesto y se sentó cómodamente. Encendió el transistor y empezó a escuchar el boletín informativo. Decían que había habido una fuerte explosión en la zona de los almacenes del puerto. No habían habido bajas, pero si abundante daño material. Le atribuyeron el incidente a las mafias. En parte, dieron de lleno.
dimarts, 17 de febrer del 2015
Interludio I
Obedecí como es menester el dictamen del tribunal. Como Garra, no debo desobedecer. Otra vez, me han encomendado la vigilancia de la familia Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas. Estoy en el tejado del almacén doce en medio de esta lluvia torrencial infernal. Repito la vigilancia del almacén número trece del puerto de Nueva York. Se ve que es el lugar secreto de reunión de la hermandad. Cada semana se reúnen allí. Hace unos minutos, el Buick que utiliza el guardaespaldas y agente de Giamatti apareció. Según sabe el tribunal, ese coche perteneció al difunto fiscal del distrito, John Maxwell. Lo que me inquietó fue el otro coche invisible que le seguía. En la oscuridad pude comprobar como se movía y el golpeo de las gotas de lluvia en su carrocería. Mis únicas habilidades especiales, volvieron a ser perfectas a la hora de demostrar su valía, una vez más.
Comprobé como el Buick hizo sonar su claxon, tal y como había descubierto con anterioridad. Se que obre a espaldas al tribunal, cuando compartí esa información a través de una escucha con ese joven llamado Burbank que trabaja para la Sombra. Burbank se sorprendió cuando intercepte su llamada y hablé con él, pero supongo que tras hablar largo y tendido accedió. Y solo tengo que atar un par de cabos sueltos, para interralacionar ese coche invisible con la Sombra o sus agentes encubiertos. Las puertas del almacén número trece se abrieron y el Buick se introdujo en su interior, como el coche invisible unos pocos metros atrás. Se cerraron y esperé bajo la lluvia. En mi espera, me dediqué a repasar los papeles y mapas que me había entregado el tribunal. Revise mis armas y las recoloque en mis pistoleras. Comprobé mi auricular y intercomunicador y vi que funcionaban sin problemas, a pesar de la lluvia incesante. Informé al tribunal que seguía con el plan preestablecido. El Buick hizo sonar de nuevo su claxon y abandono tras unos veinte minutos el interior del almacén. No hubo rastro del coche fantasma, cosa que me llevó pensar que seguía oculto en su interior. La lluvia seguía cayendo sin parar sobre mi cuerpo. Aproveché la capa de ala de murciélago y con los papeles que me había entregado el tribunal, seguí practicando mis clases de origami. Cualquier distracción, me servía mientras esperaba.
Entonces un temible estruendo me lanzó hacia atrás. Las puertas estallaron en mil pedazos de dentro hacia afuera. Me incorpore rapidamente y cuando fijé mi vista en el almacén, me concentre y vi salir el coche fantasma. Afine mi vista en lo que podrían ser sus ventanas según su forma. Atravesé el escudo de invisibilidad y discerni las figuras de Doc Savage, al ricachon del Sr. Cranston y a los demás no pude verlos con claridad. Pero me fije que llevaban entre los pasajeros de la parte de atrás, el cuerpo de un hombre que tampoco pude reconocer.
En ese instante, mientras el coche invisible desaparecía a alta velocidad, un relámpago cayo sobre una toma eléctrica. Los chispazos eran enormes y continuados. De pronto, se formó un vórtice de viento y luz en su centro. Apareció una gran bola de luz que expulsó el cuerpo de una mujer, cuando la bola desapareció, tal y como habia aparecido, volviendo a quedar la noche en silencio. Los Capuchas Rojas irrumpieron en escena bien armados de entre los escombros de las puertas del almacén. El cuerpo de la mujer era a escasos doce metros de ellos. Bajé rápidamente del techo del almacén y corrí hacia el cuerpo. Lo arrastré hasta unos contenedores cercanos. Era una joven esbelta de largos cabellos negros y piel sonrosada por el sol. Llevaba calaveras en el pañuelo, sostén y cinturón. Le colgaban de sus orejas unos enormes círculos dorados a modo de pendientes. Estaba casi desnuda. Un simple sostén de cuero cubría sus tulgentes pechos y unos pantalones de cuero bien prietos. Sus botas eran de montar a caballo y de su cinturón sobresalían unas cartucheras. Sus pistolas parecían de ciencia ficción o de juguete.
- Tarántula. Soy Madame Tarántula.-dijo antes de desvanecerse.
Comprobé como el Buick hizo sonar su claxon, tal y como había descubierto con anterioridad. Se que obre a espaldas al tribunal, cuando compartí esa información a través de una escucha con ese joven llamado Burbank que trabaja para la Sombra. Burbank se sorprendió cuando intercepte su llamada y hablé con él, pero supongo que tras hablar largo y tendido accedió. Y solo tengo que atar un par de cabos sueltos, para interralacionar ese coche invisible con la Sombra o sus agentes encubiertos. Las puertas del almacén número trece se abrieron y el Buick se introdujo en su interior, como el coche invisible unos pocos metros atrás. Se cerraron y esperé bajo la lluvia. En mi espera, me dediqué a repasar los papeles y mapas que me había entregado el tribunal. Revise mis armas y las recoloque en mis pistoleras. Comprobé mi auricular y intercomunicador y vi que funcionaban sin problemas, a pesar de la lluvia incesante. Informé al tribunal que seguía con el plan preestablecido. El Buick hizo sonar de nuevo su claxon y abandono tras unos veinte minutos el interior del almacén. No hubo rastro del coche fantasma, cosa que me llevó pensar que seguía oculto en su interior. La lluvia seguía cayendo sin parar sobre mi cuerpo. Aproveché la capa de ala de murciélago y con los papeles que me había entregado el tribunal, seguí practicando mis clases de origami. Cualquier distracción, me servía mientras esperaba.
Entonces un temible estruendo me lanzó hacia atrás. Las puertas estallaron en mil pedazos de dentro hacia afuera. Me incorpore rapidamente y cuando fijé mi vista en el almacén, me concentre y vi salir el coche fantasma. Afine mi vista en lo que podrían ser sus ventanas según su forma. Atravesé el escudo de invisibilidad y discerni las figuras de Doc Savage, al ricachon del Sr. Cranston y a los demás no pude verlos con claridad. Pero me fije que llevaban entre los pasajeros de la parte de atrás, el cuerpo de un hombre que tampoco pude reconocer.
En ese instante, mientras el coche invisible desaparecía a alta velocidad, un relámpago cayo sobre una toma eléctrica. Los chispazos eran enormes y continuados. De pronto, se formó un vórtice de viento y luz en su centro. Apareció una gran bola de luz que expulsó el cuerpo de una mujer, cuando la bola desapareció, tal y como habia aparecido, volviendo a quedar la noche en silencio. Los Capuchas Rojas irrumpieron en escena bien armados de entre los escombros de las puertas del almacén. El cuerpo de la mujer era a escasos doce metros de ellos. Bajé rápidamente del techo del almacén y corrí hacia el cuerpo. Lo arrastré hasta unos contenedores cercanos. Era una joven esbelta de largos cabellos negros y piel sonrosada por el sol. Llevaba calaveras en el pañuelo, sostén y cinturón. Le colgaban de sus orejas unos enormes círculos dorados a modo de pendientes. Estaba casi desnuda. Un simple sostén de cuero cubría sus tulgentes pechos y unos pantalones de cuero bien prietos. Sus botas eran de montar a caballo y de su cinturón sobresalían unas cartucheras. Sus pistolas parecían de ciencia ficción o de juguete.
- Tarántula. Soy Madame Tarántula.-dijo antes de desvanecerse.
dilluns, 16 de febrer del 2015
Capítulo II (tercera parte)
Me desplace arrastras por ese asqueroso agujero repleto de suciedad y apestosas cucarachas. Cuando llegué al respiradero de donde habían venido esos gritos, vi a través de la rendija un hombre bien vestido de corte inglés con la cabeza cabizbaja apoyándose sobre sus rodillas. Estaba agrilletado en posicion de cruz a la pared. La sala estaba repleta de utitensilios de tortura repartidos entre diferentes mesitas quirúrgicas. El suelo estaba encharcado de sangre. Removí con cuidado la rendija y la diposite en el interior del conducto de respiración con sumo cuidado. Bajé y me dirigí hacia el hombre.
Mientras Savage había ido a investigar los gritos, nosotros nos quedamos para descubrir más cosas sobre esos maleantes disfrazados. Además, era hora de saber que relación tenían con Shiwan Khan.
- Perfecto, hermanos. Damos por concluido el primer punto del día.
Entonces, Francesco Antonelli se incorporó y golpeó con fiereza con ambas palmas de la mano la mesa.
- Hermanos mios. No podemos seguir siguiéndole el juego a Shiwan Khan. No somos sus títeres. Esta hermandad ya le ha ofrecido en demasía su inestimable ayuda. Conseguimos encontrar la ciudad griega perdida de Apokolips y el portal al reino del dios Darkseid.-ladeó su cabeza a banda y banda de los presentes- No debemos tolerarle manipularnos más. Somos poderosos y por ello podemos seguir por nuestra cuenta.-prosiguio- Es bien cierto que ganaremos millones de dólares con el contrabando de opio, pero queremos más que el East End y cercanías. Queremos a toda la ciudad de Nueva York doblegada ante nosotros.
Hubo un aplauso generalizado.
- Hemos acabado con tres familias y solo nos queda la del gordo seboso del centro; Kingpin. Votos a favor?
De los veinticinco asistentes, solo veinticuatro alzaron su mano.
- Votos en contra?
Se hizo un silencio mudo en el ambiente.
- Perfecto. Numero 2.
- Si, número uno?
- Reunete de inmediato con Shiwan Khan y dile que nuestra colaboración ha llegado a su fin.
- Así se hará, número uno.
Francesco giró su cabeza hacía el capucha roja que no había votado afirmativamente. Puso su mano dentro de su chaqueta y sacó su Smith&Wesson y le disparó directamente al corazón. El cuerpo inerte cayó a plomo al suelo en un burbujeante charco de sangre.
El cuerpo del hombre estaba colgando como un tentetieso. Me apresure y arranque de un golpe seco los grilletes de la pared. Saqué mi pistola y le coloqué el silenciador. Hice dos disparos y abrí las juntas que lo mantenían atado por las muñecas. Lo cogí en volandas y lo coloqué sobre mi espalda. Di un fuerte salto y me agarré al saliente con mi mano izquierda. Con la derecha empuje el cuerpo a peso dentro del conducto. Me agarre con las dos manos y impulsándome con mis piernas accedí de un solo movimiento al interior. Entonces, volví a cargar con el cuerpo y me dirigí donde había dejado a Johnny con esa enigmática sombra.
Cuando llegó Savage, no pude creer lo que estaba viendo. Lo reconocí al instante. Sabia que había llegado a Nueva Yok hacia unos seis meses, ya que tenia que graduarse en derecho. Pero no entendía que hacia allí, ni porque los secuaces de Shiwan Khan lo retendría prisionero. Ante mi, se encontraba el cuerpo inerte y malherido del último Lord Greystoke; James Clayton, para ser exactos. O como lo conocen en las selvas de África; Tarzan.
- Caballeros, sino queremos ser descubiertos debemos partir de aquí de inmediato. Permitanme avanzar unos metros por delante de ustedes.
Llegamos a la sala donde habíamos dejado antes a Remmy. Este se sorprendió al vernos que volvíamos con un cuerpo a cuestas.
- Tranquilo, Remmy. Debemos llevar a Lord Greystoke a un lugar seguro.
- Lord Greystoke-exclamo Savage- No es todo una leyenda africana?
- No Doc, es muy real. Se llama James Clayton, Lord de las tierras de Greystoke, sin duda alguna. Vi su foto en los periódicos. Y como ven, caballeros, es de carne y hueso.
Antes que se dieran cuenta desaparecí, me oculte entre las sombras y ascendí velozmente hasta Shreevy. Le llamé por el intercomunicador para avisarle que venía. Abrió el maletero y me cambié de ropa. Me introduje dentro del coche y esperamos que Savage y los suyos vinieran. Al poco rato, apareció Savage cargando el cuerpo del Lord a su espalda y, detrás venían apresuradamente Johnny y Remmy con él. Abri mi ventana y les hice señas. Abrieron las puertas y se sentaron en el interior, dejando el cuerpo entre sus piernas.
- A mi casa de inmediato, chófer!- exclamó Savage- Lamont, debemos darnos prisa y salir de aquí cuanto antes.
Miré a Shreevy y nos entendimos de inmediato. Arrancó el coche dando media vuelta y cuando estuvo a la altura de las puertas, acciono una palanca de su volante y por los costados surgieron dos lanzacohetes. Presionó los botones del volante y salieron disparados. El estruendo fue brutal. Las puertas se fragnentaron en pedazos, como un cuatro de Julio. Entonces Shreevy aceleró al máximo y nos perdimos en la noche.
Mientras Savage había ido a investigar los gritos, nosotros nos quedamos para descubrir más cosas sobre esos maleantes disfrazados. Además, era hora de saber que relación tenían con Shiwan Khan.
- Perfecto, hermanos. Damos por concluido el primer punto del día.
Entonces, Francesco Antonelli se incorporó y golpeó con fiereza con ambas palmas de la mano la mesa.
- Hermanos mios. No podemos seguir siguiéndole el juego a Shiwan Khan. No somos sus títeres. Esta hermandad ya le ha ofrecido en demasía su inestimable ayuda. Conseguimos encontrar la ciudad griega perdida de Apokolips y el portal al reino del dios Darkseid.-ladeó su cabeza a banda y banda de los presentes- No debemos tolerarle manipularnos más. Somos poderosos y por ello podemos seguir por nuestra cuenta.-prosiguio- Es bien cierto que ganaremos millones de dólares con el contrabando de opio, pero queremos más que el East End y cercanías. Queremos a toda la ciudad de Nueva York doblegada ante nosotros.
Hubo un aplauso generalizado.
- Hemos acabado con tres familias y solo nos queda la del gordo seboso del centro; Kingpin. Votos a favor?
De los veinticinco asistentes, solo veinticuatro alzaron su mano.
- Votos en contra?
Se hizo un silencio mudo en el ambiente.
- Perfecto. Numero 2.
- Si, número uno?
- Reunete de inmediato con Shiwan Khan y dile que nuestra colaboración ha llegado a su fin.
- Así se hará, número uno.
Francesco giró su cabeza hacía el capucha roja que no había votado afirmativamente. Puso su mano dentro de su chaqueta y sacó su Smith&Wesson y le disparó directamente al corazón. El cuerpo inerte cayó a plomo al suelo en un burbujeante charco de sangre.
El cuerpo del hombre estaba colgando como un tentetieso. Me apresure y arranque de un golpe seco los grilletes de la pared. Saqué mi pistola y le coloqué el silenciador. Hice dos disparos y abrí las juntas que lo mantenían atado por las muñecas. Lo cogí en volandas y lo coloqué sobre mi espalda. Di un fuerte salto y me agarré al saliente con mi mano izquierda. Con la derecha empuje el cuerpo a peso dentro del conducto. Me agarre con las dos manos y impulsándome con mis piernas accedí de un solo movimiento al interior. Entonces, volví a cargar con el cuerpo y me dirigí donde había dejado a Johnny con esa enigmática sombra.
Cuando llegó Savage, no pude creer lo que estaba viendo. Lo reconocí al instante. Sabia que había llegado a Nueva Yok hacia unos seis meses, ya que tenia que graduarse en derecho. Pero no entendía que hacia allí, ni porque los secuaces de Shiwan Khan lo retendría prisionero. Ante mi, se encontraba el cuerpo inerte y malherido del último Lord Greystoke; James Clayton, para ser exactos. O como lo conocen en las selvas de África; Tarzan.
- Caballeros, sino queremos ser descubiertos debemos partir de aquí de inmediato. Permitanme avanzar unos metros por delante de ustedes.
Llegamos a la sala donde habíamos dejado antes a Remmy. Este se sorprendió al vernos que volvíamos con un cuerpo a cuestas.
- Tranquilo, Remmy. Debemos llevar a Lord Greystoke a un lugar seguro.
- Lord Greystoke-exclamo Savage- No es todo una leyenda africana?
- No Doc, es muy real. Se llama James Clayton, Lord de las tierras de Greystoke, sin duda alguna. Vi su foto en los periódicos. Y como ven, caballeros, es de carne y hueso.
Antes que se dieran cuenta desaparecí, me oculte entre las sombras y ascendí velozmente hasta Shreevy. Le llamé por el intercomunicador para avisarle que venía. Abrió el maletero y me cambié de ropa. Me introduje dentro del coche y esperamos que Savage y los suyos vinieran. Al poco rato, apareció Savage cargando el cuerpo del Lord a su espalda y, detrás venían apresuradamente Johnny y Remmy con él. Abri mi ventana y les hice señas. Abrieron las puertas y se sentaron en el interior, dejando el cuerpo entre sus piernas.
- A mi casa de inmediato, chófer!- exclamó Savage- Lamont, debemos darnos prisa y salir de aquí cuanto antes.
Miré a Shreevy y nos entendimos de inmediato. Arrancó el coche dando media vuelta y cuando estuvo a la altura de las puertas, acciono una palanca de su volante y por los costados surgieron dos lanzacohetes. Presionó los botones del volante y salieron disparados. El estruendo fue brutal. Las puertas se fragnentaron en pedazos, como un cuatro de Julio. Entonces Shreevy aceleró al máximo y nos perdimos en la noche.
diumenge, 15 de febrer del 2015
Capítulo II (segunda parte)
La escalera de caracol acababa en un pasillo recto con una puerta al fondo. Desenfunde mis cuarenta y cinco. La escasa luminosidad del pasillo me brindaba la justa protección. No tardé demasiado en dar con el paradero de Savage. Tampoco quería mantenerme en las sombras más de lo necesario. Además, no quería que me vieran como un enemigo.
- Sr. Savage.-Mi voz lúgubre y temible los paralizó de inmediato.
- Quien anda allí?- preguntó Johnny apuntando en diversas direcciones.
- Aquí, Savage. Estoy aquí...
Aparecí desde las sombras a dos centímetros de la cara de Johnny, que cayó de espaldas.
- La Sombra. Es la Sombra, Doc!- exclamó Remmy.
- No se alarmen, caballeros. No es mi intención atacarles o hacerles ningún daño. Como muestra, voy a enfundar mis armas.
Savage bajó su arma a lo que Remmy y Johnny que aún se encontraba tirado en el suelo lo imitaron.
- Que hace usted aquí?- preguntó Savage.
- Estoy investigando la Khan International. Puede ser que sea una de las multiples tapaderas que ostenta mi mayor enemigo, Shiwan Khan. Y es por ello, que estoy aquí, caballeros.
- Y como diablos ha entrado?- preguntó Remmy.
- He estado gran parte del tiempo en el exterior del almacén entre la lluvia y cuando hace unos minutos se abrieron las puertas, entré. Los vi salir de la nada y me mantuve alerta, pero cuando le reconocí, Sr. Savage, los seguí.
Seguimos adentrándonos en ese agujero pasando diversos y sinuantes pasillos. Al rato, divisamos una pequeña puerta de servicio que nos dio acceso al intrincado sistema de ventilación. Le pedimos a Remmy que se quedara guardando la posición, mientras que Johnny, Savage y yo nos introdujimos en los conductos de ventilación agazapados. Evitamos de realizar movimientos bruscos que delataran nuestras posiciones.
Al cabo de unos metros llegamos a una gran rendija metálica que nos ofreció una buena vista de una gran sala con una mesa redonda en su centro. Vimos claramente a Francesco Antonelli, gran capo de la familia, Sam Giamatti, Fabrizio Sorta o Ricardo Staglietta, entre otros miembros ilustres de los Antonelli.
- Hermanos, es hora de que de comienzo nuestra trigésimo octava reunión semanal de la hermandad de las capuchas rojas.
En ese instante, todos los que se hallaban reunidos depositaron unas enormes maletas encima de la mesa. De dentro, sacaron una especie de cascos cilíndricos de metal de color carmesi. Se los colocaron al unísono en sus cabezas. Esos cascos solo dejaban entrever las comisuras de los labios.
- Hermanos, como sabéis, hoy tenemos dos puntos del día. Primero, lo que nuestro hermano número tres nos tiene que contar de su reunión con los miembros del Tribunal de los Búhos. Segundo, deberemos votar si seguimos colaborando con nuestro mentor, Shiwan Khan.
- Shiwan Khan!- exclamé- Así que era cierto.
Nos miramos mutuamente con inquietud, mientras proseguimos a escuchar como se desarrollaba la reunión.
- Hermano número tres.
- Si, hermano número uno.
- Dinos a tus hermanos, como se desarrollo la reunión con el Tribunal de lis Búhos.
Hubo un silencio.
- Numero uno. Hermanos. Como bien es conocido, hace una semana me reuní por nuestro nombre con los miembros del Tribunal de los Búhos en Haarlem Oeste.- carraspeo- La reunión fue un desastre para nuestros intereses. No fue nada fructifica o satisfactoria.
Se hizo un gran murmullo entre todos los presentes.
- Hermanos, calmaos. Dejad que el hermano número tres se explique.
El número uno, que era Francesco Antonelli, invitó con la mano para que número tres prosiguiera.
- Como decía hermanos, no han aceptado colaborar con nuestra hermandad ni con ningún, cual sea de nuestros negocios. Es más, nos han invitado a abandonarlos. Nos han amenazado en enviarnos a su agente más más mortal, una de sus Garras. Le llaman Black Bat.
Se produjo un murmullo mucho más alto que el anterior.
- Hermanos. Hermanos, tranquilizaos. Esa pandilla de ricos snobs solo quiere asustarnos, no se atreverán en cumplir su amenaza.-hizo una pausa. Pero igualmente estad alerta y avisad a vuestros hombres y socios que vigilen sus espaldas, al menos durante un tiempo.
Mientras seguíamos escuchando la conversación, oímos unos gritos ahogados un poco mas allá de nuestra posición actual. Le pedí en voz baja a Savage que fuera a investigar de donde provenían. Aceptó. Vi como se fue desplazando sigilosamente por el conducto, hasta que le perdí de vista. Johnny y yo, nos quedamos a solas.
- Sr. Savage.-Mi voz lúgubre y temible los paralizó de inmediato.
- Quien anda allí?- preguntó Johnny apuntando en diversas direcciones.
- Aquí, Savage. Estoy aquí...
Aparecí desde las sombras a dos centímetros de la cara de Johnny, que cayó de espaldas.
- La Sombra. Es la Sombra, Doc!- exclamó Remmy.
- No se alarmen, caballeros. No es mi intención atacarles o hacerles ningún daño. Como muestra, voy a enfundar mis armas.
Savage bajó su arma a lo que Remmy y Johnny que aún se encontraba tirado en el suelo lo imitaron.
- Que hace usted aquí?- preguntó Savage.
- Estoy investigando la Khan International. Puede ser que sea una de las multiples tapaderas que ostenta mi mayor enemigo, Shiwan Khan. Y es por ello, que estoy aquí, caballeros.
- Y como diablos ha entrado?- preguntó Remmy.
- He estado gran parte del tiempo en el exterior del almacén entre la lluvia y cuando hace unos minutos se abrieron las puertas, entré. Los vi salir de la nada y me mantuve alerta, pero cuando le reconocí, Sr. Savage, los seguí.
Seguimos adentrándonos en ese agujero pasando diversos y sinuantes pasillos. Al rato, divisamos una pequeña puerta de servicio que nos dio acceso al intrincado sistema de ventilación. Le pedimos a Remmy que se quedara guardando la posición, mientras que Johnny, Savage y yo nos introdujimos en los conductos de ventilación agazapados. Evitamos de realizar movimientos bruscos que delataran nuestras posiciones.
Al cabo de unos metros llegamos a una gran rendija metálica que nos ofreció una buena vista de una gran sala con una mesa redonda en su centro. Vimos claramente a Francesco Antonelli, gran capo de la familia, Sam Giamatti, Fabrizio Sorta o Ricardo Staglietta, entre otros miembros ilustres de los Antonelli.
- Hermanos, es hora de que de comienzo nuestra trigésimo octava reunión semanal de la hermandad de las capuchas rojas.
En ese instante, todos los que se hallaban reunidos depositaron unas enormes maletas encima de la mesa. De dentro, sacaron una especie de cascos cilíndricos de metal de color carmesi. Se los colocaron al unísono en sus cabezas. Esos cascos solo dejaban entrever las comisuras de los labios.
- Hermanos, como sabéis, hoy tenemos dos puntos del día. Primero, lo que nuestro hermano número tres nos tiene que contar de su reunión con los miembros del Tribunal de los Búhos. Segundo, deberemos votar si seguimos colaborando con nuestro mentor, Shiwan Khan.
- Shiwan Khan!- exclamé- Así que era cierto.
Nos miramos mutuamente con inquietud, mientras proseguimos a escuchar como se desarrollaba la reunión.
- Hermano número tres.
- Si, hermano número uno.
- Dinos a tus hermanos, como se desarrollo la reunión con el Tribunal de lis Búhos.
Hubo un silencio.
- Numero uno. Hermanos. Como bien es conocido, hace una semana me reuní por nuestro nombre con los miembros del Tribunal de los Búhos en Haarlem Oeste.- carraspeo- La reunión fue un desastre para nuestros intereses. No fue nada fructifica o satisfactoria.
Se hizo un gran murmullo entre todos los presentes.
- Hermanos, calmaos. Dejad que el hermano número tres se explique.
El número uno, que era Francesco Antonelli, invitó con la mano para que número tres prosiguiera.
- Como decía hermanos, no han aceptado colaborar con nuestra hermandad ni con ningún, cual sea de nuestros negocios. Es más, nos han invitado a abandonarlos. Nos han amenazado en enviarnos a su agente más más mortal, una de sus Garras. Le llaman Black Bat.
Se produjo un murmullo mucho más alto que el anterior.
- Hermanos. Hermanos, tranquilizaos. Esa pandilla de ricos snobs solo quiere asustarnos, no se atreverán en cumplir su amenaza.-hizo una pausa. Pero igualmente estad alerta y avisad a vuestros hombres y socios que vigilen sus espaldas, al menos durante un tiempo.
Mientras seguíamos escuchando la conversación, oímos unos gritos ahogados un poco mas allá de nuestra posición actual. Le pedí en voz baja a Savage que fuera a investigar de donde provenían. Aceptó. Vi como se fue desplazando sigilosamente por el conducto, hasta que le perdí de vista. Johnny y yo, nos quedamos a solas.
Capítulo II (primera parte)
El Buick de Maxwell no tardó en demasía en aparecer entre los almacenes nueve y doce. Habían tintado de color negro sus ventanas en su totalidad con algún producto que hacía imposible poder destinguir su interior. No hubo manera de reconocer la identidad de su conductor o de sus posibles ocupantes. El vehículo se fue acercando lentamente frente los enormes portales del almacén trece. Hizo sonar el claxon de la misma forma que se nos había informado. Las puertas crujieron en mitad de la noche y a pesar de los truenos, lo oímos con absoluta claridad. Se abrían poco a poco. Le pedí a Shreevy que se fuera acercando con sigilo y mucha cautela hacia el Buick. Nos colocamos a sus seis y mantuvimos la distancia prudencial. Cuando el Buick retomó la marcha lo seguimos a su interior.
El interior del almacén era enorme, mucho mas grande y alto que lo que podías preveer desde su exterior. Estaba completamente vacío y casi sin extructuras que no fueran las columnas de soporte. El Buick se detuvo tras introducirse pocos metros. De el, apareció un misterioso hombre que se fue acercando a la pared contigua donde estaba colgado un panel de control eléctrico. Lo abrió. En su interior vimos una rueda con números, como las que vienen provistos los teléfonos. Marco el seis, ocho, ocho y seis.
Al instante, el suelo empezó a moverse y apareció un rectángulo en el centro del suelo que antes era completamente invisible. El rectángulo se partió en dos por su mitad horizontal y se desplazaron hacia sus lados contrarios, escondiéndose debajo de la extructura del suelo. Los ruidos casi inaudibles de ese ingenioso mecanismo, nos dejaron atónitos. Apareció una escalera de caracol de metal de su interior.
El hombre se dirigió con avidez hacia ellas y bajó. Pasados unos segundos, el mecanismo tomó el sentido contrario y el interior del almacén, quedo como sino hubiese ocurrido nada en anterioridad.
- Señores. Hemos acertado de lleno.-dije con solemnidad.
Estuvimos cabilando la mejor manera de proceder. Nos podían descubrir si abandonabamos nuestra sutil protección. Además, si el misterioso hombre reaparecía de nuevo o sin saber nosotros con certeza si había alguien más en el interior del Buick, la cordura y la sensatez nos hizo decidir de forma unánime esperar dentro de la seguridad de nuestro coche, por el momento.
Al cabo de unos veinte minutos aproximadamente, el suelo volvió a abrirse. Aunque había la suficiente luz de los focos, no alcanzamos a distinguir las facciones del conductor, parecía que supiese que estábamos allí, por sus maneras de comportarse y moverse. Arrancó el Buick y giró el coche dirigiéndolo hacia las puertas. Shreevy, tuvo la suficiente precisión y previsión para evitar que toparan los dos vehículos. Cuando el Buick estuvo frente las puertas, repitió el acorde musical con el claxon y las puertas se abrieron de par en par. Abandonó aceleradamente el almacén, dejándonos atrapados dentro de él.
Savage y sus hombres desenfundaron sus armas. Abrieron las puertas traseras y salieron al exterior. Bajé con cuidado mi ventanilla.
- Doc, espere!- exclame- A donde creen que van ustedes!
Savage se acercó a la ventanilla manteniendo una distancia prudencial entre ambos. Se reclinó apoyándose en el techo del coche.
- Lamont. Agradezco todo lo que ha hecho hasta ahora. Pero debe dejar esto a los profesionales, es decir...digamos, que usted no es la persona más indicada para venir con nosotros. Solo es un multimillonario más con ínfulas de héroe. Un hombre de bien. Un empresario de éxito, nada más.-prosiguio- No creo que esté acostumbrado a tener que disparar o actuar sin vacilaciones triviales en un enfrentamiento mano a mano.
- Le podría sorprender, Doc.
Savage río entredientes mientras hacia tamborilear sus dedos sobre el techo.
- No me haga perder el tiempo, Lamont. Quedese aquí resguardado junto su chófer. Apagué el motor, sino la concentración de monoxido de carbono delatará su posición, por mucha...umbrakinesis que valga.
Los hombres con Savage al frente se dirigieron hasta el centro mismo del almacén, justo en el lugar donde apareció la trampilla en el suelo.
- Remmy, activa el panel, por favor.
Remmy se dirigió apresuradamente hacia el panel donde minutos antes ese hombre misterioso lo activó y repitió el mismo proceso. Introdujo el código de activación. Todo volvió a repetirse y cuando me quise dar cuenta, ya habían desaparecido escaleras abajo. En ese instante active el botón de apertura del maletero del coche.
-Shreevy, quedate aquí y mantenme informado en todo momento. Cualquier cosa que te diga Burbank, hazmelo saber.
- No lo dude, señor. Así será.- me pasó el auricular del intercomunicador. Lo cogí y me lo coloqué en mi oreja derecha.
Salí del coche y me dirigí hacia el maletero. Me cambié de ropa. Me despojé de mi bufanda de seda y mi sombrero de copa y los cambié por mi bufanda rojiza y mi sombrero de ala ancha. Me cambié de gabardina por mi otra más oscura y larga. Cogí mis cuarenta y cinco y seis cargadores que los coloqué en los interiores de la gabardina. Entonces me dirigí apresuradamente hacia las escaleras donde habia perdido de vista a Savage y los suyos.
El interior del almacén era enorme, mucho mas grande y alto que lo que podías preveer desde su exterior. Estaba completamente vacío y casi sin extructuras que no fueran las columnas de soporte. El Buick se detuvo tras introducirse pocos metros. De el, apareció un misterioso hombre que se fue acercando a la pared contigua donde estaba colgado un panel de control eléctrico. Lo abrió. En su interior vimos una rueda con números, como las que vienen provistos los teléfonos. Marco el seis, ocho, ocho y seis.
Al instante, el suelo empezó a moverse y apareció un rectángulo en el centro del suelo que antes era completamente invisible. El rectángulo se partió en dos por su mitad horizontal y se desplazaron hacia sus lados contrarios, escondiéndose debajo de la extructura del suelo. Los ruidos casi inaudibles de ese ingenioso mecanismo, nos dejaron atónitos. Apareció una escalera de caracol de metal de su interior.
El hombre se dirigió con avidez hacia ellas y bajó. Pasados unos segundos, el mecanismo tomó el sentido contrario y el interior del almacén, quedo como sino hubiese ocurrido nada en anterioridad.
- Señores. Hemos acertado de lleno.-dije con solemnidad.
Estuvimos cabilando la mejor manera de proceder. Nos podían descubrir si abandonabamos nuestra sutil protección. Además, si el misterioso hombre reaparecía de nuevo o sin saber nosotros con certeza si había alguien más en el interior del Buick, la cordura y la sensatez nos hizo decidir de forma unánime esperar dentro de la seguridad de nuestro coche, por el momento.
Al cabo de unos veinte minutos aproximadamente, el suelo volvió a abrirse. Aunque había la suficiente luz de los focos, no alcanzamos a distinguir las facciones del conductor, parecía que supiese que estábamos allí, por sus maneras de comportarse y moverse. Arrancó el Buick y giró el coche dirigiéndolo hacia las puertas. Shreevy, tuvo la suficiente precisión y previsión para evitar que toparan los dos vehículos. Cuando el Buick estuvo frente las puertas, repitió el acorde musical con el claxon y las puertas se abrieron de par en par. Abandonó aceleradamente el almacén, dejándonos atrapados dentro de él.
Savage y sus hombres desenfundaron sus armas. Abrieron las puertas traseras y salieron al exterior. Bajé con cuidado mi ventanilla.
- Doc, espere!- exclame- A donde creen que van ustedes!
Savage se acercó a la ventanilla manteniendo una distancia prudencial entre ambos. Se reclinó apoyándose en el techo del coche.
- Lamont. Agradezco todo lo que ha hecho hasta ahora. Pero debe dejar esto a los profesionales, es decir...digamos, que usted no es la persona más indicada para venir con nosotros. Solo es un multimillonario más con ínfulas de héroe. Un hombre de bien. Un empresario de éxito, nada más.-prosiguio- No creo que esté acostumbrado a tener que disparar o actuar sin vacilaciones triviales en un enfrentamiento mano a mano.
- Le podría sorprender, Doc.
Savage río entredientes mientras hacia tamborilear sus dedos sobre el techo.
- No me haga perder el tiempo, Lamont. Quedese aquí resguardado junto su chófer. Apagué el motor, sino la concentración de monoxido de carbono delatará su posición, por mucha...umbrakinesis que valga.
Los hombres con Savage al frente se dirigieron hasta el centro mismo del almacén, justo en el lugar donde apareció la trampilla en el suelo.
- Remmy, activa el panel, por favor.
Remmy se dirigió apresuradamente hacia el panel donde minutos antes ese hombre misterioso lo activó y repitió el mismo proceso. Introdujo el código de activación. Todo volvió a repetirse y cuando me quise dar cuenta, ya habían desaparecido escaleras abajo. En ese instante active el botón de apertura del maletero del coche.
-Shreevy, quedate aquí y mantenme informado en todo momento. Cualquier cosa que te diga Burbank, hazmelo saber.
- No lo dude, señor. Así será.- me pasó el auricular del intercomunicador. Lo cogí y me lo coloqué en mi oreja derecha.
Salí del coche y me dirigí hacia el maletero. Me cambié de ropa. Me despojé de mi bufanda de seda y mi sombrero de copa y los cambié por mi bufanda rojiza y mi sombrero de ala ancha. Me cambié de gabardina por mi otra más oscura y larga. Cogí mis cuarenta y cinco y seis cargadores que los coloqué en los interiores de la gabardina. Entonces me dirigí apresuradamente hacia las escaleras donde habia perdido de vista a Savage y los suyos.
dissabte, 14 de febrer del 2015
Capítulo I (segunda parte)
Aún llovía con fuerza y virulencia. El viento aullaba por las esquinas del bulevar. Shreevy nos estaba esperando en el interior del coche, mientras fumaba un habano y ojeaba en diagonal el Daily Bugle. El anciano portero nos acompaño no más vernos salir del ascensor. Cogió dos sendos paraguas de detrás del mostrador de la entrada para cubrirnos de la lluvia y nos resguardó como humanamente pudo hacia las puertas del coche. -en mi caso, volví a abrir mi paraguas. Shreevy al verme que salía del rascacielos, abrió su ventanilla y lanzó el habano lo más lejos que pudo. Abrí la puerta del acompañante del conductor y me senté al lado de él. Mis acompañantes, fueron sentándose en orden de llegada en las plazas traseras.
Según me informo Burbank, el Buick de Maxwell, solía aparecer todas las noches de los miércoles en los muelles del puerto. Además, también y gracias a otro misterioso y desconocido informante, descubrimos que solía entrar en el almacén numero trece, después de hacer sonar cuatro veces el claxon. Un toque corto acompañado de tres largos. Esa era la clave de entrada. El almacén numero trece es uno de los más grandes que hay en los muelles, junto al cincuenta y uno; pero este es propiedad del gobierno. Los muelles no son aún a día de hoy territorio de los Antonelli, pero lo que más me sorprendió, fue descubrir que el propietario y arrendatario del almacén, tal y como pudo comprobar Harry en los registros de propiedad, era la Khan International. Si Shiwan Khan, está detrás de todo esto, aún es un misterio. Pero, si está colaborando con los Antonelli, seguramente sea por la condición de introducir a gran escala en Nueva York, enormes cantidades de opio en las calles. Desde nuestro último encuentro en Casablanca, no había vuelto a escuchar el apellido Khan. -pobre Rick Blaine, le debo un buen montante de dólares por la factura de su bar.
A lo largo que duró el trayecto, vacíe mi mente parloteando amigablemente con mis acompañantes. A través del espejo retrovisor central, vi que Savage no perdía en ningún instante el contacto visual conmigo.
- Ocurre algo, Doc?-pregunté.- No deja usted de mirarme en todo el rato.
- Porque lo dice, Lamont?
- No sé, parece que quiera descubrir algo en mi escuñidrando mi alma.
- Le molesta?
- No. Nada en absoluto, si le soy sincero. Puede hacer lo que más quiera o crea conveniente. Estamos en un país libre, mi afable Doc.
Shreevy introdujo su mano libre en el interior de su chaqueta, a lo que negué de inmediato con un gesto su clara intención.
- Los muelles están allí, Sr.Cranston.-dijo Johnny.
Le pedí a Shreevy que apagara todas las luces y accionase del panel de control oculto en el salpicadero, nuestro ultimo juguete; el sistema nocturno de ocultación y vigilancia.
- Que diablos!- exclamó de forma sorpresiva Savage.
- No se asusten, caballeros. Ni mucho menos usted, Doc. Deben saber que un hombre de mi categoría y a su vez fiel amante de los más maravillosos y brillantes avances de la ciencia y tecnología de nuestro tiempo, me hice instalar este novedoso y increíble sistema de ocultación e infiltración nocturna.
Los cristales y ventanas se tornaron de color verde fluorescente, y la pintura del coche reaccionó por impulsos electromagnéticos, para poder repeler la luz del exterior para convertir el coche en una sombra en un mar de claridad. El motor de ocho cilindros, paso de rugir como un león embravecido a comportarse literalmente como una hoja cayendo de una rama de un árbol.
- Lamont-dijo con voz neutra, Savage- Usted acaba de ganarse mi admiración y respeto. Como en un partido de béisbol, usted ha hecho que suban las apuestas en la última entrada. Esta tecnología me resulta muy interesante y a su vez completamente desconocida.- sonrei.
- La llamo, umbrakinesis o lo que es lo mismo, la capacidad de ocultarse en las sombras y utilizarlas en tu propio beneficio. Exactamente, no actúa igual, en verdad, pero su resultado es el mismo, en definitiva.
- Interesante. Muy interesante, Lamont.
Burbank, contactó con nosotros mediante el intercomunicador alojado en la radio. Nos confirmo que el Buick estaba ya de camino hacia el almacén. En breves minutos llegaría a nuestra posición; solo nos tocaría esperar el momento oportuno para poder actuar.
Según me informo Burbank, el Buick de Maxwell, solía aparecer todas las noches de los miércoles en los muelles del puerto. Además, también y gracias a otro misterioso y desconocido informante, descubrimos que solía entrar en el almacén numero trece, después de hacer sonar cuatro veces el claxon. Un toque corto acompañado de tres largos. Esa era la clave de entrada. El almacén numero trece es uno de los más grandes que hay en los muelles, junto al cincuenta y uno; pero este es propiedad del gobierno. Los muelles no son aún a día de hoy territorio de los Antonelli, pero lo que más me sorprendió, fue descubrir que el propietario y arrendatario del almacén, tal y como pudo comprobar Harry en los registros de propiedad, era la Khan International. Si Shiwan Khan, está detrás de todo esto, aún es un misterio. Pero, si está colaborando con los Antonelli, seguramente sea por la condición de introducir a gran escala en Nueva York, enormes cantidades de opio en las calles. Desde nuestro último encuentro en Casablanca, no había vuelto a escuchar el apellido Khan. -pobre Rick Blaine, le debo un buen montante de dólares por la factura de su bar.
A lo largo que duró el trayecto, vacíe mi mente parloteando amigablemente con mis acompañantes. A través del espejo retrovisor central, vi que Savage no perdía en ningún instante el contacto visual conmigo.
- Ocurre algo, Doc?-pregunté.- No deja usted de mirarme en todo el rato.
- Porque lo dice, Lamont?
- No sé, parece que quiera descubrir algo en mi escuñidrando mi alma.
- Le molesta?
- No. Nada en absoluto, si le soy sincero. Puede hacer lo que más quiera o crea conveniente. Estamos en un país libre, mi afable Doc.
Shreevy introdujo su mano libre en el interior de su chaqueta, a lo que negué de inmediato con un gesto su clara intención.
- Los muelles están allí, Sr.Cranston.-dijo Johnny.
Le pedí a Shreevy que apagara todas las luces y accionase del panel de control oculto en el salpicadero, nuestro ultimo juguete; el sistema nocturno de ocultación y vigilancia.
- Que diablos!- exclamó de forma sorpresiva Savage.
- No se asusten, caballeros. Ni mucho menos usted, Doc. Deben saber que un hombre de mi categoría y a su vez fiel amante de los más maravillosos y brillantes avances de la ciencia y tecnología de nuestro tiempo, me hice instalar este novedoso y increíble sistema de ocultación e infiltración nocturna.
Los cristales y ventanas se tornaron de color verde fluorescente, y la pintura del coche reaccionó por impulsos electromagnéticos, para poder repeler la luz del exterior para convertir el coche en una sombra en un mar de claridad. El motor de ocho cilindros, paso de rugir como un león embravecido a comportarse literalmente como una hoja cayendo de una rama de un árbol.
- Lamont-dijo con voz neutra, Savage- Usted acaba de ganarse mi admiración y respeto. Como en un partido de béisbol, usted ha hecho que suban las apuestas en la última entrada. Esta tecnología me resulta muy interesante y a su vez completamente desconocida.- sonrei.
- La llamo, umbrakinesis o lo que es lo mismo, la capacidad de ocultarse en las sombras y utilizarlas en tu propio beneficio. Exactamente, no actúa igual, en verdad, pero su resultado es el mismo, en definitiva.
- Interesante. Muy interesante, Lamont.
Burbank, contactó con nosotros mediante el intercomunicador alojado en la radio. Nos confirmo que el Buick estaba ya de camino hacia el almacén. En breves minutos llegaría a nuestra posición; solo nos tocaría esperar el momento oportuno para poder actuar.
divendres, 13 de febrer del 2015
Capitulo I (primera parte)
Mi cita con ese enigmático personaje que tantos sofocos provacaba a Margo cuando le pedí que lo siguiera o el mismo que llegó a perturbar de mala manera a Harry, era en un conocido y céntrico rascacielos en la ciudad. Sus oficinas o cuartel general de mando, estaban ubicadas en lo alto del edificio en su planta ochenta y seis. Uno de esos lujosos rascacielos que se construyeron en la gran expansión de la urbe en Nueva York. Ya sabéis lo que dicen: América, tierra de oportunidades, donde puedes realizar todos tus sueños y convertirlos en realidad. Y ese edificio, era un claro ejemplo de ello.
El viaje en coche desde mi casa, confirmo una vez más que el parte meteorológico erró. Pronosticaron una mañana lluviosa y con vientos cruzados del noroeste y una tarde parcialmente soleada con nubes transitorias. En este caso, sucedió todo lo contrario. La lluvia torrencial complicaba la conducción a Shrevvy. Los limpiacristales no daban el abasto suficiente. Por suerte, Shrevvy es un conductor plenamente preparado.
El tránsito era horrendo, mucho peor que en hora punta y la ayuda de la policía para manejar la situación, solo la empeoraba. Seis manzanas se habían quedado sin luz y los semáforos no funcionaban. Los silbidos de los pitos, se ahogaban con el bravo rugir de los truenos.
Transcurridos unos veinte minutos, llegamos a destino. Le pedí a Shrevvy que se mantuviera con el motor encendido, dado que si todo iba como estaba previsto, volvería en breve.
El portero del rascacielos se acercó con un paraguas a la puerta del coche. Abrí la puerta y salí al exterior. Accione el mecanismo automático de mi paraguas, agradeciendo el gesto del portero por cubrirme la cabeza. Al llegar a la puerta giratoria, cerré mi paraguas y entré al vestíbulo. Restregue mis zapatos de cuero en la alfombra para secar mis suelas y no manchar el exquisito mármol y cerámicas del suelo.
El anciano portero me preguntó a que piso me dirigía. Le dije que tenia una entrevista con el propietario del ático, el Sr. Clark Savage. Él se acercó al interfono y llamó al ático. Cuando recibió respuesta de su interlocutor me acompaño hasta el ascensor y presionó el botón del ático del panel.
El trayecto dentro del ascensor fue rápido, pero tuve suficientemente tiempo para colocarme mi bufanda correctamente, ya que esta se había movido por culpa del viento. Me atuse el cabello con ambas manos y me recoloque mi sombrero de copa frente el espejo de cuerpo entero que decoraba su interior.
Al llegar al piso ochenta y seis, la puerta del ascensor se abrió y me encontré inmediatamente frente un gran comedor con un lujoso y detallado recibidor.
- Sr. Cranston, bienvenido. - me recibió una voz de tono grave.
El tipo tenia una apariencia de un simio boxeador.
- Buenas tardes. Tengo una cita con el Sr. Clark Savage. Siento el retraso.
En el recibidor deposite mi paraguas en el paragüero y mi bufanda y sombrero de copa en el perchero. Me acompañó con la mano para que me sentara en un sillón. Me dijo que el Sr.Savage me atendería en unos minutos. En otra mesilla más alejada un caballero distinguido y bien vestido jugaba con otro con pinta de empollón con gafas de culo de vaso al ajedrez.- uno de ellos, tiene el jaque en tres movimientos.
Monk, que es el nombre del hombre que me recibio, me ofreció algo para beber. A lo que accedí. Me trajo un vaso de whisky con el cubito de hielo que le había pedido. Se sentó frente mi y para hacer más corta la espera, me empezó a explicar anécdotas acaecidas en sus tiempos mozos, cuando se inició en el mundo de química. -sabia por mis agentes que era una eminencia de reconocimiento mundial en su campo.
Un rato después, mientras nos reíamos de la vez que se quemó sus cejas para impresionar a una bella joven, apareció de una habitación contigua un caballero hercúleo de tez y piel majestuosamente bronceada. Un gigante que su mera estampa, ruda y curtida imponía a su paso.
- El Sr. Cranston, supongo?- me preguntó mientras acercaba su enorme zarpa para encajarmela con una sonrisa agradable.
- Así es. Entonces, usted es el famoso Savage, el Sr. Clark Savage.
- Prefiero que me llame, Doc Savage, sino le importa, Sr. Cranston.
- En ese caso, llameme Lamont, si vamos a tutearnos, no le parece.
Los truenos y relámpagos hacían temblar y crujir los grandes ventanales de vidrio del ático. La luz de la sala acompañada por los relámpagos incrementaba el halo de misterio rebotando en la piel de Savage, ofreciendo una imagen altiva de su figura, como si fuera un dios antiguo o un tótem azteca dorado. Savage pidió a Monk que le trajera un bourbon. Hizo un pequeño trago.
- Sr. Crans...Lamont. Que ocurre y en que puedo ayudarle? Sepa de antemano, que mi equipo y conmigo al frente, somos expertos en muchas materias y podremos ser muy útiles. Digame pues.
Tomé un sorbo del vaso de whisky, antes de contestarle.
- Mire, hace dos años, asistí al entierro del fiscal John Maxwell y lo vi entre los presentes. Me cautivó su persona y decidí investigarle. Creo sinceramente que usted no puede pasar muy desapercibido, incluso entre la multitud, verdad. He leído sus trabajos y los de su padre, muy interesantes, ciertamente. Tiene una personalidad muy magnetica, Doc.
Savage fruncio el ceño.
- Y? Que es lo que quiere?
- Muy fácil, Doc. La familia Savage era muy amiga de la del fiscal, cierto. Y quiero, que usted y yo, podamos descubrir quien lo mató o dio la orden para asesinarle. Como sabe, la policía y la nueva fiscalía archivo el caso por pruebas testimoniales y otras evidencias relacionadas con la mafia neoyorquina. Todo se lo acarrearon a un ajuste de cuentas. La familia Antonelli, para ser exactos. Esos que están llenando de inmundicia todo el East End. Mis fieles colaboradores y digamos...confidentes, me han informado de los planes de expansión que tienen ya en marcha. Se están haciendo fuertes y las vendettas cruzadas entre las familias son a la orden del día.
Savage hizo un ademán de interrumpirme, pero se contuvo.
- Puede que se pregunte, porque un simple y rico multimillonario excéntrico y extraño, se interese en ir más allá de las investigaciones oficiales, verdad? Solo le diré que creo en la justicia y cabe añadir, que John era un buen amigo.
- Mire Lamont. Sus motivos no me incumben, aunque igualmente, usted no es el único que también está tras la pista de sus asesinos. A Monk, ya lo conoce. Esos son Remmy y Johnny. Mis otros colaboradores, Ham y Long Tom, investigan en estos instantes otro caso. Eso si, lo importante es llevar a los culpables frente la justicia, como bien dice, usted.
Savage hizo un gesto hacia la mesa de juego, invitándoles a unirse a la conversación.- lástima, ha perdido su oportunidad de jaque en el ultimo movimiento.
- Encantado de conocerles, caballeros.
- Igualmente. -dijo Johnny.
- Sr. Cranston. Un placer conocerle en persona al fin. Hace unos años recibí una invitación a su fiesta de fin de año. Lo recuerda?
- Exacto! Tiene razón. Era mi humilde forma de agradecerle su colaboración en el caso de un amigo del Sr. Quinn, como abogado defensor. Por cierto, buen trabajo. - le felicite haciendo tintinear el cubito de hielo de mi copa con la mano en alto.
- Gracias Sr.Cranston.-contestó sonriendo de forma socarrona.
Los dos se sentaron a banda y banda de Savage.
- Como decía, Lamont. Mis hombres hace tiempo que están detrás de sus asesinos. Tenemos ya bastantes pruebas incriminatorias al respecto.
- El Buick desaparecido de Maxwell que utilizaron sus asesinos para huir de la escena del crimen, lo han encontrado?- pregunté.
- Pues no, Lamont. No lo hemos encontrado, pero no lo veo relevante.
Se hizo una pausa tensa.
- Saben ustedes, que si encuentran el Buick, darán más fácilmente con los asesinos. Es centrarse en el objetivo, es lo más sencillo.
- Ha dado con su paradero? Si parecía que hubiese sido devorado por el mismisimo infierno.-dijo con asombro Johnny.
Una risa escalofriante resonó.
- Como le he comentado, Doc, tengo muchas más sombras que luces informandome, infiltrándose y moviéndose entre ellas.
- Entonces, donde está?- pregunto Remmy.
Me levanté del sillón y me dirigí con presteza hacia el perchero.
- Quieren acompañarme, caballeros? Tengo abajo un coche esperándonos.
Me encendí un cigarrillo.
- Por cierto, que están investigando sus hombres? Es sobre el caso que nos ocupa?
- No Lamont, no va con este caso. Es sobre un nuevo vigilante que ha aparecido hace poco en la ciudad.
- La Sombra, tal vez?
Mientras descendíamos por el ascensor que nos devolvería a las calles, me contó que se trataba de un personaje que se hacia llamar Black Bat.
El viaje en coche desde mi casa, confirmo una vez más que el parte meteorológico erró. Pronosticaron una mañana lluviosa y con vientos cruzados del noroeste y una tarde parcialmente soleada con nubes transitorias. En este caso, sucedió todo lo contrario. La lluvia torrencial complicaba la conducción a Shrevvy. Los limpiacristales no daban el abasto suficiente. Por suerte, Shrevvy es un conductor plenamente preparado.
El tránsito era horrendo, mucho peor que en hora punta y la ayuda de la policía para manejar la situación, solo la empeoraba. Seis manzanas se habían quedado sin luz y los semáforos no funcionaban. Los silbidos de los pitos, se ahogaban con el bravo rugir de los truenos.
Transcurridos unos veinte minutos, llegamos a destino. Le pedí a Shrevvy que se mantuviera con el motor encendido, dado que si todo iba como estaba previsto, volvería en breve.
El portero del rascacielos se acercó con un paraguas a la puerta del coche. Abrí la puerta y salí al exterior. Accione el mecanismo automático de mi paraguas, agradeciendo el gesto del portero por cubrirme la cabeza. Al llegar a la puerta giratoria, cerré mi paraguas y entré al vestíbulo. Restregue mis zapatos de cuero en la alfombra para secar mis suelas y no manchar el exquisito mármol y cerámicas del suelo.
El anciano portero me preguntó a que piso me dirigía. Le dije que tenia una entrevista con el propietario del ático, el Sr. Clark Savage. Él se acercó al interfono y llamó al ático. Cuando recibió respuesta de su interlocutor me acompaño hasta el ascensor y presionó el botón del ático del panel.
El trayecto dentro del ascensor fue rápido, pero tuve suficientemente tiempo para colocarme mi bufanda correctamente, ya que esta se había movido por culpa del viento. Me atuse el cabello con ambas manos y me recoloque mi sombrero de copa frente el espejo de cuerpo entero que decoraba su interior.
Al llegar al piso ochenta y seis, la puerta del ascensor se abrió y me encontré inmediatamente frente un gran comedor con un lujoso y detallado recibidor.
- Sr. Cranston, bienvenido. - me recibió una voz de tono grave.
El tipo tenia una apariencia de un simio boxeador.
- Buenas tardes. Tengo una cita con el Sr. Clark Savage. Siento el retraso.
En el recibidor deposite mi paraguas en el paragüero y mi bufanda y sombrero de copa en el perchero. Me acompañó con la mano para que me sentara en un sillón. Me dijo que el Sr.Savage me atendería en unos minutos. En otra mesilla más alejada un caballero distinguido y bien vestido jugaba con otro con pinta de empollón con gafas de culo de vaso al ajedrez.- uno de ellos, tiene el jaque en tres movimientos.
Monk, que es el nombre del hombre que me recibio, me ofreció algo para beber. A lo que accedí. Me trajo un vaso de whisky con el cubito de hielo que le había pedido. Se sentó frente mi y para hacer más corta la espera, me empezó a explicar anécdotas acaecidas en sus tiempos mozos, cuando se inició en el mundo de química. -sabia por mis agentes que era una eminencia de reconocimiento mundial en su campo.
Un rato después, mientras nos reíamos de la vez que se quemó sus cejas para impresionar a una bella joven, apareció de una habitación contigua un caballero hercúleo de tez y piel majestuosamente bronceada. Un gigante que su mera estampa, ruda y curtida imponía a su paso.
- El Sr. Cranston, supongo?- me preguntó mientras acercaba su enorme zarpa para encajarmela con una sonrisa agradable.
- Así es. Entonces, usted es el famoso Savage, el Sr. Clark Savage.
- Prefiero que me llame, Doc Savage, sino le importa, Sr. Cranston.
- En ese caso, llameme Lamont, si vamos a tutearnos, no le parece.
Los truenos y relámpagos hacían temblar y crujir los grandes ventanales de vidrio del ático. La luz de la sala acompañada por los relámpagos incrementaba el halo de misterio rebotando en la piel de Savage, ofreciendo una imagen altiva de su figura, como si fuera un dios antiguo o un tótem azteca dorado. Savage pidió a Monk que le trajera un bourbon. Hizo un pequeño trago.
- Sr. Crans...Lamont. Que ocurre y en que puedo ayudarle? Sepa de antemano, que mi equipo y conmigo al frente, somos expertos en muchas materias y podremos ser muy útiles. Digame pues.
Tomé un sorbo del vaso de whisky, antes de contestarle.
- Mire, hace dos años, asistí al entierro del fiscal John Maxwell y lo vi entre los presentes. Me cautivó su persona y decidí investigarle. Creo sinceramente que usted no puede pasar muy desapercibido, incluso entre la multitud, verdad. He leído sus trabajos y los de su padre, muy interesantes, ciertamente. Tiene una personalidad muy magnetica, Doc.
Savage fruncio el ceño.
- Y? Que es lo que quiere?
- Muy fácil, Doc. La familia Savage era muy amiga de la del fiscal, cierto. Y quiero, que usted y yo, podamos descubrir quien lo mató o dio la orden para asesinarle. Como sabe, la policía y la nueva fiscalía archivo el caso por pruebas testimoniales y otras evidencias relacionadas con la mafia neoyorquina. Todo se lo acarrearon a un ajuste de cuentas. La familia Antonelli, para ser exactos. Esos que están llenando de inmundicia todo el East End. Mis fieles colaboradores y digamos...confidentes, me han informado de los planes de expansión que tienen ya en marcha. Se están haciendo fuertes y las vendettas cruzadas entre las familias son a la orden del día.
Savage hizo un ademán de interrumpirme, pero se contuvo.
- Puede que se pregunte, porque un simple y rico multimillonario excéntrico y extraño, se interese en ir más allá de las investigaciones oficiales, verdad? Solo le diré que creo en la justicia y cabe añadir, que John era un buen amigo.
- Mire Lamont. Sus motivos no me incumben, aunque igualmente, usted no es el único que también está tras la pista de sus asesinos. A Monk, ya lo conoce. Esos son Remmy y Johnny. Mis otros colaboradores, Ham y Long Tom, investigan en estos instantes otro caso. Eso si, lo importante es llevar a los culpables frente la justicia, como bien dice, usted.
Savage hizo un gesto hacia la mesa de juego, invitándoles a unirse a la conversación.- lástima, ha perdido su oportunidad de jaque en el ultimo movimiento.
- Encantado de conocerles, caballeros.
- Igualmente. -dijo Johnny.
- Sr. Cranston. Un placer conocerle en persona al fin. Hace unos años recibí una invitación a su fiesta de fin de año. Lo recuerda?
- Exacto! Tiene razón. Era mi humilde forma de agradecerle su colaboración en el caso de un amigo del Sr. Quinn, como abogado defensor. Por cierto, buen trabajo. - le felicite haciendo tintinear el cubito de hielo de mi copa con la mano en alto.
- Gracias Sr.Cranston.-contestó sonriendo de forma socarrona.
Los dos se sentaron a banda y banda de Savage.
- Como decía, Lamont. Mis hombres hace tiempo que están detrás de sus asesinos. Tenemos ya bastantes pruebas incriminatorias al respecto.
- El Buick desaparecido de Maxwell que utilizaron sus asesinos para huir de la escena del crimen, lo han encontrado?- pregunté.
- Pues no, Lamont. No lo hemos encontrado, pero no lo veo relevante.
Se hizo una pausa tensa.
- Saben ustedes, que si encuentran el Buick, darán más fácilmente con los asesinos. Es centrarse en el objetivo, es lo más sencillo.
- Ha dado con su paradero? Si parecía que hubiese sido devorado por el mismisimo infierno.-dijo con asombro Johnny.
Una risa escalofriante resonó.
- Como le he comentado, Doc, tengo muchas más sombras que luces informandome, infiltrándose y moviéndose entre ellas.
- Entonces, donde está?- pregunto Remmy.
Me levanté del sillón y me dirigí con presteza hacia el perchero.
- Quieren acompañarme, caballeros? Tengo abajo un coche esperándonos.
Me encendí un cigarrillo.
- Por cierto, que están investigando sus hombres? Es sobre el caso que nos ocupa?
- No Lamont, no va con este caso. Es sobre un nuevo vigilante que ha aparecido hace poco en la ciudad.
- La Sombra, tal vez?
Mientras descendíamos por el ascensor que nos devolvería a las calles, me contó que se trataba de un personaje que se hacia llamar Black Bat.
dimecres, 11 de febrer del 2015
Prólogo
Hace dos años.
Los años treinta no tenían ninguna comparación con los tiempos agónicos de la gran depresión. La escalada sin parangón de la corrupción política no era nada comparada con la policial y de la fiscalía de Nueva York. Las calles se habían llenado de gangsters, traficantes, putas y asesinos sin escrúpulos. Todo ello era permitido por el innombrable y poco honroso fiscal del distrito, Frank St.Claire.
St.Claire, era un joven chupatintas de tres al cuarto del bajo Brooklyn recien licenciado, que para salvar su grasiento trasero, aceptó asesinar a su antecesor y mentor, el muy honorable John Maxwell, siguiendo las ordenes de Giamatti.
Sam Giamatti, es el consigliere del clan mafioso de los Antonelli, una "famiglia" de italoamericanos que en los últimos tres años ha tomado el control del East End.
St.Claire quería ganarse el respeto de su superior y no se le ocurrió nada mas inteligente que dirigirse sin escolta al restaurante Gyno's, la máxima expresión del hervidero del corazón del territorio de los Antonelli, después de tomarse varias rondas de whisky barato.
El muy imbécil creía que solo su placa de ayudante del distrito le serviría. Le dieron la paliza de su vida, que le llevo a estar hospitalizado más de un mes.
Pasadas unas semanas, cuando ya estaba en casa al dejar el hospital, Giamatti le envió a su casa a Jimmy Bonasera para hacerle una visita. Jimmy solo tuvo que amenazarle en partirle sus piernas con un bate de beisbol de roble, para que accediera a asesinar a Maxwell.
El plan era sencillo. St.Claire llamaría por teléfono al fiscal, con la excusa de contarle lo que había descubierto en su incursión fallida en Gyno's. Maxwell deberia ir a su casa solo y sin que nadie supiera que iba allí, por seguridad y evitar posibles soplos de algún policía corrupto. Seguidamente, Bonasera y alguno mas de sus matones simularían un asalto y St.Claire debía ocuparse de finiquitar definitivamente a Maxwell.
El fiscal estuvo reticente a sus exigencias al principio, pero accedió.
Se citaron a media tarde. St.Claire preparó café y unas galletitas de canela. Puntual como era su costumbre, Maxwell llegó al Riverside a la hora convenida. Los matones ya hacia unas horas que esperaban tranquilamente en el jardín de la parte trasera de la casa de St.Claire, fumando, bebiendo de sus petacas, mientras jugueteaban con sus rifles y revólveres como meros chiquillos haciendo de indios y vaqueros.
Maxwell aparcó su viejo Buick enfrente la valla. Llamó al timbre de la puerta y St.Claire entre abrió su puerta asustadizo y lo hizo pasar al interior.
En la radio sonaba el ultimo éxito de Duke Ellington.
St.Claire le ofreció el café y las galletitas de canela. Maxwell dejó su sombrero encima de la mesilla y sacó su bolígrafo y bloc de notas. Entonces St.Claire empezó a explicarle toda clase de patrañas sinsentido. Cada una era mas exagerada y enrevesada que la anterior. Maxwell, dejó de anotar en su libreta. Miró a los ojos de St.Claire y lo supo en ese instante. -El fiscal era un perro viejo.
- Jodido bastardo! Me has vendido a la mafia, hijo de puta!
St.Claire se sorprendió y sobrexaltado derramó su taza de café sobre la mesilla. Se levantó violentamente de su sillón y corrió hacia la puerta trasera.
- Bonasera! Bonasera!-grito con voz ahogada St.Claire.
La puerta trasera se abrió con un ruido ensordecedor. Se partieron en dos los pernos de la puerta. Entraron en tromba como un vendaval desvocado. Los disparos y ruido de cristales rotos despertaron a todos los perros del vecindario. Fue un espectaculo de fuego y plomo de violencia gratuita. St.Claire se quedó agazapazado en un rincón del comedor.
- Parad! Joder, parad! -exclamo- Este no era el plan, coño!
Maxwell que se había podido perapetar detrás del sillón, pudo alcanzar y dar muerte a tres de esos matones con disparos certeros. Bonasera, se escondió en un margen de una puerta y seguía disparando a ciegas al aire, mientras el matón que aun quedaba en pie seguía vaciando su Winchester.
St.Claire, vio en el suelo la Tommy que se le había caído a uno de ellos. Se apresuró a recogerla y empezó a vaciar el cargador contra el sillón con frenesí psicópata. Los ruidos de sirenas de la policía se oían cada vez mas cerca.
Maldito!-gruño Bonasera- Quieres ya darle el puto pasaporte de una vez!
St.Claire, se acercó lentamente y ligeramente curvando su espalda hacia el sillón. Maxwell apareció por un lateral y le apuntó con su Remington y pudo alcanzarle en la mejilla izquierda antes de exhalar su ultimo aliento.
- Traidor. Eres un maldito traidor...St.Claire.
Bonasera chasqueo los dedos y el matón que había sobrevivido y él huyeron por la puerta delantera. Se acercaron al Buick de Maxwell y lo puntearon rápidamente. Salieron quemando rueda de allí, y para cuando finalmente llegaron las primeras patrullas ya deberían haber cruzado el río.
St. Claire cogió un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y cogió el Remington de Maxwell y aprovecho para rematarlo con un tiro seco a su cabeza.
- Lo siento, John. No tenía otra opción-dijo entre sollozos
El maldito salió como un héroe del incidente. Se hizo un entierro por todo lo alto a John Maxwell. Y como no, Frank St.Claire se convirtió de facto en el nuevo fiscal del distrito.
Los años treinta no tenían ninguna comparación con los tiempos agónicos de la gran depresión. La escalada sin parangón de la corrupción política no era nada comparada con la policial y de la fiscalía de Nueva York. Las calles se habían llenado de gangsters, traficantes, putas y asesinos sin escrúpulos. Todo ello era permitido por el innombrable y poco honroso fiscal del distrito, Frank St.Claire.
St.Claire, era un joven chupatintas de tres al cuarto del bajo Brooklyn recien licenciado, que para salvar su grasiento trasero, aceptó asesinar a su antecesor y mentor, el muy honorable John Maxwell, siguiendo las ordenes de Giamatti.
Sam Giamatti, es el consigliere del clan mafioso de los Antonelli, una "famiglia" de italoamericanos que en los últimos tres años ha tomado el control del East End.
St.Claire quería ganarse el respeto de su superior y no se le ocurrió nada mas inteligente que dirigirse sin escolta al restaurante Gyno's, la máxima expresión del hervidero del corazón del territorio de los Antonelli, después de tomarse varias rondas de whisky barato.
El muy imbécil creía que solo su placa de ayudante del distrito le serviría. Le dieron la paliza de su vida, que le llevo a estar hospitalizado más de un mes.
Pasadas unas semanas, cuando ya estaba en casa al dejar el hospital, Giamatti le envió a su casa a Jimmy Bonasera para hacerle una visita. Jimmy solo tuvo que amenazarle en partirle sus piernas con un bate de beisbol de roble, para que accediera a asesinar a Maxwell.
El plan era sencillo. St.Claire llamaría por teléfono al fiscal, con la excusa de contarle lo que había descubierto en su incursión fallida en Gyno's. Maxwell deberia ir a su casa solo y sin que nadie supiera que iba allí, por seguridad y evitar posibles soplos de algún policía corrupto. Seguidamente, Bonasera y alguno mas de sus matones simularían un asalto y St.Claire debía ocuparse de finiquitar definitivamente a Maxwell.
El fiscal estuvo reticente a sus exigencias al principio, pero accedió.
Se citaron a media tarde. St.Claire preparó café y unas galletitas de canela. Puntual como era su costumbre, Maxwell llegó al Riverside a la hora convenida. Los matones ya hacia unas horas que esperaban tranquilamente en el jardín de la parte trasera de la casa de St.Claire, fumando, bebiendo de sus petacas, mientras jugueteaban con sus rifles y revólveres como meros chiquillos haciendo de indios y vaqueros.
Maxwell aparcó su viejo Buick enfrente la valla. Llamó al timbre de la puerta y St.Claire entre abrió su puerta asustadizo y lo hizo pasar al interior.
En la radio sonaba el ultimo éxito de Duke Ellington.
St.Claire le ofreció el café y las galletitas de canela. Maxwell dejó su sombrero encima de la mesilla y sacó su bolígrafo y bloc de notas. Entonces St.Claire empezó a explicarle toda clase de patrañas sinsentido. Cada una era mas exagerada y enrevesada que la anterior. Maxwell, dejó de anotar en su libreta. Miró a los ojos de St.Claire y lo supo en ese instante. -El fiscal era un perro viejo.
- Jodido bastardo! Me has vendido a la mafia, hijo de puta!
St.Claire se sorprendió y sobrexaltado derramó su taza de café sobre la mesilla. Se levantó violentamente de su sillón y corrió hacia la puerta trasera.
- Bonasera! Bonasera!-grito con voz ahogada St.Claire.
La puerta trasera se abrió con un ruido ensordecedor. Se partieron en dos los pernos de la puerta. Entraron en tromba como un vendaval desvocado. Los disparos y ruido de cristales rotos despertaron a todos los perros del vecindario. Fue un espectaculo de fuego y plomo de violencia gratuita. St.Claire se quedó agazapazado en un rincón del comedor.
- Parad! Joder, parad! -exclamo- Este no era el plan, coño!
Maxwell que se había podido perapetar detrás del sillón, pudo alcanzar y dar muerte a tres de esos matones con disparos certeros. Bonasera, se escondió en un margen de una puerta y seguía disparando a ciegas al aire, mientras el matón que aun quedaba en pie seguía vaciando su Winchester.
St.Claire, vio en el suelo la Tommy que se le había caído a uno de ellos. Se apresuró a recogerla y empezó a vaciar el cargador contra el sillón con frenesí psicópata. Los ruidos de sirenas de la policía se oían cada vez mas cerca.
Maldito!-gruño Bonasera- Quieres ya darle el puto pasaporte de una vez!
St.Claire, se acercó lentamente y ligeramente curvando su espalda hacia el sillón. Maxwell apareció por un lateral y le apuntó con su Remington y pudo alcanzarle en la mejilla izquierda antes de exhalar su ultimo aliento.
- Traidor. Eres un maldito traidor...St.Claire.
Bonasera chasqueo los dedos y el matón que había sobrevivido y él huyeron por la puerta delantera. Se acercaron al Buick de Maxwell y lo puntearon rápidamente. Salieron quemando rueda de allí, y para cuando finalmente llegaron las primeras patrullas ya deberían haber cruzado el río.
St. Claire cogió un pañuelo del bolsillo de su chaqueta y cogió el Remington de Maxwell y aprovecho para rematarlo con un tiro seco a su cabeza.
- Lo siento, John. No tenía otra opción-dijo entre sollozos
El maldito salió como un héroe del incidente. Se hizo un entierro por todo lo alto a John Maxwell. Y como no, Frank St.Claire se convirtió de facto en el nuevo fiscal del distrito.
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