dijous, 19 de febrer del 2015

Capítulo III (tercera parte)

Me hicieron reclinar en una improvisada camilla hecha a base de una silla de madera reclinable. Estuve más de dos horas estirado al lado de Lord Greystoke, hasta que los niveles, según los controles periódicos que realizaba Savage, confirmaron que ya mi sangre no era necesaria. Me convidó a estar estirado unos minutos para evitar que me marease al incorporarme. Horas antes, mientras preparaban los instrumentos para realizar la transfusión, le entablillaron la pierna y su brazo y, a su vez le colocaron ventas compresivas en su homoplato y pecho. Lo que más nos interesaba era que recuperase su consciencia y si los entablillados y vendas no surgían efecto positivo, nos planteariamos llamar a urgencias medicas para trasladarlo al hospital. Pero antes de todo eso, debíamos poder averiguar lo máximo posible de los porqués de su cautiverio a manos de la familia Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas, que es como se denominaban ellos, tal y como habíamos descubierto recientemente y, descubrir la identidad del sujeto que lo había dejado en ese estado tan lamentable o las intenciones que Shiwan Han planeaba.

Once minutos antes de la medianoche, Lord Greystoke abrió los ojos. Parecía completamente desconcertado. No sabía donde se encontraba. Savage y Johnny tuvieron que agarrarle fuertemente para que no se arrancase las vías.
- Donde demonios estoy? Quienes son ustedes? No pienso decirles nada...na...
Cayó fulminado en estado de inconsciencia por completo.

Acordamos realizar turnos de vigilancia para controlar su estado, ritmo cardiaco y catéter. Debíamos descansar después de tan agitada y frenética noche llena de incidentes y misterios que resolver.

A la mañana siguiente sobre las nueve, Lord Greystoke volvió en si y se despertó. Ham le trajo un café recién hecho. No estaba muy caliente, pero cuando realizó unos sorbos, parecía que le ardiese la garganta como el mismísimo infierno.
- No sé quienes son, pero todo apunta a que les de las gracias. Si quisieran hacerme daño, no se hubieran tomado tantas molestias en auxiliarme.
- No hay de que, Lord Greystoke- dije mientras me acerque hacia él.
 James deposito el vaso de café en una mesita repleta de instrumental médico que se encontraba a su izquierda. Dicho gesto incomodó a sus costillas. Se llevó su mano libre al pecho, emitiendo un gruñido casi animal.
- Como me ha reconocido, Sr...?
- Cranston. Lamont Cranston. Le vi en las portadas de los diarios. Se podía leer en grandes titulares: El rey de los monos invade la Gran Manzana.
Lord Greystoke rió con bravura. Rió con tanta fuerza que empezó a ahogarse y tosió.
- Me resulta chocante. Fuera de Inglaterra o de África, no creía que fuese tan conocido.

Le contamos que lo habíamos encontrando cautivo en un almacén del puerto de Nueva York. Que los que lo mantenían encerrado era una familia de la mafia neoyorquina, las Antonelli o la hermandad de las Capuchas Rojas, como habíamos descubierto que así mismo se llamaban. También, le contamos que Shiwan Khan estaba detrás de su rapto, aunque no sabíamos sus intenciones con él. James trató de incorporarse. Le recline la camilla y acomode su almohada.
- Antes de todo, Lord Greystoke. Quien le hizo esto?
James bajo su mirada y luego ladeó su cabeza mirando hacia las grandes ventanas del ático de Savage.
- Antes de perder la consciencia y desmayarme a causa de los golpes y cortes de navaja, me dijo que se llamaba Arlequín.

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