Mi cita con ese enigmático personaje que tantos sofocos provacaba a Margo cuando le pedí que lo siguiera o el mismo que llegó a perturbar de mala manera a Harry, era en un conocido y céntrico rascacielos en la ciudad. Sus oficinas o cuartel general de mando, estaban ubicadas en lo alto del edificio en su planta ochenta y seis. Uno de esos lujosos rascacielos que se construyeron en la gran expansión de la urbe en Nueva York. Ya sabéis lo que dicen: América, tierra de oportunidades, donde puedes realizar todos tus sueños y convertirlos en realidad. Y ese edificio, era un claro ejemplo de ello.
El viaje en coche desde mi casa, confirmo una vez más que el parte meteorológico erró. Pronosticaron una mañana lluviosa y con vientos cruzados del noroeste y una tarde parcialmente soleada con nubes transitorias. En este caso, sucedió todo lo contrario. La lluvia torrencial complicaba la conducción a Shrevvy. Los limpiacristales no daban el abasto suficiente. Por suerte, Shrevvy es un conductor plenamente preparado.
El tránsito era horrendo, mucho peor que en hora punta y la ayuda de la policía para manejar la situación, solo la empeoraba. Seis manzanas se habían quedado sin luz y los semáforos no funcionaban. Los silbidos de los pitos, se ahogaban con el bravo rugir de los truenos.
Transcurridos unos veinte minutos, llegamos a destino. Le pedí a Shrevvy que se mantuviera con el motor encendido, dado que si todo iba como estaba previsto, volvería en breve.
El portero del rascacielos se acercó con un paraguas a la puerta del coche. Abrí la puerta y salí al exterior. Accione el mecanismo automático de mi paraguas, agradeciendo el gesto del portero por cubrirme la cabeza. Al llegar a la puerta giratoria, cerré mi paraguas y entré al vestíbulo. Restregue mis zapatos de cuero en la alfombra para secar mis suelas y no manchar el exquisito mármol y cerámicas del suelo.
El anciano portero me preguntó a que piso me dirigía. Le dije que tenia una entrevista con el propietario del ático, el Sr. Clark Savage. Él se acercó al interfono y llamó al ático. Cuando recibió respuesta de su interlocutor me acompaño hasta el ascensor y presionó el botón del ático del panel.
El trayecto dentro del ascensor fue rápido, pero tuve suficientemente tiempo para colocarme mi bufanda correctamente, ya que esta se había movido por culpa del viento. Me atuse el cabello con ambas manos y me recoloque mi sombrero de copa frente el espejo de cuerpo entero que decoraba su interior.
Al llegar al piso ochenta y seis, la puerta del ascensor se abrió y me encontré inmediatamente frente un gran comedor con un lujoso y detallado recibidor.
- Sr. Cranston, bienvenido. - me recibió una voz de tono grave.
El tipo tenia una apariencia de un simio boxeador.
- Buenas tardes. Tengo una cita con el Sr. Clark Savage. Siento el retraso.
En el recibidor deposite mi paraguas en el paragüero y mi bufanda y sombrero de copa en el perchero. Me acompañó con la mano para que me sentara en un sillón. Me dijo que el Sr.Savage me atendería en unos minutos. En otra mesilla más alejada un caballero distinguido y bien vestido jugaba con otro con pinta de empollón con gafas de culo de vaso al ajedrez.- uno de ellos, tiene el jaque en tres movimientos.
Monk, que es el nombre del hombre que me recibio, me ofreció algo para beber. A lo que accedí. Me trajo un vaso de whisky con el cubito de hielo que le había pedido. Se sentó frente mi y para hacer más corta la espera, me empezó a explicar anécdotas acaecidas en sus tiempos mozos, cuando se inició en el mundo de química. -sabia por mis agentes que era una eminencia de reconocimiento mundial en su campo.
Un rato después, mientras nos reíamos de la vez que se quemó sus cejas para impresionar a una bella joven, apareció de una habitación contigua un caballero hercúleo de tez y piel majestuosamente bronceada. Un gigante que su mera estampa, ruda y curtida imponía a su paso.
- El Sr. Cranston, supongo?- me preguntó mientras acercaba su enorme zarpa para encajarmela con una sonrisa agradable.
- Así es. Entonces, usted es el famoso Savage, el Sr. Clark Savage.
- Prefiero que me llame, Doc Savage, sino le importa, Sr. Cranston.
- En ese caso, llameme Lamont, si vamos a tutearnos, no le parece.
Los truenos y relámpagos hacían temblar y crujir los grandes ventanales de vidrio del ático. La luz de la sala acompañada por los relámpagos incrementaba el halo de misterio rebotando en la piel de Savage, ofreciendo una imagen altiva de su figura, como si fuera un dios antiguo o un tótem azteca dorado. Savage pidió a Monk que le trajera un bourbon. Hizo un pequeño trago.
- Sr. Crans...Lamont. Que ocurre y en que puedo ayudarle? Sepa de antemano, que mi equipo y conmigo al frente, somos expertos en muchas materias y podremos ser muy útiles. Digame pues.
Tomé un sorbo del vaso de whisky, antes de contestarle.
- Mire, hace dos años, asistí al entierro del fiscal John Maxwell y lo vi entre los presentes. Me cautivó su persona y decidí investigarle. Creo sinceramente que usted no puede pasar muy desapercibido, incluso entre la multitud, verdad. He leído sus trabajos y los de su padre, muy interesantes, ciertamente. Tiene una personalidad muy magnetica, Doc.
Savage fruncio el ceño.
- Y? Que es lo que quiere?
- Muy fácil, Doc. La familia Savage era muy amiga de la del fiscal, cierto. Y quiero, que usted y yo, podamos descubrir quien lo mató o dio la orden para asesinarle. Como sabe, la policía y la nueva fiscalía archivo el caso por pruebas testimoniales y otras evidencias relacionadas con la mafia neoyorquina. Todo se lo acarrearon a un ajuste de cuentas. La familia Antonelli, para ser exactos. Esos que están llenando de inmundicia todo el East End. Mis fieles colaboradores y digamos...confidentes, me han informado de los planes de expansión que tienen ya en marcha. Se están haciendo fuertes y las vendettas cruzadas entre las familias son a la orden del día.
Savage hizo un ademán de interrumpirme, pero se contuvo.
- Puede que se pregunte, porque un simple y rico multimillonario excéntrico y extraño, se interese en ir más allá de las investigaciones oficiales, verdad? Solo le diré que creo en la justicia y cabe añadir, que John era un buen amigo.
- Mire Lamont. Sus motivos no me incumben, aunque igualmente, usted no es el único que también está tras la pista de sus asesinos. A Monk, ya lo conoce. Esos son Remmy y Johnny. Mis otros colaboradores, Ham y Long Tom, investigan en estos instantes otro caso. Eso si, lo importante es llevar a los culpables frente la justicia, como bien dice, usted.
Savage hizo un gesto hacia la mesa de juego, invitándoles a unirse a la conversación.- lástima, ha perdido su oportunidad de jaque en el ultimo movimiento.
- Encantado de conocerles, caballeros.
- Igualmente. -dijo Johnny.
- Sr. Cranston. Un placer conocerle en persona al fin. Hace unos años recibí una invitación a su fiesta de fin de año. Lo recuerda?
- Exacto! Tiene razón. Era mi humilde forma de agradecerle su colaboración en el caso de un amigo del Sr. Quinn, como abogado defensor. Por cierto, buen trabajo. - le felicite haciendo tintinear el cubito de hielo de mi copa con la mano en alto.
- Gracias Sr.Cranston.-contestó sonriendo de forma socarrona.
Los dos se sentaron a banda y banda de Savage.
- Como decía, Lamont. Mis hombres hace tiempo que están detrás de sus asesinos. Tenemos ya bastantes pruebas incriminatorias al respecto.
- El Buick desaparecido de Maxwell que utilizaron sus asesinos para huir de la escena del crimen, lo han encontrado?- pregunté.
- Pues no, Lamont. No lo hemos encontrado, pero no lo veo relevante.
Se hizo una pausa tensa.
- Saben ustedes, que si encuentran el Buick, darán más fácilmente con los asesinos. Es centrarse en el objetivo, es lo más sencillo.
- Ha dado con su paradero? Si parecía que hubiese sido devorado por el mismisimo infierno.-dijo con asombro Johnny.
Una risa escalofriante resonó.
- Como le he comentado, Doc, tengo muchas más sombras que luces informandome, infiltrándose y moviéndose entre ellas.
- Entonces, donde está?- pregunto Remmy.
Me levanté del sillón y me dirigí con presteza hacia el perchero.
- Quieren acompañarme, caballeros? Tengo abajo un coche esperándonos.
Me encendí un cigarrillo.
- Por cierto, que están investigando sus hombres? Es sobre el caso que nos ocupa?
- No Lamont, no va con este caso. Es sobre un nuevo vigilante que ha aparecido hace poco en la ciudad.
- La Sombra, tal vez?
Mientras descendíamos por el ascensor que nos devolvería a las calles, me contó que se trataba de un personaje que se hacia llamar Black Bat.
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