dijous, 5 de març del 2015

Capitulo VII (primera parte)

Debido al atentado se prohibieron las salidas náuticas, aéreas y ferroviarias. Así que nuestra salida de Casablanca se demoraría unas horas. Por la radio, dijeron la cuenta oficial de fallecidos. Llegó a la cifra de treinta y dos; incluyendo la joven vida de la pequeña.

Mi maleta estaba tirada en la calle. Con el caos que se originó, nadie se había percatado de su presencia. Estaba un poco quemada por el exterior, pero su interior estaba en perfectas condiciones. La cogí y me fui al café de delante del hotel y, me dirigí al lavabo de caballeros. Me cambié de ropa. Me puse el mismo traje que llevaba el día anterior y guardé todos los complementos de mi traje negro.

Cuando salí, ya como Lamont Cranston, vi un grupo de policías que aún seguían tomando declaraciones. Me acerqué a ellos y les relaté que cuando salí fuera del hotel en medio de las llamas, vi un par de marroquíes de aspecto sospechoso que se dirigieron a toda prisa por los callejones.

Savage y Albright, que este había vuelto a cambiarse de traje civil, estaban ocupados ayudando a los infermeros en el traslado de heridos. Cuando me acerqué a ellos, tardaron en darse cuenta de mi presencia.
- Doc! Albrigth!- exclamé.
- Lamont! Donde demonios estaba?- preguntó con fiereza en su mirada Savage.
- Fui uno de los primeros en llegar a la calle. Estaba recostado en mi cama cuando oí la primera deflagración. Salí al pasillo y estaba toda cubierta en llamas. Volví a dentro y lancé mi maleta por la ventana.- proseguí- y ahora la estaba buscando y, la he encontrado a unos metros de allí.- dije señalando en dirección del calcinado y derruido hotel.
- Así que solo se salvó usted! No auxilió a nadie?- espetó Albright.
- Si que ayudé, pero antes tenía que ponerme a salvo yo, no creen?
Ambos se miraron y me devolvieron unas miradas llenas de odio y rabia que perforaron mi alma. Debía aceptarlas, ya que a sus ojos, debía seguir siendo Lamont y no la Sombra.

Media hora más tarde, la policía encontró los cuerpos de los dos marroquíes acólitos de Khan y el cuerpo de Blaine. No investigaron en demasía y todo lo atribuyeron a un ajuste de cuentas.

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