diumenge, 15 de febrer del 2015

Capítulo II (segunda parte)

La escalera de caracol acababa en un pasillo recto con una puerta al fondo. Desenfunde mis cuarenta y cinco. La escasa luminosidad del pasillo me brindaba la justa protección. No tardé demasiado en dar con el paradero de Savage. Tampoco quería mantenerme en las sombras más de lo necesario. Además, no quería que me vieran como un enemigo.
- Sr. Savage.-Mi voz lúgubre y temible los paralizó de inmediato.
- Quien anda allí?- preguntó Johnny apuntando en diversas direcciones.
- Aquí, Savage. Estoy aquí...
Aparecí desde las sombras a dos centímetros de la cara de Johnny, que cayó de espaldas.
- La Sombra. Es la Sombra, Doc!- exclamó Remmy.
- No se alarmen, caballeros. No es mi intención atacarles o hacerles ningún daño. Como muestra, voy a enfundar mis armas.
Savage bajó su arma a lo que Remmy y Johnny que aún se encontraba tirado en el suelo lo imitaron.
- Que hace usted aquí?- preguntó Savage.
- Estoy investigando la Khan International. Puede ser que sea una de las multiples tapaderas que ostenta mi mayor enemigo, Shiwan Khan. Y es por ello, que estoy aquí, caballeros.
- Y como diablos ha entrado?- preguntó Remmy.
- He estado gran parte del tiempo en el exterior del almacén entre la lluvia y cuando hace unos minutos se abrieron las puertas, entré. Los vi salir de la nada y me mantuve alerta, pero cuando le reconocí, Sr. Savage, los seguí.

Seguimos adentrándonos en ese agujero pasando diversos y sinuantes pasillos. Al rato, divisamos una pequeña puerta de servicio que nos dio acceso al intrincado sistema de ventilación. Le pedimos a Remmy que se quedara guardando la posición, mientras que Johnny, Savage y yo nos introdujimos en los conductos de ventilación agazapados. Evitamos de realizar movimientos bruscos que delataran nuestras posiciones.

Al cabo de unos metros llegamos a una gran rendija metálica que nos ofreció una buena vista de una gran sala con una mesa redonda en su centro. Vimos claramente a Francesco Antonelli, gran capo de la familia, Sam Giamatti, Fabrizio Sorta o Ricardo Staglietta, entre otros miembros ilustres de los Antonelli.
- Hermanos, es hora de que de comienzo nuestra trigésimo octava reunión semanal de la hermandad de las capuchas rojas.
En ese instante, todos los que se hallaban reunidos depositaron unas enormes maletas encima de la mesa. De dentro, sacaron una especie de cascos cilíndricos de metal de color carmesi. Se los colocaron al unísono en sus cabezas. Esos cascos solo dejaban entrever las comisuras de los labios.
- Hermanos, como sabéis, hoy tenemos dos puntos del día. Primero, lo que nuestro hermano número tres nos tiene que contar de su reunión con los miembros del Tribunal de los Búhos. Segundo, deberemos votar si seguimos colaborando con nuestro mentor, Shiwan Khan.
- Shiwan Khan!- exclamé- Así que era cierto.
Nos miramos mutuamente con inquietud, mientras proseguimos a escuchar como se desarrollaba la reunión.
- Hermano número tres.
- Si, hermano número uno.
- Dinos a tus hermanos, como se desarrollo la reunión con el Tribunal de lis Búhos.
 Hubo un silencio.
- Numero uno. Hermanos. Como bien es conocido, hace una semana me reuní por nuestro nombre con los miembros del Tribunal de los Búhos en Haarlem Oeste.- carraspeo- La reunión fue un desastre para nuestros intereses. No fue nada fructifica o satisfactoria.
Se hizo un gran murmullo entre todos los presentes.
- Hermanos, calmaos. Dejad que el hermano número tres se explique.
El número uno, que era Francesco Antonelli, invitó con la mano para que número tres prosiguiera.
- Como decía hermanos, no han aceptado colaborar con nuestra hermandad ni con ningún, cual sea de nuestros negocios. Es más, nos han invitado a abandonarlos. Nos han amenazado en enviarnos a su agente más más mortal, una de sus Garras. Le llaman Black Bat.
Se produjo un murmullo mucho más alto que el anterior.
- Hermanos. Hermanos, tranquilizaos. Esa pandilla de ricos snobs solo quiere asustarnos, no se atreverán en cumplir su amenaza.-hizo una pausa. Pero igualmente estad alerta y avisad a vuestros hombres y socios que vigilen sus espaldas, al menos durante un tiempo.

Mientras seguíamos escuchando la conversación, oímos unos gritos ahogados un poco mas allá de nuestra posición actual. Le pedí en voz baja a Savage que fuera a investigar de donde provenían. Aceptó. Vi como se fue desplazando sigilosamente por el conducto, hasta que le perdí de vista. Johnny y yo, nos quedamos a solas.

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